Anatomia de una crisis

Todas las crisis son distintas y todas las crisis son iguales. Los países que se encuentran en una situación económica desesperada suelen estarlo por una sencilla razón: Las poderosas elites locales crecieron mas de lo que debian/podian en los buenos tiempos y tomaron demasiados riesgos.

Generalmente en los países en vías de desarrollo, los gobiernos y sus aliados del sector privado forman estrechos lazos. En las partitocracias del sur de Europa ocurre lo mismo. El aparato de partido ha invadido el sector privado y forman un nudo intrincado y cerrado junto a la elite empresarial afín al partido. En estas circunstancias los países son gestionados como una empresa maximizadora de beneficios, en la que los oligarcas y el aparato del partido serian los accionistas.

 
Cuando un país crece, crecen también las ambiciones de la elite empresarial y política. Se creen los masters de su pequeño universo particular. Los oligarcas invierten, adquieren otras compañías, y se embarcan en planes ambiciosos que crean puestos de trabajo. Por ello su peso dentro de la élite política se ve incrementado. Apoyo político significa mejor acceso a lucrativos contratos, subvenciones, exenciones fiscales, clientelismo y corrupción. Para el aparato del partido significa financiación ilegal con la que enriquecerse, fortalecerse, pagar campañas electorales y comprar voluntades.

Lo que ayer eran “public-private partnerships” hoy resulta claro que es “clientelismo político”, “capitalismo nepotico” o “capitalismo partitocrático”, un término que define a la economía capitalista en la que el éxito en los negocios depende fundamentalmente de las conexiones políticas. 

El capitalismo nepotico o partitocrático aparece cuando el nepotismo político se traslada al mundo de los negocios. Amistades, lazos familiares y estrechas relaciones entre los empresarios y el gobierno, que influye en la economía y la sociedad a la que corrompe completamente. Puede tomar muchas formas; ayudas y subvenciones, restricciones administrativas a las entradas de productos y nuevas empresas, distribución de licencias, exenciones fiscales, control y acceso privilegiado al crédito y al sector financiero, etc..

Los oligarcas próximos a los aparatos de los partidos se dan cuenta que sus conexiones políticas les permitirán traspasar al gobierno cualquier problema que surja. Por ello asumen más riesgos de los debidos, derrochan dinero y construyen imperios masivos sobre montañas de deuda. La actividad inversora en un primer momento beneficia la actividad económica general, pero también empiezan a hacer operaciones y apuestas económicas más grandes y más arriesgadas.




Los bancos y cajas locales, a veces presionados por el propio gobierno, son demasiado propensos a concederles créditos. El exceso de apalancamiento siempre acaba mal y esto es así tanto para un individuo, como para una empresa o un país. Más tarde o más temprano, las condiciones de crédito se endurecerán, el ciclo expansivo del crédito se acabará y nadie les prestará ya dinero barato.

La espiral negativa es muy rápida. Grandes compañías al borde de la bancarrota, y los bancos y cajas locales que les habían prestado al borde del colapso. Con el grifo del crédito cerrado se produce una parálisis económica y las condiciones empeoran rápidamente. El gobierno usa sus reservas para pagar por las importaciones, pagar los intereses de la deuda y rescatar las empresas afines al aparato del partido del sector privado. Pero las reservas se agotan y si el país no ha sido capaz de enderezarse antes de que esto ocurra tendrá que hacer default en su deuda pública, que ya no puede refinanciar a tipos competitivos debido a la creciente incertidumbre.


Existen dos preguntas fundamentales por parte de los inversores que financian la deuda pública, la primera es la refinanciación de la deuda, ¿será el país capaz de refinanciar la deuda para cubrir sus obligaciones en el corto plazo? La segunda es el crecimiento, la viabilidad a medio plazo, ya que sin crecimiento no se pueden generar los ingresos fiscales para el repago de la deuda pública*. 

El gobierno, que actúa contrarreloj para detener la sangría, tiene que decidir quien se salva y quien cae. Algunos de los campeones nacionales, con hemorragia de liquidez, son vendidos o sacrificados. Paralelamente se intenta reestructurar y recapitalizar el sector financiero, cuyos balances se han deteriorado al máximo. En otras palabras, se trata de exprimir y reducirles el poder a, al menos, algunos de los oligarcas.

