Lo que el día debe a la noche y Albert Memmi: La actitud de Younes-Jonás o cuando el colonizado deja de buscar la aprobación (III)


Albert Memmi sostenía que la verdadera liberación del colonizado no comienza con las armas, sino mucho antes: cuando deja de necesitar la aprobación del colonizador y se conquista a si mismo.

Ese momento psicológico aparece representado de forma magistral en Lo que el día debe a la noche. La transformación de Younes-Jonás no consiste únicamente en recuperar una identidad nacional. Consiste, sobre todo, en recuperar su libertad interior.

Su silencio, sus gestos y sus decisiones muestran que el sistema colonial ya no gobierna su conciencia.

La actitud de Younes-Jonás

Younes no es pasivo por naturaleza. En su ambiente, con su padre es un chico activo. Pero en el mundo de los franceses se vuelve tímido porque tiene que esconder quien es realmente. Tiene que ser Jonás y evitar que descubran que en realidad es Younes. Es un hombre que ha aprendido a reprimirse porque todo el sistema colonial le ha enseñado que expresar determinadas emociones tiene un coste.

Memmi explica que el colonizado asimilado vive permanentemente bajo una contradicción. Quiere ser aceptado pero sabe que nunca será completamente aceptado. Por eso desarrolla una especie de vigilancia permanente sobre sí mismo. Se reprime. No habla demasiado. No protesta demasiado. No responde demasiado. No muestra demasiado orgullo. Todo debe mantenerse dentro de unos límites porque sabe que la aceptación es condicional.

Él sabe perfectamente que es querido mientras siga siendo "Jonás" y mientras niegue o reprima a Younes. La película deja entrever varias veces que Jonás reprime constantemente una parte de sí mismo. Pero esa represión falla cuando la agresión a lo "nativo" es demasiado evidente. Entonces explota pero vuelve inmediatamente a contenerse. Eso es exactamente una identidad escindida.

Younes no es frío porque carezca de sentimientos. Aprende a serlo porque vive en un mundo en el que expresar plenamente quién es tiene un coste. Younes por esencia es pasivo porque una parte de si está amordazada, reprimida y modelada por los acontecimientos y el entorno. Ya no pertenece completamente a ningún sitio. No es plenamente europeo pero tampoco puede volver a ser el muchacho árabe que era. Está suspendido entre dos mundos.


No es únicamente miedo a que lo maten. Es mucho más sutil. Es miedo a perder el lugar que ha conseguido, miedo a ser expulsado del círculo, a decepcionar, a dejar de pertenecer. Memmi insiste mucho en que el colonizado interioriza la mirada del colonizador. Empieza a verse a sí mismo con los ojos del dominador. Eso genera una vigilancia interior continua.

Por eso la colonia no necesita vigilar constantemente al colonizado. El éxito del sistema consiste precisamente en que el colonizado termina vigilándose a sí mismo. Aprende qué puede decir, cuándo debe callar, hasta dónde puede enfadarse y cuándo debe volver a sonreír para seguir siendo aceptado.

Jonás no deja nunca de calcular. Cómo hablar. Cómo vestir. Cómo responder. Qué opinión expresar. Qué silencio guardar. Está permanentemente negociando consigo mismo. El colonizado asimilado vive representando continuamente un papel. No porque sea falso sino porque sabe que ese papel le permite sobrevivir o ser aceptado. 

Para el grupo de amigos de Jonás, su amistad con él era la prueba de que ellos "no eran racistas" y de que la colonia funcionaba de forma armónica. Le habían hecho el favor de asimilarlo hasta cierto punto. Estaban ciegos al hecho de que esa amistad dependía de que Younes se mantuviera sumiso, callado y asimilado (jugando a ser "Jonás").

Durante la mayor parte de la película Younes calla y se reprime porque todavía vive dentro del sistema colonial. Sus silencios nacen del cálculo, de la prudencia y de la necesidad de seguir perteneciendo a un mundo que nunca termina de aceptarlo del todo. Es el silencio del hombre que mide cada palabra porque sabe que cualquier exceso puede recordarle cuál es realmente su lugar. Y es que el coste de ser aceptado es renunciar a uno mismo.


