Como se manipula al pueblo canario: consciencia, gaslighting y miedo


"La verdad duerme, indiferente, pero la falsedad insiste en despertarla" dice un antiguo proverbio popular Amazigh.

Mientras que ingleses y franceses reconocen y se arrepienten de su pasado colonial, el español se siente orgulloso de el cuando debería sentir vergüenza. Las mentiras del discurso colonial francés y todos sus mecanismos - que desmontó magistralmente Albert Memmi - todavía siguen vivos en el discurso oficial español. 

El efecto en Canarias es devastador. La Hispanidad como relato solo puede ser fraternal y armoniosa allí donde España ya no gobierna. Pero en Canarias sigue gobernando y la asimilación forzada ha de renovar el consentimiento del colonizado generación tras generación, porque cada generación podría, en teoría, romper el relato y poner en cuestión la españolidad de Canarias.

Esto hace necesario el lavado de cerebro constante. Memmi dice que el colonizador tiene que manipular la historia. España en Canarias no solo manipula la historia y la percepción de la realidad, también necesita manipular la geografía. Niega la africanidad de Canarias para negar el derecho de autodeterminación del pueblo canario. 

Antes de la entrada de España en la ONU se aceptaba la africanidad de Canarias de forma natural. La negación de la africanidad es parte de los argumentos esgrimidos por el franquismo para tratar de evitar la discusión de Canarias en la Asamblea de la ONU. Luego, ya en democracia, el Estado español atento contra la vida de Antonio Cubillo (líder del MPAIAC)  y realizó una ofensiva diplomática para evitar que el asunto de Canarias se debatiera en la Asamblea.

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Lo mismo ocurre sobre las naturaleza colonial de Canarias. Pasa de ser algo obvio y reconocido - la CICER significa Compañía Insular Colonial de Electricidad y Riego - a ser negado, para negar nuestro derecho de autodeterminación.

Pero mantener la ficción sobre Canarias no es gratis. Tiene un altísimo coste para todos los canarios Esos costes no son solo políticos y económicos. Son también psicológicos al estar permanentemente sufriendo una forma de gaslighting que distorsiona la percepción de la realidad. Es la conciencia neblinada de la que hablaba Manuel Alemán.

El control de Canarias se hace a través de toda una batería de medios sutiles y otros no tan sutiles. Algunos de esos métodos los vamos a analizar y exponer en este artículo.

En el articulo anterior vimos como el discurso de la Hispanidad es el discurso colonial francés del siglo XIX y XX adaptado retrospectivamente a la historia de España y a las circunstancias del africanismo español en Marruecos. Si no lo has leído te invitaría a hacerlo antes de seguir.

En este artículo profundizaremos en el análisis aplicado a Canarias para entender la conciencia neblinada y el gaslighting efectuado sobre nuestro pueblo. Tómate tu tiempo para leerlo, o si quieres léelo por tramos. Pero es importante que lo leas entero.

Canarias; el franquismo como segunda conquista

Ya hemos dicho que la Hispanidad como relato solo puede ser fraternal y armoniosa allí donde España ya no gobierna. Con América, el discurso puede permitirse la ficción de la hermandad precisamente porque no hay administración efectiva que sostener, ni resistencia contemporánea que reprimir. El relato se vuelve memoria domesticada. 

Con Canarias ocurre lo contrario. La soberanía española nunca cesó. La asimilación no pudo quedarse en el plano simbólico-retórico sino que tiene que ser administrada, sostenida y renovada activamente, generación tras generación.

El franquismo y la guerra de conquista del siglo XV son los dos periodos de la historia de Canarias en los que más se españolizó identitariamente a la población canaria, desposeyéndola de su herencia cultural ancestral mediante la violencia, la religión y la folclorización. Hoy estamos asistiendo al tercero de esos periodos.

La represión franquista en Canarias no fue solo política (fusilamiento de sindicalistas, republicanos, masones) sino que operó también sobre un segundo eje cultural-identitario, dirigido contra las pervivencias guanches. 

Aunque la historiografía académica sigue escondiendo y tapando este hecho, el caso de Canarias encaja perfectamente con ese mismo patrón bien documentado en otros nacionalismos periféricos bajo el franquismo (catalán, vasco, gallego). 

El nacionalcatolicismo español no solo persigue la disidencia de clase, también persigue cualquier particularismo cultural que compita con la identidad nacional española unitaria. 

