El sistema electoral canario es como una maquina tragaperras




He de reconocer que ser presidente de un gobierno habiendo quedado segundo requiere de una cierta dosis de talento y habilidad, pero gobernar en solitario habiendo quedado tercero en las elecciones, como  en la ultraperiferia bananaria en la que vivimos, es algo digno de estudio. El ciudadano puede votar lo que quiera que otros decidirán el gobierno que les de la gana. El sistema electoral canario es como las maquinas tragaperras que hay en los bares, te engañan con lucecitas de colores y sonidos atractivos, pero la maquina está programada para que siempre gane el propietario y pierdan los jugadores.

Los profesores del MIT americano Daron Acemoglu y James A. Robinson escribieron ya hace algunos años un importante libro titulado "por qué fracasan las naciones" en las que defendían que, en el fondo, el desarrollo de una nación depende únicamente de la resolución de una serie de cuestiones políticas básicas con el fin de alinear los intereses de la clase política con los intereses generales de los ciudadanos. 

Cuando se hacia esto se generaban una serie de instituciones políticas inclusivas que daban paso a una serie de instituciones económicas inclusivas que reducían las desigualdades y promovían el progreso y el desarrollo. En caso contrario surgen lo que se denominan instituciones políticas y económicas extractivas, basadas en el concepto de extraer privilegios. Es decir, instituciones que benefician a una minoría, a costa de sacrificar los derechos, oportunidades e intereses de la mayoría, mediante la concesión de privilegios a una casta.

Si analizamos los indicadores sociales y económicos de Canarias veremos por doquier los efectos de esas instituciones económicas extractivas. Desde la perdida de los puertos francos hasta la entrada en la UE, pasando por el REF, los altos indices de corrupción, las desigualdades sociales, la escasa calidad educativa, etc... 

Tal y como dicen Acemoglu y Robinson, unas instituciones económicas extractivas no pueden sostenerse en el vacío, necesitan de unas instituciones políticas igualmente extractivas que la sostengan y le den soporte. En el fondo una institución económica extractiva no es más que la concesión de un "privilegio" a través de la legislación, bien sea una concesión administrativa, una recalificación dudosa, una licencia del REA, una licencia de supermercado, un monopolio por aquí, un favor por allá, un asalto a las arcas públicas de por medio, una obrita a dedo, una revisión de un presupuesto de obra, etc, etc, etc ...

Pero esos privilegios no se pueden mantener en el aire, se necesita controlar el BOE o el BOC para ello, y por tanto es necesario una ley electoral fraudulenta que permita al dueño de la maquina tragaperras ganar siempre,.. o en nuestro caso a los dueños, porque por un lado están los caciques canarios y por otro los intereses del Estado español. Ya hemos visto en Cataluña con la aplicación del art 155 que en ninguna autonomía se hace nada sin el visto bueno de Madrid, que es quien tiene la última palabra.

El efecto del sistema electoral canario es que Coalición Canaria no tiene que ganar las elecciones para gobernar, y por tanto no necesita alinear sus intereses con los intereses generales de Canarias. Le basta con alinear sus intereses con los intereses generales de Madrid y con los cuatro caciques de las islas menores que, como Casimiro Curbelo, mantienen a su población local controlada y comiendo de su mano para su supervivencia.

Este es el sistema, y quien quiera entenderlo en profundidad puede leer el Manual del Dictador, de Bruce Bueno de Mesquita, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Nueva York, y uno de los libros y teorías que influyeron a Acemoglu y Robinson en su obra. En dicho libro se verá que el sistema electoral canario sigue fielmente las reglas que utilizan los regímenes corruptos y los dictadores para perpetuarse. Evidentemente, algo que sin el "visto bueno" de Madrid no sería posible.

Recordemos que el desarrollo de un país, en ultima instancia depende de solucionar una serie de cuestiones políticas simples como la separación de poderes, un sistema electoral justo y adecuado, independencia judicial, etc... que no solo proporcionan higiene democrática sino que tienden a reducir las desigualdades y la concentración del poder diversificándolo.

En Canarias tenemos tres obstáculos para ello, el primero son los intereses de Estado español (una colonia no es más que un caso particular de régimen extractivo), el segundo  son los intereses de los caciques y la oligarquía local.  El tercero y quizás el más grave es la propia percepción de nuestro pueblo que se ha tragado la propaganda oficial de que el sistema electoral es para proteger a las islas pequeñas y que desconoce cuales son sus efectos reales sobre Canarias y su desarrollo económico y social.



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