No voy a repetir que si concentras el poder como en la monarquías absolutas y reproduces las estructuras de poder de las monarquías absolutas obtienes el resultado de las monarquías absolutas, por mucho que la pintes de rojo, como es lógico. El error está en pensar que el resultado depende de la ética y no de las estructuras, pero en toda generación hay un selecto grupo de idiotas que piensa que el comunismo no funcionó porque no lo dirigieron ellos.
El fallo no es un problema moral ni ético, sino sistémico, de diseño, de estructura. Si eliminas la relación entre esfuerzo, responsabilidad y recompensa, erosionas el motor interno de la sociedad y su cohesión social. Y cuando ese motor desaparece, el sistema necesita cada vez más control para sostenerse y mayor represión para manejar la brecha entre la realidad y el dogma que lo sostiene. Lo hemos visto docenas de veces.
El comunismo/socialismo falla porque establece los incentivos equivocados. El ejemplo clásico es el de la clase donde el profesor le pone la misma nota a todos los alumnos independientemente del mérito. Esto hace que los malos alumnos estudien aún menos porque van a aprobar, y que los buenos alumnos también estudien menos ya que no va a ser recompensados por el esfuerzo.
Por todo eso el paraíso proletario hay que implementarlo y mantenerlo por la fuerza y la represión.
Dicho esto hay que hacer una puntualización. El socialismo si funciona en sociedades tribales. En estas comunidades, la producción y la propiedad son principalmente comunales y basadas en la cooperación. Pero estas mismas sociedades primitivas fueron despreciadas en gran medida por Marx y su ceguera materialista de la historia y de la lucha de clases.
Pero hay dos Marx, el joven idealista y paternalista que a sus 30 años escribió el Manifiesto Comunista y a sus 45 años escribió El Capital y el Marx maduro que a sus 60 años, con mayor experiencia y sabiduría, corrigió muchas de sus visiones ilusas.
El joven Marx, por el que se guía la izquierda, veía a las sociedades tribales como una etapa de "conciencia animal" y las criticaba por mantener al ser humano en un estado pre-racional y dependiente.
Pero lo que tienen las sociedades tribales no es marxismo ni "comunismo primitivo" sino una visión espiritual y filosófica. Tal y como manifestaba el jefe sioux Rusell Means, el marxismo, el anarquismo y el "izquierdismo" en general no son más que otra versión de la misma vieja canción europea racionalista y materialista que niega la dimensión espiritual e inmaterial.
Y aquí Marx cometió el mismo error que el colonialismo europeo del siglo XIX y XX. Pensar, de forma errónea y de forma simplista, que el nivel de desarrollo material determina el nivel de conciencia y desarrollo holístico alcanzado por una sociedad.
En realidad las sociedades, al igual que las personas, se desarrollan en torno a varios ejes o vectores y alcanzar un alto grado en uno no significa alcanzar un alto grado en los demás, y viceversa. Igual que tener talento para la música o la pintura no significa que tengas talento para las matemáticas o seas un gran atleta.
Como hemos dicho, al final de su vida, Marx se arrepintió de algunas de sus teorías o incluso dio un viraje a algunas de sus visiones iniciales. Entre ellas su opinión respecto a los pueblos primitivos.
Así, aunque seguía criticando unas creencias que, según él, una vez que surgía el excedente de comida este era utilizado por las castas sacerdotales para justificar su separación del trabajo físico - fruto de su concepción errónea de que solo el trabajo físico crea valor y no la educación, la medicina o la intermediación en conflictos practicada por las comunidades sacerdotales, por ejemplo - también mostró un interés mucho más profundo, y menos crítico, por comunidades como los Iroqueses, sugiriendo que quizás estas sociedades tenían elementos sociales superiores a la "civilización" moderna.
Pero el problema aquí es doble. Primero, la izquierda solo conoce y se guía por el joven-adulto-Marx, y no conoce ni se orienta por el Marx maduro. Segundo, el Marx joven no solo se equivocó en el análisis de la economía contemporánea, como muestran los fracasos de su "ideología" en este tipo de sociedades, sino que el Marx maduro también se equivocó, o no termino de entender, a las llamadas "sociedades primitivas". El ejemplo lo tenemos en que curiosamente los iroqueses inspiraron la Constitución americana, que es uno de los documentos más liberales que existen, lo cual demuestra el despiste supino de Marx que intuyó algo pero no lo terminó de entender.