En el caso canario ese particularismo tenía, además, un componente pre-cristiano y racialmente marcado - lo guanche como "lo otro" y como lo africano-bereber - que lo convertía en doblemente sospechoso. A la vez subversión política potencial y recordatorio incómodo de una usurpación y un origen no peninsular. Por eso en el franquismo por un lado se insistía que a los guanches los habían matado a todos mientras vendía que la conquista había sido armonioso, civilizadora y evangelizadora. 

En el ideario franquista España era una unidad de destino en lo universal. Un pueblo con una misión providencial en la historia, encargada de la difusión de la fe cristiana y la defensa de una supuesta civilización cristiana frente a sus enemigos.  Se enseñaba que "España solo ha sentido felicidad a través de las felicidades ajenas".  Es decir que ser colonizado, masacrado y sujeto a la asimilación forzada traía felicidad al colonizado a través de la "dicha" de la evangelización. 

Es el relato buenista del conquistador y la hipocresía de tratar de convertir la conquista en una obra de caridad histórica cristiana insinuando que la colonización se hizo para beneficiar a quienes fueron masacrados, esclavizados y colonizados.

La misión religiosa se convierte en justificación moral del expansionismo. La colonización de Canarias y América se reinterpreta exclusivamente en clave evangelizadora, invisibilizando las dimensiones de violencia, dominación y explotación propias de los procesos coloniales. 

Pero en Canarias había que hacer compatible el relato imperial de la Hispanidad para explicar la conquista del siglo XV al tiempo que había que seguir destruyendo la identidad y forzando la asimilación. 

Por eso se reinterpretó la conquista de las islas en el siglo XV como el "ensayo general" del imperio en América, aplicando el patrón de aculturación e integración previa a la expansión trasatlántica.  Se habla de "incorporación a la Corona de Castilla" como marco político neutro, y el resultado se describe en términos de "nacimiento de un nuevo archipiélago" fruto del "mestizaje entre aborígenes bereberes, colonizadores europeos" y posteriores influencias africanas y americanas — es decir, el vocabulario armonioso de fusión y nacimiento, no de sometimiento y desestructuración. Es literalmente el mismo léxico que ya vimos operar en la Hispanidad americana (mestizaje pacífico, comunidad nueva) trasladado al relato fundacional canario.

Se tenía que resaltar el mito misionero y civilizador mientras se destrozaban a martillazos los yacimientos y las permanencias culturales. A las antiguas sociedades canarias no se les podía reconocer ningún valor, excepto la nobleza primitiva del buen salvaje. Poco menos que neolíticos gruñendo. Sus creencias había que calificarlas igualmente de primitivas, animistas, sin ningún valor.

Memmi dice que el colonialismo tiene que rescribir la historia. Pero en el caso de Canarias no solo tiene que reescribir la historia sino también la geografía. Al principio el franquismo se toma la africanidad de Canarias como algo natural como ya hemos comentado, parte del pasado imperial glorioso de conquista, pero tras 1955 y la incorporación de España en la ONU - y para evitar que Canarias sea declarada TNA - España tiene que negar la africanidad de Canarias y continuar con la asimilación forzada negando cualquier tipo de supervivencia nativa, prohibiéndola, negándola o escondiéndola.

Por un lado va el discurso de la hispanidad y la geografía. Por el otro la realidad, la experiencia del pueblo y la memoria de la conquista y la colonización. Esto es una forma de gaslighting.

El gaslighting es el abuso emocional más sutil. Una forma de manipulación utilizada para hacer que la víctima llegue a dudar de su propio juicio o memoria, que  dude de su propio criterio o percepción. Esto hace que la persona se sienta ansiosa, confundida o incluso depresiva. Es la conciencia neblinada de la que habla  Manuel Alemán.

Canarias; la Ultraperiféria, la insularidad y la lejanía como eufemismos

En Canarias, el discurso tiene que funcionar en tiempo presente, sin descanso, porque no hay un "después" de la colonización que narrar sino una administración que sigue operando y que necesita legitimarse todos los días.

Canarias no tiene ese horizonte de cierre que da la independencia formal de América. Ni siquiera es un colonialismo en fase final como el que describió Albert Memmi. Es una asimilación siempre incompleta por definición, por realidad geográfica, por mestizaje, por cultura. Es colonialismo sin fecha de caducidad narrativa. Eso tiene un coste psicológico específico que nace de la necesidad de mantener la mentira para renovar el consentimiento del colonizado, generación tras generación, porque cada generación podría, en teoría, romper el relato y cuestionar la soberanía española.


