El Complejo de Nerón: la psicología del discurso colonial en Canarias y Marruecos (I)


Las raíces de la sumisión psicológica del pueblo canario son el miedo a la miseria o a la invasión marroquí si se rompe el vínculo colonial. El canario tiene totalmente interiorizado el discurso colonial francés del siglo XIX que le siguen repitiendo los medios y las instituciones canarias. Esos mecanismos tienen un nombre en la literatura política que estudia el colonialismo: el mito de la tierra vacía y el conquistador colonizador, que vimos en el artículo anterior, y el complejo de Nerón que veremos en este.

La historia de Nerón

A Nerón se le recuerda por una serie de ejecuciones sistemáticas, incluyendo la de su propia madre y la de su hermanastro Británico. Nerón, el modelo típico del usurpador, persigue a Británico salvajemente, pero cuanto más lo hiere más coincide con el rol atroz que ha elegido para sí mismo. 

Cuanto más se hunde el mismo en la injusticia más odia a Británico. Busca castigar a la víctima y eso lo convierte en un tirano. No contento con usurpar el trono, intenta también arrebatarle el amor de Julia. No es la envidia o la perversidad, sino la inevitabilidad interior, o la "moral del usurpador", que para autojustificarse busca la supresión del usurpado.

El usurpador reclamará su "trono" y lo defenderá con todos los medios a su disposición para conservar su privilegio.. Pero ser un usurpador significa que en el momento de su victoria admite que lo que triunfa de él es una imagen de sí mismo que condena por ilegítima. Por eso nunca alcanza la victoria completa. Para autojustificarse ha de inscribir su victoria en las leyes y la moral, y para ello ha de convencer a los demás y a sí mismo. En otras palabras, para conseguir la victoria completa ha de absolverse de las condiciones ilegítimas bajo las cuales su victoria fue lograda.

El mecanismo del Complejo de Nerón

El "Complejo de Nerón" es uno de los conceptos más interesantes de Albert Memmi en Retrato del colonizado precedido por el retrato del colonizador. No es tan conocido como el "mito del colonizador civilizador", pero ayuda a explicar muchos discursos contemporáneos sobre el pasado colonial.

Memmi explica que el colonizador es un usurpador y lo sabe. Se sabe en un lugar que no le corresponde de forma justa. Su triunfo lleva implícita una imagen de sí mismo que en el fondo condena. Al triunfar mediante la fuerza y la injusticia, el opresor padece un conflicto interno constante que no lo calma nunca. Para acallar su propia culpa, el usurpador recurre a dos mecanismos inseparables: inflar y exagerar sus propios méritos (atribuyéndose una superioridad innata) y denigrar profundamente al oprimido (culpabilizándolo de su propia desgracia y atraso).

Al igual que el emperador romano que destruía y manipulaba para mantener un poder sustentado en la culpa y el exceso, el colonialista destruye la cultura, la autonomía, la capacidad de agencia y la realidad del colonizado, creando un orden falso donde él se pone como la encarnación del bien absoluto frente al dominado.

El usurpador, atrapado en este bucle, no puede renunciar a sus privilegios sin perder su estatus, por lo que defiende su injusticia por todos los medios mientras exige que la historia le dé la razón. Busca su legitimidad y la acrecienta mediante la auto-persuasión y la destrucción y degradación del colonizado por todos los medios a su alcance; educativos, sociales, culturales, económicos, etc...

Para que el complejo de Nerón funcione, el colonizador necesita que el colonizado se crea la narrativa de su propia inferioridad. El opresor repite constantemente que el colonizado es vago, salvaje, incapaz o inexistente. 

El colonizado, aplastado por el peso de las instituciones, la educación y el poder medieval o moderno, termina por interiorizar esa imagen. Surge así el auto-odio o el desprecio por lo propio. El colonizado empieza a ver su propia cultura, su acento, su historia o sus rasgos como algo "inferior" o de lo que hay que avergonzarse, validando la "misión civilizadora" de su opresor.

Memmi señala que el sistema colonial empuja al colonizador a la mediocridad intelectual y moral, ya que se sustenta en privilegios falsos en lugar de en méritos reales. El racismo, el caciquismo, el nepotismo, el clasismo o el analfabetismo del pueblo no son accidentes, sino herramientas fundamentales de este complejo para naturalizar la opresión y marcar una frontera inquebrantable. 

La paradoja del Complejo de Nerón. 

El colonizador experimenta una contradicción estructural: necesita al colonizado para justificar su posición privilegiada y explotar su trabajo o sus recursos, pero al mismo tiempo desea que deje de existir como sujeto moral y político porque su mera existencia le recuerda el origen ilegítimo de su posición.

El colonizado es un "acusador permanente" del colonizador. Su sola presencia constituye una prueba viviente de la usurpación. De ahí nace una tensión irresoluble que suele resolverse mediante varias estrategias. Entre ellas la de deshumanizar al colonizado ("es un ser inferior"), culparlo de su propia situación, negar su continuidad histórica, usar la inmigración para diluirlo cada vez más o mantenerlo pobre, marginado y sin oportunidades para que termine emigrando o desapareciendo (el complejo de Nerón).

