viernes, 28 de noviembre de 2014

En el país de los ciegos el tuerto es un arrogante

Dicen que uno de los problemas de la ayuda a Africa es que cuando los europeos llegan a esos lugares ven tan claro lo que hay que hacer que se olvidan de preguntar a los nativos que es lo que quieren, en otras palabras se choca con el orgullo.


La ciencia ha demostrado que es bioquímica, neurológica y psicológicamente imposible que nadie enseñe nada a nadie. Todo lo que aprendemos nos lo enseñamos a nosotros mismos, es decir, lo máximo que puede hacer alguien es presentarnos la información y tratar de guiarnos, o alternativamente producir una experiencia para que nosotros saquemos de ella nuestras propias conclusiones.

Quizás por ello, entre los antiguos canarios no había la noción de maestro sino de guía, y la educación, al igual que en otras muchas culturas y tradiciones espirituales como el sufismo, se hacia a través de cuentos que tenían varias interpretaciones, todas igualmente validas y unas más profundas que otras, porque "todos estamos subiendo la misma montaña pero por caminos diferentes y aprendiendo cosas distintas".

Pero esto que ha venido a corroborar la ciencia moderna se sabe desde antiguo. Sócrates dijo;"No puedo enseñar nada a nadie; tan solo puedo hacerles pensar", en la misma linea Galileo Galilei afirmó "No podemos enseñar nada a nadie; Tan sólo podemos ayudarles a que descubran el conocimiento por sí mismos." 

Socrates dijo "Emplee su tiempo en mejorar a través de las escrituras de otros hombres para que gane fácilmente lo que a otros les ha costado mucho",... pero el orgulloso es incapaz de aprender de otros o reconocer el merito ajeno porque eso atenta contra su autoimagen, es mucho más fácil matar la verdad y falsificar la realidad.

La segunda forma de enseñar es tratar de producir o facilitar experiencias que permitan al individuo descubrir cosas por si mismo. Es lo que se denomina aprendizaje experiencial. Me contaba un ingeniero químico amigo mío que había estudiado en Inglaterra, que allí se pisa el laboratorio desde el primer dia, mientras que en las Universidades canarias el laboratorio lo empiezan a pisar en el último año de carrera. 

El aprendizaje experiencial es algo así como el mito de la caverna de Platón, unosale fuera de la caverna y esa experiencia le permite darse cuenta de cosas. Pero la tragedia del que sale de la caverna de Platón es que tiene que volver para contárselo a los demás. Se imaginan ustedes que en lugar de griegos, los habitantes de la caverna fueran canarios;



- cavernícola 1: ... tchiss mira el tolete ese, ¿quien se ha creído que es?

- cavernícola 2: ñoss que tio más prepotente, es que no lo aguanto

- cavernícola 3: que hay otra forma de hacer las cosas dice, yo tengo 36 años de experiencia de empresario en la caverna ¿que me va a enseñar este a mi?

- cavernícola 2: ¿que tenemos que cambiar nosotros?, como si necesitáramos que nos dijera lo que tenemos que hacer. ¿que se cree?, ¿que tiene la verdad absoluta? fuerte machango.

- cavernícola 3: Yo puedo hacerlo a mi manera,  nadie me dice a mí lo que tengo que hacer, conmigo me basta y me sobra.

- cavernícola 1: ¿que haga autocrítica yo?  yo se quien soy, se lo que quiero y sobre todo se lo que no quiero, ... y de ese tipo no quiero saber nada más y punto.

¿Suena familiar? .... a mi si ... demasiado familiar. Por supuesto a ninguno de los cavernícolas se le ocurre aceptar que tienen lo que Manuel Alemán denominó "conciencia neblinada", que no es más que una forma de decir "desconexión con la realidad" o, en términos clínicos, "psicosis". A ninguno de los cavernicolas se le ocurre pensar que el que salió de la caverna tuvo unas experiencias de las que ellos carecen, que no lo hacen mejor ni peor, pero que enriquecen su punto de vista y le permiten comparar con otras realidades. 

Los habitantes de la caverna pecan de orgullo y las repuestas que dan son las típicas respuesta del orgulloso, de aquel que se cree mejor que los demás y que prefiere falsificar la realidad antes que afrontar la incomodidad de cambiar su propia autoimagen. En realidad la venda de la conciencia neblinada que nos ciega nos la ponemos, en parte, nosotros mismos. Pero al falsificar la realidad para mantener la autoimagen la primera víctima es la verdad y la segunda la justicia.

Sin verdad no puede haber justicia. Si no hay justicia tampoco hay expectativa de reciprocidad, es decir expectativa de que si yo lucho por ti espero que tu hagas lo mismo por mi, yo reconozco tu mérito y espero que tu reconozcas el mio. Sin expectativa de reciprocidad no puede haber cohesión social y sin cohesión social las sociedades caen fácilmente en manos de tiranos.


Ese tipo de psicosis, de desconexión con la realidad y de la baja autoestima que se tiene de uno mismo y sobre todo de los demás, queda reflejada en estos párrafos de Los Condenados de la Tierra de Franz Fanon
las tribus luchan unas contra otras al no poder enfrentarse al enemigo verdadero —y, naturalmente, la política colonial fomenta sus rivalidades; el hermano, al levantar el cuchillo contra su hermano, cree destruir de una vez por todas la imagen detestada de su envilecimiento común.
Al nivel de los individuos, asistimos a una verdadera negación del buen sentido. Mientras que el colono o el policía pueden, diariamente, golpear al colonizado, insultarlo, ponerlo de rodillas, se verá al colonizado sacar su cuchillo a la menor mirada hostil o agresiva de otro colonizado. Porque el último recurso del colonizado es defender su personalidad frente a su igual. Las luchas tribales no hacen sino perpetuar los viejos rencores arraigados en la memoria. Al lanzarse con todas sus fuerzas a su venganza, el colonizado trata de convencerse de que el colonialismo no existe, que todo sigue como antes, que la historia continúa.

El orgullo es la principal causa de la desunión.  La endofobia y el orgullo tienen el mismo origen, creernos superiores a los demás.  Eso si, si el tuerto es extranjero o español, entonces si que es el rey. Ya lo dijo Fanon; la condición del indígena es una neurosis introducida y mantenida por el colono entre los colonizados con su consentimiento. Ya lo dijo en su día Sócrates, "no te enfades conmigo si te digo la verdad", un verdadero amigo te dirá la verdad, y a veces las verdades duelen. Pero la envidia y el orgullo hacen que en Canarias, en el país de los ciegos, el tuerto no solo no sea rey sino tan solo un arrogante. ...  eso si si el tuerto no es canario y viene de fuera se convierte rápidamente en rey, con nuestra desunión simplemente se lo ponemos a huevo.



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