Ese gaslighting colectivo no es solo "decir o escuchar una cosa mientras se vive otra". Es también la instalación de una discontinuidad entre percepción y la autorización para nombrar lo percibido. 

El canario puede sentir la distancia (lingüística, económica, administrativa, cultural) respecto a la Península, pero el aparato discursivo de la Hispanidad le retira las categorías para nombrar esa distancia como lo que es. 

Se le ofrecen numerosos sustitutos: "insularidad", "lejanía", "posición geográfica", "particularismo", "ultraperiferia", "tricontinentalidad", "islas españolas en el Atlántico" — categorías despolitizadas que explican el malestar sin permitir el "tabú" de la palabra "colonia". 

Esto es exactamente el mecanismo que Fanon describe en Peau noire, masques blancs sobre la alienación lingüística. No es solo que al colonizado se le imponga una lengua, es que se le imponen las categorías dentro de las cuales puede pensar su propia condición.

El canario hereda un vocabulario ("español", "hispanidad", "región", "Comunidad Autónoma Ultraperiférica") diseñado precisamente para que la palabra correcta - que es "colonia" - nunca aparezca.

Canarias; el peligro de lo guanche que hay que desactivar 

La folclorización, el nacionalismo de timple y romerías o la degradación del humor canario hacia lo vulgar no son casualidades. No es un efecto colateral del colonialismo sino una técnica activa de neutralización. 

Memmi señala que el colonizador no necesita destruir completamente la cultura colonizada — le basta con vaciarla de capacidad política y devolverla convertida en espectáculo. 

Hay un fenómeno bien documentado en la ciencia política comparada sobre partidos regionalistas/nacionalistas "domesticados". Formaciones que capturan el voto identitario y lo canalizan hacia una gestión administrativa dentro del marco existente sin plantear nunca la pregunta estructural (estatus, soberanía, revisión del encaje territorial o Constitucional). 

Casos comparables incluyen la CSU bávara respecto al Estado alemán, o el nacionalismo corso institucional antes de sus giros más recientes. Partidos que administran la diferencia identitaria en vez de politizarla. Funcionan — independientemente de la intención de sus dirigentes — como válvula de escape que absorbe la energía identitaria y la reconvierte en clientelismo insular, pleitos de reparto de fondos entre islas o gestión del REF, en lugar de cuestionamiento del marco.

Mientras exista un vehículo político que permita "sentirse canarista" votando y gestionando dentro del sistema, las preguntas de fondo - ¿Por qué Canarias no está en la lista TNA? ¿Por qué Canarias es RUP y no PTU? ¿Qué modelo de desarrollo necesita Canarias? ¿Es compatible el desarrollo y bienestar de Canarias con la españolidad? - nunca necesitan hacerse en el terreno donde tendría consecuencias.


Además la Ley Electoral Canaria - blindada en el estatuto de autonomía - y que requiere del permiso de Madrid para corregir sus desequilibrios está diseñada con toda clase de incentivos perversos. Desproporcionalidad, barreras electorales enormes, número par de diputados, etc... son elementos encaminados a limitar el pluralismo, acallar la voluntad de la mayoría y, sobre todo, evitar la aparición de alternativas propias que puedan alcanzar las mayorías necesarias y cuestionar el estatus quo.

Catedráticos de CC Políticas denunciaron - suavizándolo y diciéndolo de forma muy diplomática - que el sistema electoral canario "rozaba" lo inconstitucional, que es una forma de decir que claramente lo es.

En Canarias esto tiene una secuencia muy clara y legible. El franquismo persigue la pervivencia guanche como amenaza identitaria real (competidora de la identidad nacional española) pero la folcloriza "que bellos son vuestros paisajes y que peculiares vuestras danzas" bajo su ideario de armonía nacional y fraternidad católica de unicornios y arco iris.

Al mismo tiempo la Iglesia despoja o incluso prohíbe las manifestaciones originales nativas - como practicas de fertilidad asociadas a la Virgen de Candelaria en los años 60 - en otro empujón a la sincretización y la asimilación gradual y forzada que nunca se detiene.

La democracia post-78 reintroduce lo guanche pero tarde. Lo reintroduce pero ya domesticado y de a poquito, sin pasarse — trajes, romerías, timple, lucha canaria y topónimos como decoración turística exótica. 

Es la misma operación que describe Fanon o Memmi para el argelinismo folclórico bajo el colonialismo francés tardío. Lo que antes era peligroso se vuelve, una vez descargado de contenido político, incluso rentable y turísticamente exhibible. 