Porque para entender porque lo colectivo si funciona en las sociedad "primitivas", pero no en las sociedades modernas, hay que profundizar en el nivel antropológico.
Nivel Antropológico: tres formas de organizar la sociedad
El error de muchos análisis modernos —incluido el marxismo clásico— es reducir todas las sociedades a una lógica material, ignorando otros sistemas simbólicos y otros valores. Porque una sociedad no se sostiene solo con economía. Se sostiene con sentido.
Y en este sentido, la antropología ha identificado tres grandes mecanismos de regulación social; el honor, el miedo y la culpa.
En las sociedades legalistas (Europa occidental) el control social se realiza mediante el binomio Inocencia-Culpa. Lo importante es ser inocente cumpliendo la ley. La moral judeocristiana y la moral de esclavos son dominantes. Aquí el comunismo/socialismo fracasa, como demuestra la historia, porque los incentivos económicos están mal estructurados. El comunismo prioriza el control y la seguridad sobre el desarrollo, la redistribución sobre la creación de valor, y es tremendamente conservador y dogmático. No tiene incentivos para innovar ni adaptarse a los cambios. Así los regímenes comunistas terminan enriqueciendo a sus dirigentes y fomentando una corrupción generalizada, mientras se sostienen en el poder gracias a la represión y a una élite burocrática que actúa como nueva clase dominante sostenida por la represión, es decir por el Poder-Miedo propio de los regímenes totalitarios.
Un segundo tipo de sociedades son las que el control social se realiza mediante el binomio poder-miedo. Por ejemplo en sociedades autoritarias o colonizadas. En este tipo de sociedades lo importante es el poder. Piensa en Corea del Norte, en las dictaduras totalitarias o en estados mafiosos como Rusia o los narcoestados sudaméricanos o africanos.
Pero hay un tercer grupo de sociedades en las que el colectivismo si funciona. Son las sociedades regidas por el binomio Honor-Vergüenza propio de las sociedades tradicionales y comunitarias.
El honor como base de lo colectivo
Las sociedades "primitivas" tenían un profundo conocimiento de la naturaleza humana y de la realidad inmaterial. En las sociedades regidas por el honor se comparte y colabora porque lo que se pierde en riqueza material se gana en honor y espiritualidad, en prestigio social. El compartir es algo que incrementa el honor y el reconocimiento social del que reparte. La redistribución ocurre de forma natural y sin necesidad de ser impuesta porque los incentivos están estructurados correctamente. La generosidad y la hospitalidad incrementa el honor del linaje. La abundancia no es vista como algo malo sino como la capacidad de ayudar a los demás, de ser soporte de la comunidad. Cuando se actúa con honor uno se alinea con el propósito de la Creación y con la evolución y el desarrollo personal. Y esto es lo que no entendió Marx ni entiende la izquierda en su ceguera materialista.
El comunismo, por el contrario, trata de destruir el entramado y la cohesión social que permite que la solidaridad aparezca de forma natural. Antonio Gramsci, por ejemplo, dice que para implementar el comunismo en Europa hay que destruir a la familia. La Iglesia, por su parte, no trata de destruir esta solidaridad sino de remplazarla. Para ello no destruye la familia nuclear pero intenta destruir las estructuras clánicas y tribales que hacen posible una solidaridad amplia que la Iglesia aspira a monopolizar e intermediar.
El pensamiento de izquierda, en sus versiones modernas, tiende a operar principalmente dentro del eje Poder- Miedo a través de la represión cuando alcanza el poder, o del eje Inocencia–Culpa mientras lo está intentando asaltar. Un binomio Inocencia-Culpa que se manifiesta a través de leyes, derechos o redistribución. Pero la izquierda ignora —o incluso desprecia— el eje del honor o el mérito. Y eso es un problema, porque el honor es lo que hace funcionar la solidaridad y la reciprocidad.
Sin honor no hay responsabilidad real, no hay mérito reconocido, no hay compromiso profundo con lo colectivo, no hay reciprocidad y el capital social disminuye. El resultado es una sociedad que exige derechos, pero no asume deberes. Que reclama igualdad, pero desconfía del esfuerzo. Que busca protección, pero le teme a la libertad. Quieres todos los derechos para si pero le niega la libertad al otro.
