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| La tierra está cansada de mentiras |
Benito Pérez Armas fue un escritor y político de finales del XIX y primer cuarto del siglo XX. Nacido en 1871 en Yaiza, Lanzarote, escribió esta pequeña fábula dedicada a su paisano y también brillante escritor isleño, José Betancort Cabrera, más conocido por su pseudónimo Ángel Guerra.
Bajo la apariencia de una sencilla fábula, Pérez Armas construyó una preciosa alegoría sobre la raíz olvidada del alma canaria.
En "Lo que dice el Bosque", árboles sagrados dialogan con un anciano y un joven sobre identidad, perseverancia, verdad y resurgimiento. Más que un relato, es un manifiesto filosófico sobre la Esencia del alma olvidada de un pueblo.
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LO QUE DICE EL BOSQUE
En las piedras de un "tagoror" que domina las llanuras de la mar y las tierras costaneras, los peregrinos se sentaron. Hubo un largo y angustioso silencio... Los árboles, sin que el viento los sacudiera, parecían estremecidos como si la vida interior de las ideas crispara los troncos y agitara los follajes...
El anciano incorporó su cuerpo y con voz de conjuro exclamó:
- ¡Hablad, hablad, amigos del bosque! Queremos vuestro juicio; en nombre de mi raza, ¡lo demando!
- ¿Quién sois? ¿Qué demandáis? - dijo el barbusano.
-Yo - respondió el viejo - soy lo que vive del espíritu guanche. Este - refiriéndose al joven-, el alma que surge, los nuevos anhelos de las nuevas gentes... Lo que se va y lo que viene...
El joven, resplandeciente de hermosura, habló entonces así:
--Nada concluye. La muerte es el sueño de que nos recobramos a un nuevo existir... Un descanso, la hora de la gesta, para que surja triunfadora la Vida, reina de las reinas; diosa de las diosas... El espíritu isleño dormía; pero ya despierta, ya vuelve a la luz: Nuncio soy de resurgimientos y os saludo! ¡Habitantes del bosque hablad: dadnos el secreto de la fuerza y la perseverancia!
El barbusano añadió:
- Raíz es Voluntad; tronco, constancia, uniformidad, crecimiento; ramas, amor y libertad; fruto, conciencia de sí mismo, seguridad de la especie, perpetuación de las edades... He ahí lo que el árbol puede decir al hombre.
Más, algo más - repuso el pino. Debéis saber que quien no guarda las leyes de su especialización, de sus características, se extingue maldito de Dios... Vasta es nuestra familia; pero todos nos distinguimos por zonas y países. Diferenciarse, ser avaro cada uno de lo suyo, es ley de existencia, tributo de amor rendido a las tierras nativas, a los aires que respiramos, al sol que nos calienta... ¿A qué hablar de odios? ¿No veis nuestro ejemplo...? Pinos somos todos, constituimos una gran república; pero cada uno tiene sus modalidades y sus amores...
Sí - añadió el haya. Predicad esa idea y no vayáis contra Natura si queréis subsistir... Todos unos en lo consubstancial: todos diversos en lo específico... Así es la Tierra, madre común, madre única y madre divina, según las latitudes...
El joven había caído como en éxtasis; el anciano clavaba sus ojos en las piedras del "tagoror", mudo e impasible.
- Yo también os daré mi consejo - dijo el laurel- Cada frente gloriosa tendrá sus ramas. La Victoria es la misma; distintos quienes la riñen... Cada cual teja su guirnalda... ¡Amaos y trabajad!
- Todos sufrimos los golpes del hacha - añadió el viñátigo. Los árboles escaseamos, hemos caído; pero vosotros, nobles insulares, significáis menos cada día. ¡Talados, talados como nosotros, no lo dudéis...!
- Las cosas que se quieren con ahíncos verdaderos -expuso el mocán, llegarán al fin. ¡Debajo del Sol nada deja de tener su tiempo, hijos de Atlante...! En su día florece la vid, trina el capirote, turgen los senos de las mozas... Preparaos y confiad: la Vida no equivoca sus senderos...
Y hablaron todos los demás árboles del Bosque, excepto el Drago, que permanecía impasible.
Y tú, Drago, ¿Qué dices?--preguntó el joven, puesto en pie, en actitud suplicante.
- No hablará -repuso el anciano- sin que corra su sangre. Como el pueblo isleño, permanece mudo mientras no se le hiere.
El joven hizo entonces una incisión en la corteza del Drago y la savia roja comenzó a gotear...
Las palabras -dijo el Drago- son acciones abortadas. Es necedad hablar en demasía. ¿Qué deseáis de mi?...
- Vuestro consejo, repuso el joven. Sois el árbol sagrado de los guanches; contáis la vida por siglos; debéis estar en el secreto...
Yo sólo sé -añadió el Drago- que la tierra está fatigada de mentiras; el sol cansado de alumbrar muladares... Ocupaos en que brille la Verdad y florezca el jardín de vuestros corazones... No sé deciros más; buscad la boca adecuada a los oídos de los sordos.
¡Resurgimiento, resurgimiento! -gritó el joven.
¡Resurgimiento, resurgimiento!...-repitieron los Valles y las Montañas...
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¿Qué quiso decir realmente Benito Pérez Armas con esta alegoría? ¿Es una simple fábula literaria o una reflexión sobre cómo los pueblos mantienen su identidad sin renunciar a formar parte de algo mayor?
Al igual que en otras obras, como las de Cairasco de Figueroa, el autor deja caer sutilmente - y a veces de forma hermética - conceptos de la filosofía y la espiritualidad de los antiguos canarios que guarda la tradición oral para el que los sabe entender. Una tradición que muchos niegan pero que sigue latiendo y que sigue existiendo en el silencio que nunca muere.
Pérez Armas lanza un mensaje que se repite una y otra a vez, susurrado a lo largo de las generaciones y de los siglos, de una u otra forma; "recuerda quien eres", "recuerda cuales son tus valores verdaderos", "recuerda tu Esencia", "toma consciencia", "Ponte en pie", "Renace" o como diría Manuel Alemán, "desneblina tu conciencia".
¿Qué ideas y conceptos de la tradición oral - y de los valores de los antiguos canarios - crees que refleja el texto?
Las negritas son mías, para ponértelo fácil. No son arbitrarias.
Quizá el Drago siga diciendo hoy lo mismo que ayer: menos palabras y más verdad. Resurgimiento.

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