La cultura ancestral pasa de ser el enemigo interno a ser un producto de exportación y reclamo turístico, sin pasar nunca por el estadio intermedio de ser reconocida como base de una reivindicación política legítima.

El componente "africano-bereber" (amenaza racial a la pureza hispánica) y el hecho de recordar una usurpación de origen (amenaza a la legitimidad del título de soberanía) genera un mecanismo psicológico particular en el colonialismo canario. 

La identificación con lo guanche no es solo una cuestión de orgullo cultural, es estructuralmente peligrosa porque cuestiona la propia legitimidad de la presencia española.

Por eso el franquismo (y en buena medida el discurso posterior) no puede simplemente ignorar lo guanche — tiene que gestionarlo activamente, minimizarlo o convertirlo en prehistoria muerta sin continuidad. 

Es el mismo gesto que Memmi identifica cuando dice que el colonizador necesita negar la historicidad del colonizado: convertirlo en pueblo "sin historia" (solo prehistoria, solo naturaleza, solo "buen salvaje primitivo") para que no pueda reclamar continuidad política sobre el territorio ni los valores propios.

Por eso la tradición oral se niega. Por eso se mantiene el discurso colonial francés en el estudio y la explicación de las sociedades nativas ignorando aspectos antropológicos. Por eso se manipula y se adapta la lectura y la interpretación.

Canarias; la postmodernidad como tercera conquista

Y aquí entra el wokeismo y la postmodernidad que se usan para señalar injusticias y diferencias mínimas - unos comían más o mejor que otros, la mujer plebeya doblemente discriminada y cosas así. De esta forma, en Canarias se siguen los preceptos del discurso colonial francés del XIX y XX que usa las diferencias de clase y las categorías europeas como arma contra las sociedades a colonizar, pero travestido de progre postmoderno.

Aplicar categorías de justicia social del siglo XXI (patriarcado, clase, género, interseccionalidad) a una sociedad amazigh-canaria del siglo XV sin ningún marco comparativo es, en sí mismo, un acto anti-antropológico — la antropología moderna exige precisamente lo contrario, entender una sociedad según su propia lógica interna antes de juzgarla.

El problema no es que hubiera desigualdad interna en las sociedades tuareg, canaria o guanche —la había, como en toda sociedad humana— sino que las categorías europeas trasplantadas presuponen una arquitectura institucional y unas relaciones de poder muy específicas que no existen en los sistemas de linaje y jefatura nativos.  Es exactamente el mismo truco que usó el discurso francés en el norte de África. Un siervo de la gleba o un plebeyo europeo no tiene nada que ver con un plebeyo en una sociedad tribal. La forma de ejercer el poder en una jefatura tribal no tiene nada que ver en como se ejerce en una monarquía europea.

Pero el desequilibrio no solo está en juzgar sin contexto, o juzgar trasplantando categorías ajenas, también está en juzgar sin comparar con el sujeto colonizador contemporáneo a la conquista y colonización. Si la vara es "existía desigualdad entre nobles y plebeyos, entre hombres y mujeres", esa misma vara aplicada a la Castilla del XV — sociedad estamental, con servidumbre, esclavitud, Inquisición, exclusión total de la mujer de cualquier esfera pública y jurídica — arroja un resultado incomparablemente peor.


La ausencia sistemática de esa comparación no es un descuido metodológico sino la condición necesaria del ejercicio. El análisis solo funciona como desprestigio si el colonizador queda fuera del marco de juicio. El objetivo real no declarado es crear distancia emocional, donde antes había orgullo, para desactivar lo guanche. Este es el efecto psicológico clave. 

Si la folclorización vacía el símbolo guanche de peligro político convirtiéndolo en espectáculo, el wokeísmo académico lo vacía de identificación afectiva — el sujeto canario contemporáneo, educado en la sospecha hacia toda sociedad premoderna como intrínsecamente opresiva, no puede ya sentir hacia la sociedad amazigh-canaria el vínculo de pertenencia, dignidad y orgullo que sí le permite sentir la España Imperial y de la Leyenda Rosa con sus medias verdades y mentiras enteras ("nosotros mestizamos, evangelizamos, no segregamos") que no son más que las mismas mentiras del discurso colonial francés que desnudó Memmi magistralmente.

El resultado es una asimetría emocional perfecta. Hacia el pasado español se sigue el relato de una excepcionalidad benigna de unicornios y arco iris, incluso negando el genocidio y el etnocidio desde el Parlamento de Canarias. Hacia el pasado aborigen el relato es el de la sospecha permanente. 

