De guerrero a camarero: identidad, memoria y crisis cultural en Canarias



“Hoy presenciamos el lento suicidio de un pueblo, que engañado mil veces por gárrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan, y corriendo tras vanos trampantojos de una falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu, que es el único que redime y ennoblece a las razas y a las gentes, hace espantosa liquidación de su pasado...”

Bethencourt Alfonso, siglo XIX.


Una sociedad puede olvidar aquello que le daba cohesión y sentido. La expresión "de guerrero a camarero" habla de pérdida de valores e identidad, de domesticación y sometimiento, de dependencia psicológica y económica, de pérdida de agencia colectiva.

¿Qué ocurre cuando un pueblo pierde sus modelos de referencia, sus valores y su memoria histórica?

Una cultura puede perder su sistema de valores, sus modelos de referencia y su agencia colectiva. Los antiguos nos dejaron la "taucho", la tradición oral, "para que podamos reabrir el acceso y no nos sintamos huérfanos, porque tendremos en ella raíces tan profundas como la de los balos de los barrancos".

El arquetipo del huérfano y la espera del salvador

Hoy muchos esperan que alguien venga a salvarlos. Esperan en alguien externo la salvación a la crisis, a nuestros problemas, a la situación del planeta a Dios, los extraterrestres, los gobiernos, las instituciones, los políticos, el Parlamento, los amigos, la pareja, los padres, etc. Esperar a que ocurra algo para que el mundo en el que estamos cambie y sea un lugar mejor, es la manifestación del arquetipo del huérfano que se siente impotente para hacer los cambios necesarios en su vida esperando de un salvador que lo haga por él.

Cuando defendemos el "guanchismo" desde la mentalidad de victima, el arquetipo del huérfano y la moral de esclavos le estamos haciendo un flaco favor a la memoria de los antiguos. Es traicionar su memoria y no entender ni sus valores ni su cultura. Éramos un pueblo de guerreros no de camareros. 

Nobles, achicaxnas, sacerdotes y resistencia indígena

Defender lo guanche solo desde la perspectiva del achicaxna no es solo tremendamente inmaduro sino, sobre todo, no entender los aspectos más elevados de la cultura nativa cayendo en la falacia de confundir la parte con el todo.

Si bien el achicaxna alzado como símbolo de resistencia es algo que reconocer, también es cierto que al reducir todo lo de valor a eso, lo que hacemos es negar los aspectos más avanzados de su cultura, de nuestra cultura. Porque esos aspectos no se guardaban en los achicaxnas precisamente, sino en la nobleza y en las clases sacerdotales. Clases que guardaban una espiritualidad y una filosofía de vida muy avanzada, tal y como se apunta en el libro Los Relatos de Cho Lucio

Según cierta narrativa ideológica y politizada al servicio del colonialismo- como veremos más adelante - los achicaxnas fueron los héroes que resistieron alzados mientras que los nobles fueron unos traidores que pactaron. 

Pero dónde deja esa lectura a los que murieron en defensa del pueblo y los que lucharon hasta el final. Dónde deja eso a Benchomo o a Tinguaro por ejemplo, o a Faya el Faicán de Telde, o a Bentejuí o a Bentaguayre o a Tanausú.

Donde deja eso a los que pelearon y murieron en Ajodar, en Acentejo, en Las Lagunetas, en Valsequillo y Tenteniguada, en Tenoya, en Agaete, en los magotes, en Aguere o rechazando mallorquines, castellanos, normandos y portugueses durante más de 100 años?

Ese argumento es una generalización y una simplificación porque si bien hubieron nobles que pactaron con el invasor, reconociendo la derrota, también hubieron muchos que murieron en defensa de su pueblo

Colonialismo y destrucción de estructuras culturales

Ese discurso de lucha de clases fue un arma militar usado por los conquistadores - especialmente en las conquistas de Gran Canaria y Tenerife - y es un arma de dominación colonial usada por los franceses en el norte de África en el siglo XIX como parte de su discurso. El objetivo no era solo destruir las estructuras nativas sino eliminar los roles y modelos de referencia, así como el sistema de valores. Es decir destruir completamente la cultura y las estructuras creando un rechazo emocional.

Y es aquí donde el discurso de izquierda de lucha de clases - y el discurso woke decolonial postmoderno de opresores y oprimidos igualitarios - le hace el juego al discurso colonial francés del siglo XIX que sigue empleándose en Canarias para explicar las sociedades nativas, no desde una perspectiva antropológica, sino desde una interesada, deformada, simplona y simplista.

Y aquí entra el wokeismo y la postmodernidad que se usan para señalar injusticias y diferencias mínimas - unos comían más o mejor que otros, la mujer plebeya doblemente discriminada y cosas así. De esta forma, en Canarias se siguen los preceptos del discurso colonial francés del XIX y XX que usa las diferencias de clase y las categorías europeas como arma contra las sociedades a colonizar, pero travestido de progre postmoderno.

Aplicar categorías de justicia social del siglo XXI (patriarcado, clase, género, interseccionalidad) a una sociedad amazigh-canaria del siglo XV sin ningún marco comparativo es, en sí mismo, un acto anti-antropológico — la antropología moderna exige precisamente lo contrario, entender una sociedad según su propia lógica interna antes de juzgarla.

