Tres marcos nocivos que dificultan comprender Canarias
En Canarias, el debate sobre identidad, dependencia y colonialismo suele quedar atrapado entre tres marcos interpretativos: la ultraperiferia, el marxismo y la posmodernidad. Cada uno explica una parte de la realidad canaria, pero también puede contribuir —desde perspectivas muy diferentes— a desplazar la pregunta fundamental sobre las relaciones de poder entre Canarias y España.
El problema no es únicamente cómo se interpreta la economía o la historia de Canarias, sino qué categorías se permiten para nombrar esa realidad. La distancia económica, administrativa, cultural y lingüística respecto a la Península puede ser descrita como insularidad, lejanía, particularismo o ultraperiferia; del mismo modo, la desigualdad puede explicarse mediante el capitalismo turístico, la globalización o las relaciones de producción. La cuestión que permanece abierta es si estos conceptos explican suficientemente la estructura política de poder que ha configurado Canarias.
Canarias y el lenguaje que disfraza la realidad
Decíamos en un reciente articulo que el gaslighting colectivo en Canarias no es solo "decir o escuchar una cosa mientras se vive otra". Es también la instalación de una discontinuidad entre percepción y la autorización para nombrar lo percibido.
El canario puede sentir la distancia (lingüística, económica, administrativa, cultural) respecto a la Península, pero el aparato discursivo de la Hispanidad le retira las categorías para nombrar esa distancia como lo que es.
Se le ofrecen numerosos sustitutos: "insularidad", "lejanía", "posición geográfica", "particularismo", "ultraperiferia", "tricontinentalidad", "islas españolas en el Atlántico" — categorías despolitizadas que explican el malestar sin permitir el "tabú" de la palabra "colonia".
Esto es exactamente el mecanismo que Fanon describe en Peau noire, masques blancs sobre la alienación lingüística. No es solo que al colonizado se le imponga una lengua, es que se le imponen las categorías dentro de las cuales puede pensar su propia condición.
El canario hereda un vocabulario ("español", "hispanidad", "región", "Comunidad Autónoma Ultraperiférica") diseñado precisamente para que la palabra correcta - que es "colonia" - nunca aparezca.
El marxismo y la sustitución de la estructura de poder
Pues lo mismo ocurre en el plano ideológico. Al canario se le ofrecen sustitutos ideológicos para explicar su realidad. Autores marxistas demonizan la apertura económica de la sociedad y romantizan una autarquía pastoril y agraria. Olvidan que las economías pequeñas e insulares que han triunfado son las que se han abierto al mundo y participado en los flujos globales como Singapur, Mauricio, Taiwan, Dubai, Suiza, Islandia o la Republica de Venecia.
Un ejemplo reciente ilustra el mecanismo con precisión casi clínica. Un
artículo de Canarias-semanal sobre "Psicología del hombre canario" de Manuel Alemán —el mismo libro que ya citamos por su concepto de "conciencia neblinada"— reconoce que Alemán detectó algo real, que la dependencia histórica termina sedimentándose en la vida emocional colectiva. Pero le reprocha no haber "llegado a la raíz", que según el análisis marxista se encuentra en las "relaciones de producción capitalista" y el "capitalismo turístico internacional". El artículo pregunta, con razón, quién posee el suelo y quién se beneficia del turismo, pero ahí se detiene.
Nunca pregunta quién decidió el estatuto RUP en vez del PTU, quién amenazó con el 155 para forzarlo, quién diseñó una Ley Electoral Canaria que un catedrático de Políticas ya calificó de rozar la inconstitucionalidad, quién desmontó los puertos francos que tanta prosperidad dio al integrarnos en ese capitalismo internacional que tanto critica, quien diseñó y aprueba el REF y para que intereses. El autor se detiene justo antes de las preguntas que importan. El "capitalismo internacional" ocupa limpiamente el lugar donde debería estar la palabra "metrópoli".
El marxismo no solo es el culmén de la arrogancia humana y un fracaso histórico allí donde se ha ensayado sino que ofrece numerosos sustitutos para explicar el malestar y la pobreza. El "capitalismo internacional", la "globalización", "relaciones de producción capitalista", "circuitos de acumulación", "capital financiero internacional" categorías que vuelven a explicar el malestar sin permitir el "tabú" de la palabra "colonia".