Para cualquier cosa que denigre lo guanche hay financiación y se acepta casi sin pruebas. Cualquier cosa que beneficie a las sociedades nativas se niega, se silencia y se le piden pruebas arqueológicas imposibles e irrefutables. 

Memmi llamaría a esto la trampa final. Al colonizado no solo se le impide identificarse con el colonizador (por definición, nunca será lo bastante español), sino que además se le retira la posibilidad de identificarse orgullosamente con lo que fue antes de la colonización. El canario queda suspendido sin pasado utilizable en ninguna dirección, en el limbo identitario y en la conciencia neblinada, mediante el gaslighting y la manipulación psicológica. 

Por eso, en lugar de africano, el canario se define como "atlántico" igual que las bregas, los sargos, los atunes, los cetáceos o las medusas.

El wokeísmo actúa como el maurrasismo fascista colonial francés pero con el discurso invertido. Cambia el vocabulario pero no la función. 

El colonialismo francés del XIX legitimaba la dominación mostrando al colonizado como atrasado frente al progreso europeo. El discurso postmoderno-académico no necesita ya ese vocabulario — sería inaceptable hoy — así que invierte la polaridad moral pero conserva exactamente la misma operación estructural de convertir a la sociedad colonizada en objeto de escrutinio moral desde categorías importadas, sin someter jamás al sujeto colonizador (la España de la época, o la España actual que financia y legitima esa academia) al mismo nivel de escrutinio.

Es Memmi otra vez. El colonizador necesita seguir siendo el punto de referencia moral estable desde el que se juzga al colonizado. Solo que ahora el juicio ya no solo dice "sois primitivos" sino "erais injustos con vuestras mujeres y con vuestros plebeyos". El contenido cambia pero la asimetría de la mirada — quién juzga a quién, y con qué vara — permanece intacta.

Esto explica también por qué en Canarias la academia puede presentarse a sí misma como progresista y "descolonial" sin serlo. No está desmontando el aparato que Memmi describió, lo está renovando con un lenguaje nuevo

La descolonización auténtica y el rigor exigirían, como mínimo, tratar a la sociedad guanche con el mismo rigor comparativo, contextual y no anacrónico que se exige para cualquier sociedad histórica europea — y exigiría someter a la misma vara crítica a la sociedad castellana coetánea.

En su lugar, se selecciona del repertorio moderno solo la munición útil para seguir produciendo el mismo resultado que el discurso maurrasiano original. La memoria degradada, la distancia afectiva, y la imposibilidad de reivindicación con dignidad.

Es otro instrumento de la misma "asimilación siempre incompleta" administrada, sostenida y renovada activamente, generación tras generación, que mantiene al canario preso hasta que se decida a cortar los lazos con España, empezando por los afectivos. Mientras tanto España le sigue metiendo colonos europeos para terminar de diluir y sustituir a la población original. De nuevo, muerto el perro se acabó la rabia.

La introyección es aceptar la mirada del amo

El colonialismo tiene que manipular la historia, decía Memmi, pero en Canarias también tiene que manipular la geografía y hasta la sangre. 

El guanche en una vitrina es una cosa curiosa, un objeto de estudio, la cabeza del vencido que el vencedor puede exhibir como trofeo. Pero el guanche vivo es peligroso. 

Por eso "a los guanches los mataron a todos". Por eso tu "eres tan español como uno de Cuenca" o "eres descendiente de los conquistadores" aunque sea mentira. Por eso te dicen "mira tus apellidos". 

Porque no solo hay que matar al guanche sino también al heredero. Porque no solo se trata de robarte el futuro sino también el pasado. Robarle la conexión, el orgullo y la pervivencia de ese pasado.

Por eso se insiste que guanche es solo lo de Tenerife, dejando al término huérfano de su sentido identitario pan canario. Eran islas o tribus aisladas. Nada que reclamar.

Reconocer la pervivencia étnica y cultural guanche es todavía más peligroso, porque pone en duda la soberanía española sobre Canarias, que es mucho más frágil de lo que la gente se piensa. 

Porque ya hemos dicho que la "asimilación siempre incompleta" hay que administrarla, sostenerla y renovarla activamente, generación tras generación. Por eso la pervivencia siempre hay que negarla aunque sea evidente - como la Rama de Agaete - o precisamente porque es evidente. 

