El ciclo de las Constituciones


Muchos creen que la batalla por la igualdad lleva a la libertad, pero los antiguos griegos tenían claro que a donde lleva es a la tiranía. Quizás te parezca contradictorio.Si bien es cierto que un exceso de desigualdad es el peor enemigo de la República y la causa de muchos males, paradójicamente un exceso de igualdad también lleva al mismo sitio. El secreto está en buscar el termino medio, la justa medida que diría Aristóteles.

En su moral a Nicómaco, este filosofo griego viene a decir que la justicia consiste en tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales. Es decir, se han de tener en cuenta los méritos relativos.

"Y de aquí las disputas y las reclamaciones, cuando aspirantes iguales no tienen partes iguales; o cuando no siendo iguales, reciben sin embargo porciones iguales. Esto mismo es de toda evidencia, si, en lugar de mirar a las cosas, se mira al mérito de las personas que las reciben. Todos están de acuerdo en reconocer, que en las particiones lo justo debe acomodarse al mérito relativo de los contendientes"

Los antiguos griegos fueron filósofos que no solo estaban preocupados por la metafísica, la naturaleza o la moral sino también por los vicios y virtudes del alma humana y su influencia en los aspectos terrenales y de gobierno. Para ellos la forma de gobierno seguía un ciclo definido, el ciclo de las Constituciones. 

La monarquía es la forma de gobierno en la que una única persona acumula todos los poderes y los delega en uno o varios ministros o delegados que actúan en su nombre. Pero la monarquía se degrada en tiranía cuando el poder absoluto unipersonal es ejercido contra el interés y el bienestar de la mayoría. Entonces tenemos el absolutismo - donde el poder del gobernante viene dado por Dios y no está sujeto a ninguna limitación - y las dictaduras donde el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo (dictador) o élite, generalmente tras un proceso de aniquilación de un régimen anterior tras un golpe de estado duro o blando.

Cuando la monarquía se degrada en tiranía las élites económicas e intelectuales se rebelan y presionan para constituir una aristocracia de méritos. De ahí surge el gobierno de una minoría capacitad; la aristocracia, es decir "el poder de los mejores". La aristocracia estaría formada por "por los que debieran gobernar, por ser los más capacitados para ello", es decir, es una meritocracia. Pero con el tiempo, muchas aristocracias se acaban volviendo endogámicas, estancas e impermeables y  cada vez resulta más difícil acceder a ella, lo que da origen a una oligarquía cerrada y hereditaria, y por tanto la aristocracia degenera en oligarquía.

La oligarquía suele tener su origen en la acumulación de propiedades, de tierras o de dinero en pocas manos, que influencian con fuerza la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas. De ahí nace la plutocracia, el estado totalitario, la teocracia, la cleptocracia y el estado policial. Es un circulo vicioso, la oligarquía usa su poder económico para controlar el poder político y el control del poder político para incrementar su poder económico mediante concesiones y privilegios otorgados por el poder político.

Ante esto, el pueblo intenta ganar cuotas de poder de decisión presionado a favor de una democracia. Como reacción a la degradación de la oligarquía surge la república, democrácia o politeia, el régimen en el que gobierna la mayoría sin perjudicar a la minoría. En este régimen el poder reside en los ciudadanos que son los que eligen a los gobernantes e influyen en las decisiones que se toman.

Pero una república requiere esfuerzo para mantenerla, la libertad hay que defenderla y el ciudadano ha de estar atento y participar en la vida pública como muy bien introdujo Solón de Atenas, uno de los siete sabios de la antigua Grecia, cuyas reformas que se pueden considerar el antecedente a la democracia ateniense.

La república y la democracia pronto degeneran en oclocracia a través del populismo, literalmente "el poder de la muchedumbre", considerada como una masa informe, desprovista de organización y de criterio, y hábilmente utilizada y manipulada por la demagogia de grupos de interés.

La democracia es bonita, pero las fuerzas que crea la destruyen, de manera ineluctable, como una ley cósmica que se cumple siempre. La descentralización del poder crea riqueza, la sociedad se vuelve rica y entonces aparece la autoindulgencia, la búsqueda del placer y la evitación del dolor. La llama de la tradición poco a poco debilita el vinculo espiritual y aristocrático antiguo y da paso a una ascenso de las influencias de ideales igualitarios.

El "capital" eventualmente es consumido y entonces llega la tiranía, el caos y el colapso desintegrador. La disciplina brilla por su ausencia. Ante la necesidad de restablecer el orden el pueblo busca una solución y da el poder absoluto a un tirano. al cual luego no podrán echar fácilmente. Por aclamación popular, surge la monarquía en el mejor de los casos o la tiranía en el peor... y comienza de nuevo el ciclo. 