El problema no es que hubiera desigualdad interna en las sociedades tuareg, canaria o guanche —la había, como en toda sociedad humana— sino que las categorías europeas trasplantadas presuponen una arquitectura institucional y unas relaciones de poder muy específicas que no existen en los sistemas de linaje y jefatura nativos.  Es exactamente el mismo truco que usó el discurso francés en el norte de África para justificar la colonización. Un siervo de la gleba o un plebeyo europeo no tiene nada que ver con un plebeyo en una sociedad tribal. La forma de ejercer el poder en una jefatura tribal no tiene nada que ver en como se ejerce en una monarquía europea.

Si la folclorización vacía el símbolo guanche de peligro político convirtiéndolo en espectáculo, el wokeísmo académico lo vacía de identificación afectiva — el sujeto canario contemporáneo, educado en la sospecha hacia toda sociedad premoderna como intrínsecamente opresiva, no puede ya sentir hacia la sociedad amazigh-canaria el vínculo de pertenencia, dignidad y orgullo.

Y es que el europeo necesita esconder que aquí se cometieron barbaridades y atropellos en nombre de su Dios, su patria y su rey, y que mejor forma de hacerlo que denigrar a las sociedades nativas para justificar el mito del colonizador civilizador y evangelizador.

La mitificación del plebeyo

De la misma forma que hubieron plebeyos alzados también los hubo que traicionaron a su pueblo. Muchos de ellos incluso antes que los nobles. Las crónicas cuentan que Tenesort Semidan, luego bautizado como Fernando Guanarteme, fue quien más guerra hizo a los españoles en Gran Canaria. También cuentan como multitud de plebeyos se asentaron en el Real de Las Palmas con los conquistadores desde prácticamente los inicios de la conquista.

De la rebelión de los plebeyos, que facilitó la conquista de Tenerife y forzó a la batalla de Aguere nos habla Bethencourt Alfonso.

Muchos de estos plebeyos pactaron con el invasor y traicionaron a su pueblo por un plato de lentejas, por envidias o porque los invasores secuestraron a sus seres queridos y los chantajeaban. Algo que también hicieron a los nobles, por ejemplo con el secuestro de Abenchara, esposa de Fernando Guanarteme, y el nacimiento de su hija en Córdoba, ambos retenidos como rehenes.

El simplificar y ver al plebeyo como oprimido y al noble nativo como opresor es caer en el juego del discurso colonial. Hubo quienes pactaron para salvar al pueblo, otros resistieron hasta el final para salvar el honor. Ambos son necesarios, ambos tratan de contestar a la misma pregunta ¿Cómo podemos salvar a nuestro pueblo y nuestra cultura frente al genocidio que estamos sufriendo?

Un etnocidio y un genocidio que desde el poder se siguen negando.

El problema de los héroes y los traidores

¿Hubieron nobles que terminaron pactando y colaboraron? Por supuesto, como también hubieron achicaxnas que colaboraron, espiaron y traicionaron a su pueblo. Y si bien la actuación del ya Fernando Guanarteme en las batallas de Ajodar y Aguere es controvertida, no fue el único caudillo indígena que peleó en las huestes del invasor. Guadarfia y treinta de sus hombres participaron en la conquista de Fuerteventura junto a las huestes de Bethencourt. Gomeros y mahos de  Lanzarote y Fuerteventura participaron en la conquista de las otras islas, especialmente las de Gran Canaria y Tenerife, y los ikanaren de Gran Canaria participaron en la de Tenerife. 

A los guanches de Tenerife les tocó ser los últimos. Pero los de Güímar se aliaron con los españoles. Y aunque no participaron en la conquista de ninguna otra isla, porque no quedaban islas por conquistar, los guanches tinerfeños, una vez rendida su isla se alistaron en los tercios españoles y participaron en la conquista de América y en las guerras de España en Europa. Es decir, una vez vencidos actuaron como los demás en el destino de la mayoría de los pueblos conquistados; servir de carne de cañón en las filas del conquistador.
 
Si bien el achicaxna alzado como símbolo de resistencia es algo que reconocer, como ya hemos dicho, también hay que reconocer que hubieron nobles y sacerdotes con ellos, que nobles murieron y lucharon heroicamente y que otros buscaron otras formas de defender a su pueblo para que se recuperara del genocidio sufrido. Por ejemplo en el Hierro, el "alcalde de los pastores" hizo esa función al igual que los jefes gomeros o los menceyes del sur de Tenerife o del sur y oeste de La Palma..

Mistificar la resistencia del achicaxna y tratar al noble de traidor no solo es faltar a la verdad - con una actitud infantil, mezquina y mimosa - sino ignorar que los aspectos más elevados de nuestra cultura ancestral. La espiritualidad, la filosofía de vida y la organización política no se guardaba entre los achicaxnas, se guardaban en los nobles y en las clases sacerdotales

Éramos un pueblo de guerreros - con unos valores, humanidad y filosofía muy por encima de la de los españoles - pero nos hemos convertido en un pueblo de camareros porque pasamos de una cultura con sus propios referentes culturales y valores, a una sociedad que hace tiempo olvidó los suyos y solo aspira a copiar los de otros o mirarse a través de ojos ajenos.

Ya lo advirtió Bethencourt Alfonso hace más de un siglo pero, como decían los viejos, pa zajorín, cho plomo,  y es que hay gente que por mucho que se le explique no lo captan o no lo quieren captar.


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