Y para negarla no hace falta probarlo del todo, basta con sembrar dudas. Y aquí volvemos a la asimetría. El español cuenta con un aliado inestimable en la "introyección" del nativo. La introyección es aceptar la mirada del amo como verdad. 

Es el mecanismo mediante el cual el canario no solo acepta sino que defiende las mentiras que le cuentan los amos, bien sea por indefensión aprendida, bien por la búsqueda y necesidad de aprobación y validación, de asimilación o de dependencia simbólica.

Mientras cualquier cosa que diga un paisano se mira con incredulidad, sospecha y recelo, la introyección permite que la narrativa del foráneo se acepte como verdad siempre que venga de fuera. Y es que al canario lo que le pone es que venga alguien de afuera, le coja la camella y le diga lo que tiene que hacer. 

Y no es algo nuevo. Bartolomé Cairasco de Figueroa (1538-1610) en su obra Tragedia de Santa Susana se revuelve contra el mimetismo acrítico de los isleños frente a la primera novedad que les llega de afuera: “No miran si es verdad o si es mentira;/ venga la Novedad, y sea cual fuere”. 

No importa el contenido de lo que llega de fuera, importa que venga de fuera y sea nuevo. Es introyección en estado puro más de cuatrocientos años antes de Maeztu y la Hispanidad, casi cuatro siglos antes del franquismo.

Cairasco nos da la prueba de que el patrón ya estaba plenamente formado hacia 1590-1600, es decir, dentro del margen de una vida humana desde que Gran Canaria cae en 1483 y Tenerife en 1496. La conquista supuso una "aculturación colonial" a raíz de un "trauma fundacional" que marcaría la psicología e identidad canaria en los siglos siguientes (y la sigue marcando actualmente aunque se trate de tapar). 

Si la introyección aparece ya en la primera o segunda generación posterior a la conquista, no puede explicarse únicamente como producto del franquismo o de la Leyenda Rosa del XX — esos son capas posteriores sobre una estructura psicológica que se instala mucho antes, como parte del propio proceso de conquista y de asimilación temprana (evangelización forzada, sustitución de élites, necesidad de las familias guanches asimiladas de demostrar lealtad al nuevo orden para sobrevivir socialmente e incluso físicamente).

Esto encaja con lo que Memmi señala sobre la "aculturación de urgencia". Los primeros colonizados que sobreviven bien dentro del nuevo sistema suelen ser precisamente los que más rápido y más completamente adoptan la mirada del colonizador, porque su propia supervivencia social y física depende de ello.

Cairasco no es un testimonio de la introyección franquista ni de la Hispanidad del XX — es un testimonio de introyección a una o dos generaciones vista de la conquista misma, escrito por un clérigo culto, canónigo de la catedral de Canaria.

Cairasco ve el mecanismo y lo denuncia. Pero ver el mecanismo con claridad no basta para que la sociedad deje de reproducirlo.

Cairasco lo ve en 1590 y lo denuncia en verso. Cuatro siglos después Manuel Alemán lo llama "conciencia neblinada" y el patrón sigue funcionando igual porque el problema de raíz es precisamente la colonización y la asimilación.

El problema nunca ha sido la falta de diagnóstico - siempre ha habido voces canarias que lo vieron -, sino la falta de un vehículo capaz de convertir el diagnóstico en cambio colectivo.

Cairasco también es prueba de que la percepción del fenómeno colonial en Canarias no es un anacronismo mío, es un patrón que un contemporáneo que la propia sociedad colonial post-conquista ya identificó con sus propias palabras sin necesidad ni de Fanon ni de Memmi.

Las mentiras que nos cuentan los amos

La Hispanidad ofreció al colonialismo español un relato de excepcionalidad moral. El discurso turístico contemporáneo ("islas afortunadas", "paraíso", "gente feliz y hospitalaria") ofrece una nueva capa de folclorización que sustituye la pregunta política incómoda (¿Quién controla el territorio, la vivienda, el suelo?) por una estética de bienestar exótico y hedonista exportable, al tiempo que los indicadores sociales se hunden y la miseria y la precariedad explotan.

Los puertos francos (formalizados en 1852, con desarrollos posteriores) recuperan las libertades comerciales de los fueros históricos canarios tras el paréntesis del XIX. Durante décadas le dieron a Canarias una posición económica atípica dentro del Estado español. Un territorio fiscalmente diferenciado, con autonomía comercial real, funcionando como entrepôt entre Europa, América y África, desconectado en Gran medida del resto de la economía española. Eso generó un tipo de prosperidad — mercantil, portuaria, relativamente autónoma e incluso financiera — cualitativamente distinta de la que vino después.

