miércoles, 25 de marzo de 2015

La relación entre la corrupción y la cultura de la impotencia.

En el anterior artículo analizábamos la relación entra la corrupción y la autoindulgencia, y en este analizaremos la relación entre la corrupción y la cultura de la impotencia.

Decíamos en el anterior artículo que un gobierno corrupto es tan solo el reflejo de una sociedad moralmente corrupta. Cuando una sociedad se acostumbra a la pobreza, al paro o a los subsidios es que algo va profundamente mal. Cuando en una sociedad la corrupción se convierte en algo comúnmente aceptado y en un estilo de vida, es que algo está profundamente equivocado.
Es importante entender que hablamos de un pueblo históricamente muy empobrecido, en el que la conciencia de clase y la idea de que una vida mejor debería ser posible no existían cuando yo era pequeño. Crecí entre chavales de 16 años enganchados a la droga, señoras que iban a hacer la compra en bata y pijama y padres de familia que trabajaban un mes en la obra y pasaban los dos siguientes esperando que les volviesen a llamar mientras bebían cerveza toda la mañana en el bar, y no soy ningún abuelo, ni mi ciudad un pueblo perdido de la mano de Dios.
El anterior párrafo hace referencia a Cádiz, pero bien podría haberlo escrito alguien de Las Palmas de Gran Canaria, de Santa Cruz de Tenerife o de Arrecife. el párrafo hace referencia a la falta de cambio político en Andalucía donde el mismo partido sigue gobernando ininterrumpidamente desde hace casi 40 años.


En la obra "Psicología del hombre canario" de Manuel Alemán, podemos reconocer los rasgos de la gula o autoindulgencia que mencionábamos en el artículo anterior. Alemán admite como característica psicológica del canario una cierta inclinación hedonista, sensual, placentera, cómoda. La afición por lo dulce y, consecuentemente, la propensión a la diabetes. Así mismo dice que no es raro encontrar atisbos de exhibicionismo y narcisismo, aunque ingenuo e infantil. 

La corrupción forma parte de la vida cotidiana en Canarias.  La corrupción se considera algo natural, lo mismo que el abuso de poder, el poder como privilegio y no como servicio. Escándalo tras escándalo y tras escándalo y no hay consecuencias. La gente lo justifica; "tu también robarías si pudieras" o incluso "serías tonto si no lo hicieras". Decía Confucio que el hombre superior es consciente de la justicia mientras que el hombre inferior es consciente de la ventaja.

El pueblo canario cansado, desmotivado, desempoderado e históricamente poco formado prefiere volver la mirada hacia otros asuntos más alegres. Pero esto es solo una huida, una huida de la realidad y de si mismo. Niega el problema que no quiere ver, pero este no desaparece, tan solo sigue ahí pendiente, latente e irresoluto.


Sigue Alemán diciendo que en el canario se da una postura de tolerancia, de aguante, de resignación. Se trata de arreglar las cosas por las buenas. Domina el pacifismo. Fundamentalmente aparece el canario como una persona sencilla y humilde en la relación con los demás. Se supone que esto tiene un lado positivo, porque supone una cierta filosofía de la vida, tomándose las cosas con calma, aunque en realidad sea la manifestación de un "yo" débil y desempoderado que se siente incapaz de cambiar las cosas, que se siente sujeto pasivo de la vida y que cree que no hay nada que hacer. Por eso, evita la frustración y el sufrimiento que la realidad le provoca y desconecta, no se enfrenta a ella y adquiere una actitud autoindulgente. 

El aspecto negativo de está actitud surge en el momento de considerar la eficacia o resultados prácticos de la misma, ya que es precisamente esa actitud autoindulgente la que sostiene el régimen corrupto de opresión y el estancamiento que sufre. Por ello es al mismo tiempo victima y cómplice, porque otorga su consentimiento, aunque sea de forma pasiva, ya que el consentimiento es la base y naturaleza de todo poder.


Por supuesto que toda moneda tiene dos caras y la moneda de la corrupción no es ninguna excepción. La aceptación de la corrupción no solo tiene que ver con una actitud autoindulgente, sino también con la indefensión aprendida, la falta de estímulos y la cultura de la impotencia.