Pero reducir el poder de la oligarquía no suele ser la estrategia preferida de gobiernos corruptos. Por el conbtrario, al comienzo de la crisis, los oligarcas son los primeros en obtener una “ayudita del gobierno”, una exención fiscal por aquí, un contrato por allá, acceso preferencial al crédito o asumir/garantizar la deuda privada con cargo al erario público

Bajo la presión, la generosidad hacia los “viejos amigos” se torna un prolífico ejercicio de imaginación e innovación. Mientras tanto, necesitando exprimir a alguien, la mayoría de los gobiernos miran primero hacia el pueblo llano, los contribuyentes y los trabajadores,… al menos hasta que los disturbios se hacen demasiado grandes.
Llegados a este punto el gobierno reconoce que algunos miembros de la élite tienen que caer antes de que la recuperación pueda empezar. No hay dinero para todos y el gobierno no puede asumir “toda” la deuda privada. Por supuesto los oligarcas opondrán resistencia, movilizando alianzas, poniendo presión para conseguir más ayudas en otras partes de la administración pública, o incluso intentaran una subversión en casos extremos.
En 1997 la verdadera pelea en Tailandia e Indonesia era ver que familias perdían sus bancos y quien las conservaba. En Tailandia fue un proceso relativamente suave, mientras que en Indonesia llevo al caos económico y precipito la caída del presidente Suharto. 

En España hay una lucha para ver que partidos o comunidades autónomas mantienen sus cajas y quien las pierde. Ejemplo de esto la tenemos en la fusión de Cajamadrid (Madrid-PP), Bancaja (Valencia - PP) y la de la Rioja (también del PP) a la que se le ha puesto en bandeja la absorción de la Caja Insular de Ahorros de Las Palmas de manos de Don (El) Jose Manuel Soria, y la aquiescencia del alcalde de Las Palmas de Gran Canaria D. Jerónimo Saavedra (PSOE). Con las cajas gobernadas por el PSOE ha pasado lo mismo, entre los dos partidos mayoritarios se han repartido el juego. 

Esto explica el porqué la fusión de las cuatro cajas canarias ha sido impedida y saboteada por la Caja Insular, una caja dirigida por el PP y el PSOE (presidente y director general de la misma respectivamente) que se ha usado como moneda de cambio. Igualmente Banca Cívica, entre Cajacanarias y la Caja Navarra, imposibilita la unión de las cajas vasco-navarras y de las cajas canarias.

Por supuesto que todo país en crisis necesita un préstamo pero, más que eso, lo que se necesitan es hacer grandes cambios para que el préstamo pueda funcionar. Necesitan aprender a vivir dentro de sus posibilidades después de un periodo de excesos y hacer reformas. La receta económica es la parte fácil, no suele ser muy complicado. El mayor obstáculo para la recuperación está en la política de los países en crisis. Alguien tiene que perder y los oligarcas que fueron parte importante del problema, y los aparatos de los partidos que necesitan financiación tienen que asumir sus pérdidas.

Si el gobierno no es capaz de arrogar a algunos de sus viejos amigos a los lobos, si no es capaz de estar a la altura de las circunstancias y pretende mantener un capitalismo nepotico y partitocratico, la factura la termina pagando trabajador y el contribuyente. Y eso es ni mas ni menos lo que está pasado en España. 

El problema es que el agujero patrimonial de la banca española es mucho mayor del que se dice. La tasa de mora, si contamos el crédito sub-estándar, no es del 5,4% como se dice sino que probablemente esté entre el 12 y el 14%. Los pisos tampoco han bajado un 5% desde el 2006 como dice el ministerio de vivienda, ni el 12% que dijo los test de resistencia de la banca. Los índices de compraventa efectiva dicen que han bajado al menos un 32%. Eso el residencial porque el suelo y el comercial ha bajado mucho mas. Los activos del sistema financiero pueden estar sobrevalorados en un 30 a un 50%.



Igualmente yo no me creo la bajada del PIB de un 3% y un 0,3%, yo creo que ha sido mas severa,... digamos entre un 14 y un 17%. El mercado se ha dado cuenta de que las cifras españolas están falsificadas.

El triángulo formado por cajas/bancos, sistema político y constructoras/ promotoras/ inmobiliarias han inducido a la gente a error al negar la existencia de la burbuja inmobiliaria, su posterior explosión y presentar cualquier momento en el que hablen como el idóneo para comprar un piso.

La realidad es bien distinta. En España existen más de tres millones de pisos vacíos, 1,35 millones en proceso de construcción además de más de 600 mil de segunda mano a la venta, 650 mil de primera mano que buscan comprador y 200 escriturados y no registrados. La oferta total de pisos excede los 5.700.000. Por otro la demanda real podemos cifrarla en torno a las 130.000 a 240.000 unidades por año. Así mismo, la pirámide de población en España está cuasi-invertida, el crecimiento de la poblacion sera de 125.000 personas contra las 600.000 de los últimos años. Asi mismo el 2011 puede ser un annus horribilis para los precios de los pisos.


* Si eres un tenedor de bonos soberanos a largo plazo lo que te preocupa es la situación a 7-10-15 años, es decir la viabilidad,. Además te preocupa la inflación, es decir si el gobierno en un intento desesperado pone la máquina de hacer billetes a funcionar, (monetizar la deuda en términos técnicos), lo que conseguirá es hundir la divisa aun mas.
** Ver Borja Mateo "La verdad sobre el mercado inmobiliario espanol" y articulos de Simon Johnson, ex-economista jefe del FMI