La incorporación a la CEE en 1986 y el desmontaje progresivo de esa autonomía fiscal-aduanera (culminando en el estatuto de Región Ultraperiférica reconocido en Ámsterdam, 1997) no fue un accidente. Fue una decisión política al aceptar el marco de integración europea - en los términos que Bruselas y Madrid negociaron - a cambio de fondos y subvenciones que sustituyeron la autonomía comercial por dependencia transferencial.

El REF, el POSEICAN, la ZEC son, en ese sentido, no un regalo sino la compensación por haber renunciado a lo que antes daba prosperidad con menos dependencia. Y ni siquiera son un derecho como los fueros, sino una graciosa concesión revocable de Madrid.

El relato oficial no cuenta esta transición como lo que fue; una negociación política con ganadores y perdedores, reversible en principio, ejecutada bajo amenaza del art 155 de la Constitución y con las cartas marcadas para forzar el estatus RUP e impedir que Canarias optase por el régimen PTU. 

El relato oficial lo cuenta como una evolución natural, casi climática, hacia lo que "correspondía" a un territorio "pequeño y alejado". Es exactamente el mismo mecanismo que describíamos para la Hispanidad: convertir una decisión histórica contingente en un hecho de naturaleza incuestionable.

Región Ultraperiférica es una categoría jurídica de derecho comunitario, creada para justificar excepciones y ayudas de Estado. No es una descripción objetiva de la capacidad ni de la potencialidad de un territorio. Pero en el uso discursivo cotidiano — institucional, educativo, incluso en el autorrelato canario — "ultraperiférico" ha dejado de significar "estatus jurídico negociado" para significar "minusvalía" identificándolo con lo que se supone que "Canarias es" según el relato; remota, insular, pequeña, que no puede valerse por si misma y dependiente por naturaleza aunque esté en el centro del mundo y en medio de las rutas entre tres continentes.

Esto es exactamente la operación que Memmi identifica cuando habla de la reducción del colonizado a un conjunto de rasgos fijos ("es así", "son así por su geografía, por su clima, por su carácter") en lugar de reconocer agencia histórica y política. 

Antes fue la raza, luego la Hispanidad espiritual y ahora es una categoría administrativa europea llamada "ultraperiféria". La función sigue siendo la misma. La de naturalizar la dependencia para que deje de parecer una relación de poder y pase a parecer una condición ontológica.

El uso del miedo: Sin nosotros caos, hambre o invasión

Pero para evitar el cuestionamiento hay que usar el miedo. El miedo al moro y el miedo a morirse de hambre. Por eso el discurso también asoció la estabilidad de Canarias con la hegemonía española en el norte de África. La narrativa oficial proyectaba que romper el vínculo metropolitano expondría a las islas a la expansión territorial marroquí o a la miseria, reforzando la dependencia de Madrid.

La estructura es idéntica a la que Memmi describe como parte del "usurpador": convencer al colonizado de que la ruptura del vínculo no le liberaría, sino que lo expondría a algo peor. Es el argumento que sostiene toda dependencia colonial tardía. No hace falta demostrar que la metrópoli es buena, basta con hacer creíble que la alternativa es catastrófica.

El argumento "sin nosotros caos, hambre o invasión" se repite casi palabra por palabra en otros procesos de descolonización - el discurso francés sobre Argelia, el portugués sobre Angola - y en casi todos los casos resultó ser exagerado o directamente falso como predicción, aunque funcionó perfectamente como disuasión psicológica mientras duró la dependencia.

España nos exprime como colonia turística, como mercado cautivo encerrado en una jaula arancelaria, manipula las cuentas, extrae todo el valor añadido posible y nos ha amordazado y cortado las alas para impedir la diversificación económica - y que nos demos cuenta que no los necesitamos - mientras nos dice que nos mantiene. 

La castración del potencial es un techo de cristal impuesto y unos barrotes invisibles que pocos ven.

La destrucción del sector primario local, la urbanización de las vegas agrícolas, la falta de diversificación, la perdida de oportunidades, el subvencionisno y la dependencia creada no son casualidad. La dependencia es lo que permite, facilita y asegura la soberanía española.

El miedo a autogobernarse

El miedo a los caciques locales es legítimo, pero olvida que el caciquismo y el neocaciquismo son arquitecturas de poder. El cacique es el brazo local del poder central para el control del territorio, lo mismo que los virreyes y los Capitanes Generales de antaño. 

