La conversación entre Juan Rucillo y Younes constituye uno de los momentos más intensos de Lo que el día debe a la noche. Más allá del conflicto entre dos personajes, la escena resume algunos de los mecanismos psicológicos fundamentales del colonialismo descritos por Albert Memmi en Retrato del colonizador. El mito de la tierra vacía, la racionalización moral, la violencia como último argumento y la incapacidad del colonizador para reconocer la legitimidad del colonizado aparecen condensados en apenas unos minutos de diálogo.
La conversación entre Juan Rucillo y Younes
El hacendado de origen andaluz Juan Rucillo es la versión masculina de Madame Cazenave. Madame Cazenave.es sutil e hipócrita, Rucillo directo. Es el colonizador que ha aceptado serlo. El privilegiado ilegitimo, el usurpador que acepta su condición y que la defiende con uñas y dientes. Más que el placer hedonista busca el poder, la superioridad. Es un hombre de acción, como su hijo mayor. Su hijo menor es un perdedor que tiene un bar y que descarga su frustración maltratando físicamente a sus criados argelinos.
Juan Rucillo saca a Younes de comisaria y se lo lleva al campo en su jeep. Allí trata de convencerlo del discurso colonial. Le dice que cuando su bisabuelo llegó a Argelia allí no había nada. Que si ellos se van en 20 años Argelia no producirá nada, que Argelia se lo debe todo a ellos. Younes le contesta que la tierra no es suya. Que antes de que vinieran allí ya había gente, que quizás no tuvieran nada pero tampoco les importaba, eran felices antes de que llegara la desgracia de la colonización. Le repita que la tierra no es suya, que no le pertenece. Que pertenece a ese pastor que ambos observan cuidando sus ovejas y tocando la flauta, y que no le quepa duda que al final el pastor ganará. Le repite que la tierra pertenece a ese pastor pero que Rucillo no lo ve porque no quiere verlo.
Juan Rucillo es un personaje muy apegado a la propiedad de la tierra, para él es lo más importante. Ante los argumentos de Younes le confiesa que cometieron errores, pero ¿Quién no los comete? Se sube en su coche y deja a Younes tirado allí, en medio del campo, no sin antes decirle que "he sacado el fusil para proteger a los míos y detesto la sangre" como advertencia.
Esta segunda escena es un choque ideológico brutal y representa el núcleo teórico más puro de Retrato del Colonizador de Albert Memmi. El diálogo entre el hacendado Juan Rucillo y Younes es, literalmente, un debate entre el "Mito del pionero" y la "Recuperación de la dignidad del colonizado".
1. El Mito de la "Tierra Vacía" y el Complejo de Nerón
El hacendado Juan Rucillo recurre al argumento clásico de todo colonizador: "Cuando mi bisabuelo llegó, aquí no había nada" y "Argelia se lo debe todo a ellos". Memmi llamó a esto el "Complejo de Nerón" y el "Mito de la Tierra Vacía". Para justificar el hecho de haber usurpado las tierras de otros, el colonizador debe construir un mito fundacional: la idea de que él trajo la civilización, la agricultura y el progreso a un desierto baldío habitado por salvajes. Si el colonizador admite que la tierra ya era rica o que pertenecía a una cultura legítima, se convierte automáticamente en un ladrón. Al decir que allí antes "no había nada", Rucillo se autoproclama creador y salvador de Argelia, legitimando su propiedad.
2. La profecía del Pastor: La reconquista de la Historia
La respuesta de Younes sobre el pastor que cuida sus ovejas y su absoluta certeza de que "el pastor ganará" encaja el análisis de Memmi: Memmi explicaba que el colonizado, tras años de ser despojado de su historia y reducido a la nada, llega a un punto de quiebre. El "pastor" representa al argelino nativo que nunca se asimiló, que mantuvo su conexión mística e histórica con la tierra a pesar de no tener títulos de propiedad europeos. La predicción de Younes de que el pastor ganará refleja la teoría de Memmi de que el sistema colonial es inherentemente insostenible. La opresión genera tal presión que la victoria del colonizado no es una posibilidad, sino una certeza histórica inevitable.
3. La justificación de los "Errores" y la Huida en Coche
Cuando Rucillo se ve acorralado por las palabras de Younes, su única defensa es relativizar la atrocidad: "Cometimos errores, pero ¿Quién no los comete?". Acto seguido, se sube al coche y huye, abandonando a Younes en el campo, no sin antes soltar una amenaza de uso de la violencia.
Esta es la capitulación moral del colonizador. Memmi señala que cuando el colonizador ya no puede sostener sus mentiras frente a la evidencia de la injusticia, recurre a la banalización. Tratar el despojo violento de un país entero, la segregación y la sangre derramada como simples "errores humanos" es el último recurso para no perder la cordura ni el orgullo.
Rucillo subiéndose al coche representa la desconexión física y moral de la élite colonial. Ante la verdad irrefutable del colonizado, el colonizador no puede sostener la mirada; prefiere huir a su burbuja de privilegios (el coche, la hacienda) antes que aceptar que todo su mundo está construido sobre un crimen.