Te has preguntado porqué a los elefantes en el circo se les ata la pata a unas ridículas estacas de madera que fácilmente podrían arrancar con su propia fuerza. La respuesta está en la indefensión aprendida. De pequeño "aprendió" que no podía liberarse y ahora ya ni lo intenta. La frustración que sufrió de pequeño al no poder liberarse provoca una “adaptación psicológica” para procesar tanto dolor y frustración, siendo esta la única salida posible que encontraron. Sienten que es una situación sin salida ante la que no hay nada que pueda hacer pero los únicos barrotes que realmente los atan están en su mente.


Para Eduardo Galeano, el intelectual uruguayo, la cultura de la impotencia es la peor de las herencias coloniales. Pero no hace falta ser "colonizado" para caer en la cultura de la impotencia fruto de la indefensión aprendida, el gaditano del párrafo que pusimos al principio decía que en su comunidad no existía la idea de que una vida mejor debería ser posible y por tanto se conforma y adapta a lo que hay. Tiene la sensación de horizonte cerrado, cree que no se puede hacer nada para cambiar la situación y tampoco encuentra ninguna motivación para intentarlo.

La indefensión aprendida es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Por tanto tiene la sensación subjetiva de no poder hacer nada y que no responde a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar la situación y se comporta pasivamente.

Es como al perro al que han atado con unas correas en un experimento y al que han sometido durante largo tiempo a descargas eléctricas de las que no puede escapar. Cuando finalmente desatan al perro y este podría escapar, simplemente no lo hace. Soporta estoicamente las nuevas descargas eléctricas. Ha aprendido su indefensión, su completo desempoderamiento y ahora las correas no están en su cuerpo sino solo en su mente.



El concepto de indefensión aprendida nos habla de la necesidad de liberarnos de los prejuicios y limitaciones que nos imponemos a nosotros mismos o que nos han impuesto otros. Iván Capitán en un reciente artículo publicado en Tamaimos dice que "Los canarios estamos saturados de cultura de la impotencia. Mamamos impotencia desde la cuna: somos pequeños, estamos lejos, estamos aislados, no tenemos recursos. Pero ¿es verdad?". 

No, no es verdad, nos han dicho que somos ultraperifericos cuando en verdad estamos en medio de un mundo globalizado, han alterado nuestra percepción de la realidad para hacernos creer que no podemos. En realidad Iván está hablando, lo mismo que Eduardo Galeano en el siguiente párrafo, de la indefensión aprendida.
El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. - Eduardo Galeano/ El libro de los abrazos
Por tanto vemos que no solo existe una relación entre la gula (autoindulgencia) y la corrupción, también existe entre la indefensión aprendida y la corrupción. El mecanismo es el mismo aunque el matiz sea completamente distinto.

Decíamos en el anterior artículo al hablar de la gula que  "Si uno no cree en nada, si uno implícitamente piensa que la autoridad no sirve, que el sistema está corrompido y que no hay nada que hacer entonces uno debe hacer lo que a uno más le conviene, es decir, aprovecharse hedonísticamente de ella." Pues lo mismo ocurre con la indefensión aprendida, si uno cree que no puede cambiar nada, que no tiene ningún control ni influencia sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil,.. pues cae en el conformismo y la resignación igual que el elefante o algunas victimas del maltrato, o en el hedonismo y los carnavales que es la parte alegre del mecanismo con el que trata de olvidar la cruda realidad.

Un gobierno corrupto es tan solo el reflejo de una sociedad moralmente corrupta, pero la corrupción no es un pecado tan grave a los ojos de quien tiene que ejercerla para sobrevivir no emitiendo una factura, trabajando en negro o comprando peonadas del PER en Andalucía. Esta actitud difiere un poco de la del goloso autoindulgente que decide aprovecharse hedonistica de ella. Pero ambas actitudes llevan a lo mismo, al consentimiento pasivo, que es precisamente lo que necesita el poder y el status quo para perpetuarse.

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