La ceguera marxista es reducirlo todo a lo material y no entender que no hay honor sin responsabilidad y no hay responsabilidad sin mérito. Tampoco hay libertad sin responsabilidad. Pero el canario no quiere asumir la responsabilidad, quiere ser salvado porque desconoce la fortaleza de sus raíces y se siente huérfano. Como dijo Domingo Hernández Peña el canario quiere ser dueño de algo pero no acepta la responsabilidad de serlo.
Además, la izquierda rechaza el honor, el mérito y la libertad del otro, buscando una igualdad material, que no solamente lleva a la ruina de las sociedades y al estancamiento, sino que es contraria al desarrollo espiritual del ser humano. La izquierda desprecia el mérito, pero el honor está relacionado con el mérito. Como decían los antiguos canarios, "si quieres ser igual al otro, gánatelo".
El honor nativo
Las sociedades de los antiguos canarios, como muchas culturas del norte de África, estaban estructuradas en torno al honor. No como un concepto superficial o estético, sino como eje organizador de la vida social. Entre los antiguos canarios, el primer precepto de Achamán es siempre actuar con honor. Dar aumentaba el prestigio y se recibía con gratitud. Cumplir la palabra definía el valor. La reputación era capital social real. Ese sistema generaba cohesión, responsabilidad y equilibrio.
Esto no solo podemos verlo en la tradición oral sino de forma indirecta en las propias crónicas. Desde la sociedad de El Hierro con su guatatiboa o festín comunal - que sigue celebrándose en cierta forma, y en el mismo lugar que se celebraba antiguamente, en la comida de la bajada de la Virgen - hasta las comidas y juntas cuatrimestrales de las que habla Bethencourt Alfonso en Tenerife, hasta el grito de guerra de Gran Canaria "hay ti tu catanajá" que significa incrementen los honores... por poner tan solo algunos ejemplos antropológicos.
La conquista y colonización rompe ese equilibrio e introduce, progresivamente, estructuras basadas en un control político, una jerarquía impuesta y una dependencia y explotación económica. Es decir, desplaza el eje Honor-Vergüenza hacia un modelo Poder–Miedo, que con el tiempo evoluciona en formas modernas de caciquismo disfrazadas del legalismo propio del eje Inocencia-Culpa. Pero todos sabemos que en España ni en Canarias se cumple la ley. El resultado es el que conocemos. Una sociedad corrupta y corrompida en donde el acceso a recursos depende más de la proximidad al poder que del mérito, el talento o el honor.
Pero para actuar con honor, primero hay que entender que es realmente el honor. Porque no es lo mismo el deformado concepto del honor de los españoles que el concepto de honor de las sociedades nativas. Así que la primera pregunta que debes hacerte es ¿Qué es realmente el honor?
La contradicción central: volver al origen para poder avanzar
Aquí es donde todo encaja y donde están muchas de las contradicciones de la izquierda. De nada te vale tratar de reducir la igualdad material si no ajustas otros valores. Y ahí está el problema. Diseñar una sociedad es como llevar un avión, es un sistema complejo que necesita pesos y contrapesos, para que esté equilibrado. No basta con mover una palanca, tienes que equilibrarlas con otras. Pero como seguramente nunca has pilotado un avión te pongo el ejemplo con un coche. No basta con solo acelerar, hay cambiar de marcha también. Si aceleras a fondo con la primera puesta posiblemente te cargues el coche o no consigas la velocidad que quieres. Para mantener el correcto funcionamiento no basta con cambiar una variable, el acelerador, hay que cambiar otras variables en el sistema - la caja de cambios. Pues con las sociedades pasa lo mismo.
La izquierda intenta corregir los efectos del sistema (desigualdad, precariedad), pero lo hace desde un marco que no fortalece el Yo sino que lo debilita, que no reconstruye el honor y el mérito sino que lo desprecia y que no cambia el nivel de conciencia sino que lo mantiene. Por tanto, termina reforzando la propia estructura que critica y equivocando la salida y la solución al problema que dice querer combatir. Es un bucle contraproducente, la trampa de los ratones.
Las sociedades evolucionan cuando cambian sus estructuras pero las estructuras solo cambian cuando cambia la conciencia que las sostiene. Ese es el punto que suele pasarse por alto.