4. La ceguera del privilegio
Cuando Younes dice: "pero eso usted no lo ve porque se niega a verlo" alude a la ceguera selectiva del colonizador. Es una crítica directa. Memmi argumentó que el colonizador no puede darse el lujo de ver al colonizado como un ser humano con derechos legítimos, porque hacerlo destruiría su propio marco moral. Rucillo debe permanecer ciego ante el derecho del indígena a la tierra. Si reconoce al indígena, Rucillo se convierte ante sus propios ojos en un ladrón. Por tanto, su ceguera no es accidental; es una necesidad psicológica para proteger su riqueza y su conciencia. Younes desenmascara este mecanismo de defensa en voz alta.
Todos los procesos coloniales generan una narrativa moral que convierte la ocupación en algo normal o incluso deseable. Ningún pueblo quiere considerarse a sí mismo como colonizador, excepto quizás el español. Como decía Albert Memmi; "Para existir, el colonizador necesita fabricar un retrato degradado del colonizado". Para construir un marco mental que le permita justificar sus acciones recurre al mecanismo de la racionalización, lo mismo que Madame Cazenove en el dialogo de la farmacia.
En sentido general, recurrimos a la racionalización para intentar explicar y justificar de manera aparentemente racional o lógica nuestros comportamientos o lo que nos ha sucedido, para que esos hechos se vuelvan tolerables o incluso admirables. Y así construimos una mentira y quedamos atrapados por lo que no queremos reconocer.
5. La violencia como último argumento
"He sacado mi fusil para defender a los míos" dice finalmente Juan Rucillo antes de irse y dejar allí a Younes, mostrando jerarquía y poder, Rucillo deja caer una amenaza física mencionando su fusil. Es el momento exacto en que la máscara de "colonizador de buena voluntad" se desliza por completo, exponiendo los cimientos crudos del colonialismo.
Desde la perspectiva desarrollada en Retrato del colonizador el colonialismo nace de la violencia, se sustenta en la violencia y sólo puede defenderse mediante la violencia. Cuando los argumentos de Rucillo sobre la historia, el trabajo duro y la tarea "civilizadora del desierto" son desmantelados por la verdad de Younes, se queda sin palabras. Lógicamente no puede derrotar a Younes, por lo que recurre al verdadero lenguaje de la colonia, el arma. Al amenazar con la violencia, Rucillo restablece la única jerarquía que conoce. La que está respaldada por la pólvora y el poder de la metrópoli sosteniendo su privilegio.
Están representando exactamente el final que Memmi predijo para el sistema colonial. Es el inevitable retroceso hacia la violencia estructural cuando los mitos y el relato fallan.
6. "Y detesto la sangre"
Esta es la última paradoja colonial. La frase final de Rucillo, "y detesto la sangre", es la máxima expresión de la neurosis colonial y la "mala fe" (mauvaise foi). Memmi dedicó un estudio profundo a cómo el colonizador desea desesperadamente verse a sí mismo como una persona pacífica y civilizada, incluso mientras participa en un sangriento sistema de subyugación. Rucillo quiere el privilegio del fusil sin la culpa moral del verdugo. Al decir que "detesta la sangre", está tratando de echarle la culpa de cualquier violencia futura a los colonizados. Lo que está insinuando es "Si me veo obligado a dispararte para proteger mi tierra robada, será tu culpa por obligarme a hacerlo, no la mía".
7. El pastor contra el fusil
Esta tierra pertenece a ese pastor, pero eso usted no lo ve porque se niega a verlo. El contraste central es el pastor contra el rifle. Esta escena enfrenta brillantemente a dos fuerzas opuestas entre sí. Por un lado Younes/El pastor representan la legitimidad histórica, la paciencia y una conexión orgánica con la tierra. Por el otro Rucillo y su fusil representan la propiedad artificial, la ficción legal y la dependencia de la fuerza bruta para sostener el abuso.
Rucillo deja a Younes varado en el campo porque se da cuenta de que a pesar de tener el auto, los títulos de propiedad y el rifle, ya perdió la guerra moral. Está aterrorizado porque, en el fondo, sabe que Younes tiene razón: el pastor ganará, y el fusil sólo puede retrasar ese futuro, no impedirlo.
Ambas escenas muestran las dos caras de la misma moneda desde la perspectiva desarrollada en Retrato del colonizador que Memmi teorizó. La madre de Émilie representa la hipocresía de la asimilación afectiva, y Juan Rucillo representa la hipocresía del derecho de propiedad y la economía colonial. En ambos casos, las máscaras de los colonizadores caen cuando se enfrentan a la dignidad inquebrantable de Younes.
El enfrentamiento no es únicamente político. Es una confrontación entre dos formas opuestas de entender la legitimidad. Para Rucillo, la propiedad nace del trabajo y de la ley colonial. Para Younes, nace de la continuidad histórica entre un pueblo y su tierra.


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