El caciquismo es el instrumento mediante el cual la metrópoli controla el territorio, por eso lo fomenta y lo protege. Paso en Argelia y pasó en todas las colonias. El colonialismo necesita construir una élite local afín que le sirva de intermediaria y le vigile y le cuide la finca.

Y es que el franquismo en Canarias no necesita volver porque nunca se marchó. Tan solo se travistió de una falsa autonomía y se disfrazó de un falso nacionalismo regionalista y canarista.

Allí donde el canario ha estado sometido al gobierno español y a la ristra de conquistadores y sus descendientes - Canarias, Cuba, Venezuela - ha sido un desastre. Pero cuando no ha tenido ese lastre como en Texas y en la Luisiana, el canario ha sabido gobernarse con justicia y sabiduría.

¿Y el miedo y el odio a Marruecos? Déjame preguntarte algo ¿Ese miedo y odio es algo tuyo o es algo aprendido? 

El canario tiene derecho a hacerse una pregunta incómoda ¿El miedo a Marruecos nace de experiencias directas o de un relato heredado y repetido durante generaciones? 

Y, sobre todo, ¿a quién beneficia que dos pueblos vecinos se conozcan tan poco y se teman tanto?

Canarias ha pasado siglos bajo una profunda influencia política, educativa y mediática española. Los relatos transmitidos durante generaciones no desaparecen de un día para otro. Son miedos construidos a partir de imágenes heredadas del discurso colonial español, de la manipulación mediática, del gaslighting y no de experiencias directas. El burka y la sharia como amenaza imaginaria, el trauma del Sáhara transformado en hostilidad permanente y deuda moral o la palabra «Majzén» utilizada para reducir una sociedad compleja a una caricatura alimentan ese odio irracional.

No porque Marruecos carezca de problemas, sino porque esos problemas se exageran hasta convertirlos en la totalidad del país. Por el otro lado sus avances y su diversidad se descartan como propaganda y se descontextualizan. Cuando ningún hecho puede corregir un relato, ya no estamos ante un análisis, sino ante un prejuicio.

El día que el canario entienda que ese miedo a Marruecos es infundado. El día que entienda que sus problemas económicos y la miseria son derivados del modelo de desarrollo y el marco estructural impuesto por España. El día que entienda que el caciquismo es la herramienta de control de España. Y que esos tres miedos - al moro, al cacique y a morirse de hambre - son la forma en la que los españoles le secuestran la amígdala para explotarlo y tenerlo controlado.... Ese dia se les acaba el cuento a los españoles en Canarias.


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Comentarios

  1. Somos descendientes de los vencidos y de los vencedores a parte de otras leches , y a mucha honra ,esa mixtura es lo que nos hace canarios, es lo que nos da identidad . Ni somos guanches , ni españoles del siglo xvi , somos canarios modernos ,que nos a tocado vivir en un sistema capitalista que nos a llevado a esta situación no sólo en canarias es un fenómeno global de degeneración de la humanidad y el planeta , y que no tiene nada que ver con las teorías conspirano-alucinatorias que propones .

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    1. Vuelve a leer lo que has escrito! ¿Tú canario?

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  2. Tú sigue pensando que es el capitalismo y no la estructura... estás más perdido que un pulpo en un garaje...y te lo dice un economista

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  3. "Quien controla el presente controla el pasado; quien controla el pasado controlará el futuro."
    1984, George Orwell.

    Y eso es precisamente lo que hacen algunos por aquí: controlar el relato de la propia Historia de aquí.

    No se trata de cambiar los hechos, sino de conseguir que una determinada forma de contarlos termine pareciendo la única posible.

    Cuando una conquista pasa a llamarse "integración" y no anexión, la pérdida de soberanía se convierte en "incorporación".

    La asimilación se explica simplemente como "mestizaje" y todo lo que vino después se utiliza para demostrar que aquello tuvo que ser bueno, entonces ya no estamos hablando solo de Historia.

    Se llama manipulación.

    Estamos hablando de a quién le estamos dando el poder de contarla.

    Canarias tiene una historia anterior, durante y posterior a la conquista.

    Y esa historia no cambia porque durante siglos se haya contado principalmente desde la perspectiva del conquistador.

    Los hechos son los hechos.

    Lo que cambia es el relato que hacen de ellos.

    Y, por mucho que algunos se empeñen en españolizarlo todo, hasta el relato, el pasado Canarias no necesita permiso de nadie para ser contado, tal como ocurrió.

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