Jonás calla, calla y reprime su amor. Calla incluso cuando el amor de su vida lo acusa de ser frio, de no tener sentimientos o de ser un monstruo. Durante gran parte de la película el silencio de Younes nace de la represión. Es un silencio aprendido. Un silencio defensivo. Pero al final ese mismo silencio cambia completamente. 

El silencio de Younes ante la madre de Émilie en la farmacia —y luego ante Juan Rucillo cuando lo deja tirado en el campo — es un silencio distinto.  En la escena de la farmacia, tras el intento de manipulación de Madame Cazenove, el silencio deja de ser una forma de supervivencia y se convierte en una forma de liberación y libertad. Ya no calla por miedo. Calla porque ya no necesita convencer, porque el mundo colonial se desmorona y por fin será libre para ir en busca de Emili. 

Exteriormente apenas cambia nada. Interiormente cambia absolutamente todo. Ya no guarda silencio porque tema ser rechazado. Guarda silencio porque el juicio del colonizador ha dejado de tener autoridad sobre él.

Ese silencio no es vacío ni una muestra de sumisión sino un acto de resistencia psicológica suprema. Bajo la lupa de Albert Memmi representa el momento exacto en que el colonizado corta el último cordón umbilical moral con el colonizador. 

Memmi explica en sus ensayos que la liberación del colonizado no empieza con las armas, sino con el fin de la necesidad de aprobación. Lo mismo cuenta Franz Fanon. En Piel negra, máscaras blancas, describe cómo el colonizado aprende a ponerse una "máscara" para ser aceptado por el mundo del colonizador. Esa máscara no es solo el idioma, la ropa o las costumbres. Es también una forma de controlar constantemente sus emociones, su manera de hablar y hasta su percepción de sí mismo. Jonás encarna muy bien esa "máscara". No es que haya dejado de ser Younes, es que ha aprendido que solo puede seguir siendo aceptado mientras interprete ese papel. Su liberación comienza precisamente cuando comprende que ya no necesita esa máscara para sobrevivir o conservar su dignidad.

1. El silencio como "Rechazo de la dialéctica colonial"

En Retrato del colonizado, Memmi describe que el colonizador siempre busca el diálogo para legitimarse. Necesita que el colonizado discuta, se queje o le pida perdón, que agache la mirada, porque eso mantiene al colonizador en el centro del tablero. Necesita que el colonizado busque la validación del colonizador. 

En la farmacia Younes no responde a la hipocresía ni a las disculpas de la madre de Emili. No le cobra las pastillas y la acompaña a la puerta educadamente haciendo que se vaya. Younes le niega la absolución que ella busca desesperadamente. Responderle —ya fuera con ira o con reproches— habría sido aceptar el juego de "víctima y verdugo" que ella intentaba racionalizar. El silencio de Younes la deja sola con su propia culpa. Younes decide que las excusas de ella ya no tienen valor ni poder sobre él.

Los argumentos de Madame Cazenova o de Juan Rucillo son intentos de chantaje emocional y moral que ya no surten efecto en Younes, porque ya ni necesita ni busca validación.

El silencio de Younes no es pasividad. Es la decisión consciente de no seguir participando en un juego moral cuyas reglas ya no reconoce.

 2. Regalar las pastillas: La independencia y superioridad moral del colonizado

El detalle de no cobrarle las pastillas para el mareo es un golpe maestro de dignidad. Memmi argumentaba que el colonizador construye el mito de que el colonizado es un ser moralmente inferior, guiado por bajos instintos o el interés. Al regalarle el medicamento, Younes subvierte los roles por completo. Se coloca en una posición de superioridad ética y de independencia moral. Es una forma de rechazo, de decirle elegantemente que no quiere nada de ella y que ya no se siente inferior.

No actúa por rencor ni por dinero (dos lógicas muy coloniales); actúa desde la generosidad del que ya no necesita ni espera nada ni se siente obligado a nada. Demuestra que, a pesar de todo el daño que esa mujer le causó, que ya no lo engaña, que no ha perdido ni su humanidad ni su compasión, pero que ni olvida ni perdona.