Memmi utiliza a Nerón como símbolo de alguien que provoca un daño y después culpa a la víctima de las consecuencias. En el contexto colonial, el colonizador necesita convencerse de que la violencia, la desigualdad y la dominación son culpa del propio colonizado. De ese modo preserva una imagen moral positiva de sí mismo. Es una inversión de la causalidad y de la moral.

Si en el mito de la tierra vacía el colonizador necesita vaciar el territorio de legitimidad antes de apropiárselo, en el complejo de Nerón necesita destruir y erradicar completamente al colonizado, necesita culpar al colonizado de su propia situación para vaciar al colonizador de culpa o responsabilidad histórica. Los efectos de la dominación se reinterpretan como pruebas de una inferioridad preexistente, cuando podrían ser, al menos en una gran parte, consecuencias del propio proceso colonial.

El complejo de Nerón en Canarias

La justificación histórica y actual de la soberanía española en Canarias refleja los mecanismos psicológicos del "usurpador" que intenta legitimar una relación inherentemente desigual. 

Durante siglos, la historiografía dominante en España promovió la narrativa de que la población indígena canaria fue completamente aniquilada durante la conquista del siglo XV, dejando una "tierra vacía" repoblada enteramente por europeos. 

Los discursos históricos proespañoles han querido enmarcar tradicionalmente la conquista del siglo XV como un acto benévolo que trajo modernidad, catolicismo y lengua a un pueblo "primitivo". Incluso el parlamento colonial de Canarias ha negado el genocidio y el etnocidio mientras mantiene los cuadros de la rendición de los guanches presidiendo el Parlamento regional. Esto coincide perfectamente con la afirmación de Memmi de que el ocupante debe exagerar sus propios méritos mientras denigra sistemáticamente a los colonizados. Al pintar a los indígenas guanches como salvajes o extintos, el sistema dominante justifica su presencia como una necesidad histórica absoluta.


El argumento de "A los guanches los mataron a todos", la  negación total de la supervivencia indígena, es el mecanismo último del complejo de Nerón. Si la población colonizada ya no existe, el "usurpador" ya no es un usurpador y se convierten en los únicos y legítimos habitantes de la tierra. Absuelve completamente al poder dominante de la actual culpa colonial, ya que supuestamente no queda nadie a quien oprimir o compensar.

Pero en Canarias el gaslighting va mucho más allá. Con una mano te dicen que a los guanches los mataron a todos y con la otra que no hubo genocidio, poco más o menos que la integración de las Islas Canarias en España fue una asimilación pacífica, evangelizadora y administrativa a través de un mestizaje por amor en lugar de una conquista sangrienta que resultó en la esclavización y la eliminación sistémica de la población nativa y la persecución de su cultura.

Es la falsificación de la historia inherente al complejo de Nerón. El poder dominante reescribe las narrativas históricas para calmar su "mala conciencia", transformando un acto de violencia histórica en una unión legal legítima y armoniosa.

Igualmente, en Canarias, la historia local, la geografía y las raíces culturales prehispánicas y norteafricanas únicas de las islas son marginadas en los currículos escolares en favor de una identidad española homogeneizada. Memmi argumentó que el complejo de Nerón obliga al opresor a la mediocridad intelectual y moral porque debe defender una realidad falsa. Para mantener el dominio, el sistema suprime o trivializa activamente la identidad local, reemplazándola con la cultura de la metrópoli para borrar la contradicción y la ilegitimidad de su dominio.

Formas de eliminar al colonizado 

La eliminación del colonizado puede producirse de muchas formas. El exterminio y sustitución por otros esclavos negros como se hizo con la población taina en el Caribe. Mediante la expulsión como la expulsión de judíos y moriscos de España. Mediante el mestizaje y la asimilación de los supervivientes como en Canarias y América. Mediante la inmigración aportando nuevos colonos que diluyan la población original y sus reclamaciones potenciales. Mediante la invisibilización, la negación estadística, la negación jurídica y la negación cultural como sigue ocurriendo en Canarias.

Memmi insiste en que el colonizador vive incómodo mientras exista alguien que pueda recordarle que
"Esto era nuestro." Si ese alguien deja de existir también desaparece la deuda moral. Es una forma de cerrar retrospectivamente el conflicto. 

Y así en Canarias se produce la eliminación discursiva al afirmar que los guanches "desaparecieron" y que ya no queda nada, destruyendo los yacimientos, minimizando la memoria, ignorando la continuidad genética, demográfica y de los elementos culturales documentados por la investigación o guardados todavía en secreto por la tradición oral. Forzando a mantenerla en silencio o suprimida por medios diversos.

Por eso durante siglos trataron de convencernos de que a los guanches los mataron a todos. Por eso el español argumenta que "Los guanches desaparecieron" y por tanto los canarios actuales no pueden reclamar ninguna continuidad histórica. Es un argumento muy potente porque no niega la conquista. No niega las matanzas. Ni siquiera niega el sufrimiento. Lo que niega es la existencia del heredero. Y sin heredero desaparece también la posibilidad de una memoria política y una responsabilidad histórica. 