Muchos creen que la democracia es el estado más alto de la civilización humana, y es el único sistema donde el hombre puede desarrollarse plenamente; y además tras la cual no cabe ningún otro sistema político mejor, ni más justo. Una democracia solo funciona con una masa de personas educadas y comprometidas, y eso no suele ser el caso.

Además la mayoría social no es ni la más educada ni necesariamente la más preocupada por el bien común ni la que tiene un grado de conciencia espiritual y social mayor. Lo vemos en el desinteres de las masas por la política, en la compra de votos por organizarles un asadero. No en vano Winston Churchill decía que el mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.

Maximizar la estupidez colectiva, hasta igualarla a la de los individuos más limitados es muy fácil. Basta tener en cuenta que los menos inteligentes y capaces no pueden aumentar su capacidad, mientras que los más inteligentes y capaces pueden verse anulados y no tener más opciones que dejarse llevar por la corriente imparable de la demagogia, la violencia física y psicológica, y el control social.

La realidad es que aunque la democracia es la forma de gobierno más bonita no significa que sea necesariamente la mejor. En el pensamiento de Platón la mejor forma de gobierno era una especia de República Aristocrática y meritocrática, es decir el gobierno de los más justos y sabios, pero esto choca totalmente con la moral postmoderna que nos invade actualmente mucho mas próxima a la olocracia que a la meritocracia.

¿Donde estamos?

Bueno esa pregunta es de difícil contestación porque no todas las sociedades están en el mismo lugar del ciclo. Lo primero que hay que decir es que la degeneración de la democracia que estamos viendo a nivel global, el auge de los populismos así como la moral postmoderna centrada en la igualdad y la redistribución parece indicar que a nivel global estamos en fase de degradación de la democracia. 

La república moderna, teorizada a partir de las ideas de la ilustración (Rousseau y Montequieu principalmente) aspiraba a convertirse en una régimen estable con mecanismos de autocontrol y autocorreción que evitaran la deriva totalitaria y populista. Pero el pensamiento postmoderno, enemigo de la modernidad de la que surge la idea republicana, no la defiende.

La república moderna está basada en tres grandes principios que son requisito indispensable para su buen funcionamiento: la representación política, la división de poderes y el pluralismo. Si alguno falla, el instrumento no sirve, la democracia queda inutilizada para la finalidad que se propone.
En teoría política, generalmente se habla de las 9 condiciones esenciales para que exista una verdadera república moderna:

1.- La periodicidad y la temporalidad en los cargos políticos; 
2.- La publicidad de los actos de gobierno, no es posible el secreto de Estado;
3.- La responsabilidad de políticos y funcionarios públicos; 
4.- La separación y control entre los poderes 
5.- La soberanía de la ley (por encima de la arbitrariedad humana); 
6.- El ejercicio de la ciudadanía, que es quien pone y depone a los cargos públicos;
7.- La práctica del respeto, y no la intolerancia, con las ideas opuestas; 
8.- La igualdad ante la ley; 
9.- La idoneidad como condición de acceso a los cargos públicos.

Si tenemos un mínimo de espíritu crítico podremos concluir que estas condiciones ya no se dan en la mayoría de los países. Además la cruzada postmoderna narcisista y autoindulgente en su afán igualitario y antijerarquico en lucha con todos los niveles de conciencia inferiores a el sino también con los niveles superiores, en lugar de reformar el sistema de pesos y contrapesos de la democracia liberal loy está desmontando y poniendo las bases de la concentración de poder que dan paso a la tiranía.

De hecho en muchos países la republica moderna ni siquiera se llegó a implementar.

Por ejemplo en Venezuela o Argentina no llegaron a haber verdaderas repúblicas modernas y en su lugar surgió una especia de oligarquía corrupta que exprimió y saqueó el país.

Ante esto surgieron movimientos populistas como el chavismo que han degenerado en dictaduras. El paso por la fase democrática sana o no se dió o fue muy breve. Quizás porque el pueblo todavía no había alcanzado ese nivel de conciencia moral y no estaba preparado para el compromiso que requiere el mantenimiento de una democracia. No olvidemos que un gobierno corrupto no es más que el reflejo de una sociedad moralmente corrupta.  

Por su parte en España vemos claramente que los nueve principios de las repúblicas modernas no se han cumplido nunca. La Transición fue una farsa. La dictadura oligárquica se transformo mínimamente dando paso a la oligarquía corrupta en forma de partitocracia que pone a la sociedad a su servicio en lugar de ella estar al servicio de la sociedad. 

La pugna actualmente está entre los que quieren dar el paso de una oligarquía partitocrática a una república moderna, cuyo máximo exponente es la revolución independentista catalana (y quizás el PNV en Euskadi) y los que quieren mantener el régimen oligárquico del 78 o degenerar en un populismo postmoderno con influencias bolivarianas, sin ni siquiera haber pasado por una democracia real, es decir, básicamente casi todos los demás. 



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