La estructura de producción sustituye a la estructura de poder, y la pregunta política — ¿Quién gobierna y para beneficio de quién? — queda otra vez sin hacerse.
Ahora el problema no es la metrópoli que te han invadido y establecido toda clase de políticas e instituciones extractivas, ahora el malo es el "capitalismo internacional" que ha generado prosperidad en otros territorios insulares.
Acierta en denunciar los problemas pero erra en el diagnostico y en la salida. Más gaslighting, más confusión, más conciencia neblinada.
Y es que lo primero que hace una metrópoli es establecer un partido comunista en la colonia.
El cacique como intermediario del sistema colonial
Gran parte del pensamiento crítico de izquierda, cuando llega a Canarias, comete un error de diagnóstico que termina apoyando y sosteniendo al propio sistema que dice combatir. Confunde la jerarquía con sus eslabones. Señala al cacique local, al empresario turístico, al político regional que pacta con Madrid, como si fueran la causa de la extracción y no su síntoma. Se libra así una batalla contra rostros y apellidos concretos —el hotelero, el alcalde, el diputado autonómico— mientras la arquitectura que los produce, los necesita y los sustituye en cuanto dejan de ser útiles permanece completamente intacta y fuera del debate.
La crítica agota su energía en la superficie visible del poder y nunca llega a tocar su cimiento. Memmi ya advirtió que toda estructura colonial necesita intermediarios locales para funcionar: no se sostiene por la fuerza bruta permanente, sino por una cadena de actores periféricos que administran la extracción a cambio de una porción de renta y una cuota de estatus.
El cacique no es una anomalía moral del sistema ni una desviación corrupta que pueda extirparse mediante regeneración ética o recambio generacional; es una posición estructural que la jerarquía centro-periferia genera necesariamente y que volverá a ocupar otro nombre en cuanto el actual desaparezca.
Esto será así mientras el diseño institucional que la produce —el REF como concesión discrecional, la ley electoral como filtro de lealtades, el reclutamiento centralizado de la administración— siga en pie. Confundir al intermediario con la arquitectura es, en el fondo, la forma más eficaz que tiene la propia arquitectura de perpetuarse. Mientras la indignación se dirija contra la persona, nadie exige el cambio de las reglas que la hicieron posible.
Cuando el colonizado aprende a despreciar su propio pasado
Y el triple coctel venenoso se completa con la postmodernidad woke, feminista e igualitaria que en Canarias se usa para señalar injusticias y diferencias mínimas - unos comían más o mejor que otros, la mujer plebeya doblemente discriminada y cosas así.
El wokeísmo académico trata de vaciar lo guanche de identificación afectiva — el sujeto canario contemporáneo, educado en la sospecha hacia toda sociedad premoderna como intrínsecamente opresiva, no puede ya sentir hacia la sociedad amazigh-canaria el vínculo de pertenencia, dignidad y orgullo gracias a la machangada de aplicar categorías de justicia social del siglo XXI (patriarcado, clase, género, interseccionalidad) a una sociedad amazigh-canaria del siglo XV sin ningún marco comparativo.
Esto es, en si mismo, un acto anti-antropológico — la antropología moderna exige precisamente lo contrario, entender una sociedad según su propia lógica interna antes de juzgarla. El problema no es que hubiera desigualdad interna en las sociedades tuareg, canaria o guanche —la había, como en toda sociedad humana— sino que no se hace la comparación con la sociedad castellana de la época mucho más opresiva y desigual donde la mujer no pintaba nada.
Además, usa categorías europeas trasplantadas presuponen una arquitectura institucional y unas relaciones de poder muy específicas que no existen en los sistemas de linaje y jefatura nativos. Es exactamente el mismo truco que usó el discurso francés en el norte de África.
Y de ahí que el discurso woke anticolonial en Canarias consiga, en el fondo, exactamente lo mismo que el discurso colonial francés del siglo XIX y XX en el norte de Africa. Desprestigiar a las sociedades nativas en base a comparaciones falaces.
El resultado es una asimetría emocional perfecta. Hacia el pasado español se sigue el relato de una excepcionalidad benigna de unicornios y arco iris, incluso negando el genocidio y el etnocidio desde el Parlamento de Canarias. Hacia el pasado aborigen el relato es el de la sospecha permanente.
Y es que el peor colonialismo es el que consigue que el colonizado termine despreciando su propio pasado creando una imagen deformada del mismo..
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