La izquierda quiere cambiar lo exterior pero sin cambiar lo interior. O aún peor, quiere cambiar lo interior hacia la moral del esclavo y no hacia la moral del guerrero. El problema de Canarias no es solo el caciquismo, ni la economía, ni la política. Es más profundo. La izquierda al destruir el honor, la reciprocidad, la responsabilidad y el mérito destruye los pilares que hacen posible la solidaridad y la libertad en primera instancia.
Porque en la cultura europea judeocristiana de la culpa y la moral de esclavos, y en el postmodernismo woke victimista, la culpa es siempre del otro, del opresor y nunca del oprimido que es visto como victima inocente y no como corresponsable. Y la inocencia es cumplir la ley por injusta, manipulada y tóxica que sea.
Pero la visión nativa del honor es muy distinta. Siempre tienes que mirar dentro de ti y decidir. Todo lo que haces y piensas te pertenece. Nadie más es responsable de lo que te haya tocado, de lo que has decidido, de lo que dejaste de decidir, de lo que haces o dejas de hacer. Tú tienes que responsabilizarte de lo tuyo en todo momento.
Conclusión
Quizás ahora entiendas que mi postura hacia la izquierda no se basa en diferencia de valores "humanos". Posiblemente si hablamos de cosas como dignidad, igualdad de oportunidades, solidaridad o justicia estaremos de acuerdo en muchas cosas. Mi diferencia radica en que entiendo que la izquierda, incluida la izquierda woke postmoderna victimista y asistencialista, no solo es la trampa de los ratones y una ideología totalmente contraproducente para Canarias, sino una traición que va contra las verdaderas bases filosóficas y raíces ancestrales de este pueblo.
Como dice la tradición oral de Gran Canaria, la llave que abre la cerradura de nuestro futuro está escondida en lo más profundo de nuestro pasado. Pero no un pasado entendido en forma de nostalgia, sino de comprensión. Recuperar el concepto de honor —bien entendido— no es solo un ejercicio cultural, es una necesidad estructural. Porque el honor conecta identidad, responsabilidad, comunidad y trascendencia. Y sin esa conexión, ninguna reforma económica o política será suficiente.
Por eso la pregunta clave no es qué sistema queremos sino en qué tipo de sociedad queremos convertirnos. Y esa respuesta no debería venir de ninguna ideología importada. Vendrá —si viene— de la capacidad de este pueblo para recordar quién es, asumir lo que implica y actuar en consecuencia. Donde el individuo es responsable, donde el mérito tiene sentido, donde se comparte con reciprocidad y gratitud, y donde la comunidad no trata de anular al Yo del otro, sino que lo integra y le permite expresarse de forma sana.
Pero mientras sigamos siendo una pueblo sin honor - y te vuelvo a insistir ¿Qué es realmente el honor? - seguiremos siendo un pueblo sin futuro que renuncia a la profundidad de sus raíces para vestirse con ropajes e ideologías ajenas....
PD: En el modelo antropológico Honor- Culpa - Miedo, siempre existe un mecanismo primario dominante por el que se estructura la sociedad y un mecanismo secundario que lo apoya, quedando el tercer mecanismo relegado a ámbitos concretos. Por ejemplo una sociedad puede estar estructurada en torno al Poder como mecanismo principal, con la Culpa como mecanismo secundario de control social, caso de España. O en sociedades estructuradas en torno al Honor, tener el eje Poder/Miedo como mecanismo secundario, así es común que las sociedades estructuradas en torno la honor tenga una justicia severa como ocurría en las sociedades canarias. O que una sociedad estructurada en torno al cumplimiento de la ley (Inocencia/Culpa) tenga una sistema judicial (Poder) que refuerce su cumplimiento.
Tampoco es lo mismo una sociedad con Inocencia/Culpa (cumplimiento de la ley) como mecanismo principal y Poder Miedo como secundaria (Norte de Europa) que al revés, Poder Miedo como mecanismo principal e Inocencia /Culpa como secundario (Sur de Europa). "



Si Marx,viviera hoy,hubiera cambiado de raíz sus postulados ya que tendría acceso a la teoría y al estudio de sistemas complejos.
ResponderEliminarcierto, es una ideología equivocada, obsoleta, fracasada y tremendamente reduccionista
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