Cho Lucio, de gaviotas y pardelas: la diferencia entre vivir de migajas o construir el futuro


De gaviotas y pardelas

"Cho Lucio es el personaje central de "Los Relatos de Cho Lucio; enseñanzas de la espiritualidad de los antiguos canarios". Un viejo sabio ancestral - guardián de la tradición y el conocimiento antiguo - que utiliza historias y símbolos de la tierra para hablar de cultura, ancestralidad, filosofía de vida, espiritualidad, futuro y poder."

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Cho Lucio: De gaviotas y pardelas

Había ido a ver el atardecer a los riscos que están por encima del Roque Partido, mal llamado Dedo de Dios, y cuyo verdadero nombre nativo era Roque Awane. Había subido por el camino que va de Agaete a Guayedra y a Tamadaba, para luego salirme de él, a fin de evitar al turista ocasional que a veces baja o sube medio perdido.

Allí volví a encontrarme con cho Lucio después de bastante tiempo. La tarde estaba serena. El mar azul bajo el sol de la tarde. Un mar en calma. En el horizonte, Tenerife.

- Veo que has estado practicando los ejercicios que te enseñé – me soltó cho Lucio. Por fin entendiste que no se trata solo de entender sino de practicar. ¡Alabado sea Achamán!

Sonreí, el viejo no había tardado ni un segundo en echarme las puntas. Pero era cierto. Había estado practicando los ejercicios que aprendí de él. Eran varios ejercicios para sanarte con la tierra, con el mar, con el sol. Para coger la fuerza de la tierra, para liberarte con el sol, para conectarte a las estrellas, la luna etc... En realidad eran variaciones secretas de un mismo ejercicio, que permitían dirigirlo hacia un objetivo u otro. De hecho, antes de subir a ver el atardecer, había estado practicando uno de esos ejercicios en un viejo drago del pueblo. Como me había dicho el viejo en su día, el secreto era la constancia, entender los ciclos.

- Yo también me alegro de verlo- dije devolviéndole la punta.

- ¿Y que te está enseñando el drago? - me preguntó.

- A ser- conteste. A centrarme, a conectar.

El sol iba bajando pero todavía le quedaba por lo menos hora y media para ponerse, según medí con los dedos. Abajo, afuera de la bocana del muelle, un grupo de aves marinas revoloteaba sobre un cardumen de pescado. Aquel había sido un buen año. Un año de lluvias. Los barrancos habían corrido y habían depositado minerales en el mar, disparando las cadenas tróficas que permiten la vida. Los marineros decían que cuando los barrancos corrían "era bueno para la sardina", y si había sardina había más pescado que se alimentaba de ella.

- Un día te hablé de las gaviotas, ¿recuerdas? - me dejó caer cho Lucio.

- Sí, claro que recuerdo.

- ¿Y que recuerdas?

Cho Lucio me había contado, un día en las zonas turísticas del sur de la isla, que los “de afuera” son como las gaviotas. Vienen a comer de nuestro plato, esquilman y cuando ya han esquilmado levantan el vuelo y se van… buscan la ganancia rápida y fácil y levantan el vuelo sin sufrir las consecuencias de sus acciones a largo plazo. Pero nosotros, que permanecemos aquí, que pertenecemos a la tierra, tenemos que cargar con las consecuencias y el destrozo que enriquece a otros. Los de afuera esquilman, nosotros permanecemos en nuestra tierra, y luchamos por ella.

- Fíjate bien – me dijo señalando el cardumen y las aves. ¿Qué ves?

- Gaviotas tirándose a la sardina.

- No, no son solo gaviotas.

- ¿Y eso?

- ¿Ves que algunas son más grises y vuelan distinto? Esas son las pardelas. Hay gaviotas y pardelas. La pardela es cazadora, se lanza a cazar la sardina. La gaviota es carroñera, está ahí para ver si le cae algo o si le puede quitar algún pescado a las pardelas.

La pardela no roba, no mendiga porque confía en si misma, porque sabe cazar- siguió contando cho Lucio. No necesita que nadie le alongue la comida. No necesita pedirle permiso a nadie. Es libre sobre el Atlántico y sabe aprovechar las oportunidades. No le tiene miedo al horizonte. Lo único que necesita es que no le corten las alas y que la dejen libre. Que no la confundan y desorienten con luces falsas para tirarla al piso1.

En cambio la gaviota come mierda. Es carroñera. Se alimenta de las sobras. Va detrás de los barcos de pesca a ver que le cae, porque les tiran las tripas y los desechos de limpiar el pescado. Y cuando no tira pa tierra y esquilma los burgados en la costa, o a revolver la basura pal vertedero, o ratones, o ardillas en Fuerteventura, o caracoles, o lo que pille.

- ¿Te has dado cuenta de que, en Canarias, los políticos y la mayoría de los empresarios son gaviotas comiendo los desechos que les tiran o que les dejan?,... ¡Que distinta seria Canarias si en lugar de gaviotas fueran pardelas! - remató el viejo.

Y es que a veces una conversación al atardecer explica mejor un país que mil discursos...



No necesitamos más gaviotas peleando por desperdicios, necesitamos pardelas capaces de cazar su propio futuro.

¿Y tú que eres, gaviota o pardela?

¿Y tu corazón?


1 A principios de otoño, las crías de la pardela cenicienta atlántica abandonan las huras —los nidos en cuevas o barrancos— para lanzarse a solas en su primer vuelo hacia el mar. Lo hacen de noche, guiándose por la luna, pero muchas veces caen al suelo cegadas y desorientadas por la iluminación artificial de las zonas turísticas y el alumbrado urbano e interurbano de las poblaciones costeras. Deslumbradas se desorientan y suelen chocar contra farolas y focos.

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