3. Acompañarla a la puerta: El acto de soberanía

El gesto de acompañarla a la puerta y echarla educadamente es el clímax de su transformación interna. Tradicionalmente en el régimen colonial, es el colonizador quien decide quién entra, quién sale y quién permanece en un espacio. Al invitarla cortésmente a marcharse con el gesto, Younes toma el control total del espacio físico y simbólico. Es un acto de soberanía silenciosa: "Este es mi espacio, mi farmacia, mi vida, y tú ya no perteneces aquí". No la echa con violencia, sino con la frialdad de quien cierra un libro que ya ha leído y asimilado.

El poder ha cambiado de manos. No porque Younes humille a Madame Cazenave sino porque ya no necesita impresionarla, ni convencerla ni ser aceptado por ella.

Albert Memmi afirmaba que la última fase de la colonización es cuando el colonizado se vuelve indescifrable para el colonizador. Al negarse a hablar, Younes se vuelve un misterio para ella. La madre de Émilie se marcha de la farmacia sabiendo que Younes la ha descifrado por completo, pero que ella jamás volverá a tener acceso al alma de él. El silencio de Younes es el preludio de su libertad.

La liberación no comienza cuando desaparece el colonizador, comienza cuando desaparece el colonizado interior. Comienza en el momento en el que el colonizado deja de necesitar la aprobación del colonizador.

3. Salvar al hijo de Juan Rucillo

Este es el cumplimiento exacto de la profecía de Younes sobre el pastor. El rifle, las hazañas y el poder militar de los Pied-Noirs finalmente les fallaron. Cuando la estructura colonial colapsa, los colonizadores se revelan frágiles y desplazados.


Juan Rucillo lo había sacado de comisaria y Younes devuelve el favor salvando a su hijo del que todavía se considera amigo. El régimen colonial francés cae y Argelia proclama la independencia. Younes pide favores a sus "contactos e influencias" con la resistencia argelina para conseguir que Jean-Christophe, hijo de Juan Rucillo - un ex soldado francés con sangre argelina en las manos que había repudiado su amistad con Younes - no sea fusilado sino que sea liberado y pueda huir a Francia.

El Pied-Noir militar, que entró al conflicto armado con la prepotencia de las armas francesas para aplastar a la insurgencia, termina acorralado y desarmado por las fuerzas argelinas. Su salvación no llega a través del ejército francés, sino de las manos y los contactos del "árabe asimilado" al que en su sociedad y en su fuero interno siempre consideró como alguien inferior, casi como un igual pero sin terminar de serlo.

Younes le salva la vida Jean-Christophe, a pesar de la actitud orgullosa de este y de su falta de gratitud hacia Younes por las diferencias políticas,  desterrando efectivamente al colonizador no con una bala, sino con una deuda de vida, y recordándole a la novia que le diga que "siempre serán amigos, amigos para siempre" como cuando niños. Younes rehúsa la venganza y el deshumanizar a sus antiguos amigos, a pesar de que ellos sí deshumanizaron a su pueblo. La victoria definitiva de Younes no consiste en derrotar al colonizador. Consiste en negarse a parecerse a él.

Este acto final de Younes salvando a Jean-Christophe es la prueba definitiva de la condición humana bajo el dominio colonial. Algo que lleva a la narrativa a una resolución que refleja perfectamente la tesis central de Albert Memmi sobre la destrucción del vínculo colonial y la recuperación de la humanidad absoluta. Tanto de uno como de otro, como muestra la escena final en el cementerio.

En el fondo, esa es la gran enseñanza de Memmi. El colonialismo destruye la humanidad tanto del colonizador como del colonizado. La liberación verdadera solo comienza cuando ambos recuperan la posibilidad de relacionarse como iguales. La escena final del cementerio simboliza precisamente esa posibilidad: no el regreso del pasado, sino el reconocimiento mutuo de una humanidad compartida.

La descolonización no empieza cuando se marcha el ejército francés. Empieza cuando Younes deja de necesitar ser Jonás. Y ese proceso comienza mucho antes de la independencia política. Comienza en el instante en que deja de medir su valor con los ojos del colonizador.



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