La secuencia sería la siguiente. Hubo unos guanches pero desaparecieron completamente. Los actuales canarios no tienen relación con ellos. Ya no existe ningún sujeto histórico al que se le deba nada. La conquista deja de tener víctimas presentes. Es decir, desaparece el problema moral porque ya no hay desposesión, ya no hay continuidad, ya no hay memoria y sólo queda un episodio histórico remoto.

La eliminación del colonizado mediante la asimilación

Otra estrategia es la de absorberlo o hacerlo desaparecer simbólicamente. Así se afirma que Marruecos es un país moderno sin historia, que Ceuta y Melilla siempre fueron españolas o que a los guanches los mataron a todos. Muerto el perro se acabó la rabia. Y así se pasa de "a los guanches los mataron a todos" a España nunca tuvo colonias sino mestizaje, todo paz, amor y caridad cristiana" según convenga. 

El objetivo es eliminar la culpa, especialmente la culpa cristiana porque se usó la cristianización como excusa del robo y el pillaje, y eso entra en contradicción con la historia y los hechos, como bien apuntó fray Bartolomé de las Casas y otros autores.

Y es aquí donde entra la estrategia colonial de asimilación que empleó España donde pudo. Al asimilarlos como españoles de segunda matamos al nativo y su cultura, y por tanto nadie nos puede reclamar nada y lavamos nuestra culpa haciendo legitima la usurpación ilegitima. Por eso cualquier ataque a la españolidad de Canarias o de Ceuta y Melilla es un recordatorio a lo ilegitimo de su dominio. Por eso, desnaturalizar el territorio a traves de la inmigración masiva es un arma para legitimar la ocupación y asegurar el control y dominio del territorio. Por eso el colonialismo y el imperialismo español trata de conseguir una uniformidad en una jerarquía de privilegios en cuya cúspide se sientan los españoles peninsulares y debajo todos los demás.

El colonialismo español no se conforma con esclavizar el cuerpo, quiere también destruir la cultura donde sea posible y esclavizar el alma del conquistado mediante la estrategia de asimilación. El nativo es asimilado pero siempre como un inferior, nunca como un igual. La desaparición del nativo y su cultura, su eliminación como sujeto político y moral, es la absolución final del conquistador. Al eliminar al nativo se elimina al acreedor y la deuda desaparece.

El afán de uniformidad y asimilación del Imperio español, destruyendo las culturas nativas donde pudo, es el intento de compatibilizar la codicia con la culpa cristiana y las bulas papales que legitimaban la conquista.

El Complejo de Nerón en el discurso español sobre Marruecos

Marruecos también ofrece un paralelismo muy claro. El español no solo afirma que Marruecos es un Estado reciente sin historia como mencionábamos en el anterior artículo sobre el mito de la tierra vacía y el colonizador civilizador. Para gran parte del discurso español el rey marroquí es un corrupto y no hay nada de valor. Al acabar con la historia acaba con la culpa y el heredero. Nada que mirar, circulen, aquí no ha pasado nada. 

En el Protectorado español y en el francés aparecieron discursos muy similares: "Marruecos nunca fue un Estado.", "Los problemas de Marruecos son culpa de los propios marroquíes.", "Las cabilas vivían en anarquía.", "Los rifeños sólo entendían la fuerza.", "España llevó la paz.",  

En lugar de interpretar la resistencia como una reacción frente a la ocupación, se presenta como prueba de que la ocupación era imprescindible. Ese es un ejemplo clásico del tipo de inversión causal que describe Memmi. Aquí vuelve a aparecer el complejo de Nerón. Se trata de eliminar al colonizado, de borrarlo de cualquier ápice de legitimidad. Primero se interviene y después las consecuencias de esa intervención se presentan como prueba de la incapacidad del colonizado. 

El Tratado de Wad Ras quebró financieramente al reino de Marruecos en 1860. Esto llevó a un debilitamiento del Estado y a una descomposición y degradación del poder central que aprovecharon las potencias europeas para establecer un protectorado. Pero eso no te lo explican. 

Igual pasa en el discurso sobre Ceuta y Melilla. Que esas ciudades se construyeron en el siglo XX sobre territorio anexionado a Marruecos en el siglo XIX tras Wad Ras tampoco se explica. Esos territorios pertenecían a los Imazuzen y otras cabilas Guelaya en el caso de Melilla y a la cabila Anyera en el caso de Ceuta. Pero los hacemos desaparecer de la historia y del discurso como Nerón a Británico, para que no nos recuerde lo ilegítimo de la usurpación.

En el siguiente artículo profundizaremos sobre los mecanismos del complejo de Nerón en Canarias, incluyendo el verdadero objetivo de la estrategia de asimilación y de la genealogía impuesta mediante los apellidos impuestos en el bautizo.




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