miércoles, 14 de marzo de 2012

El cambio necesario en el modelo de desarrollo canario

Los recursos naturales de un país pueden ser una bendición o una maldición. Todo depende del modelo de desarrollo. Lo más importante es saber gestionar la riqueza para desarrollar el país de forma equilibrada y generar empleo. Pero ese es precisamente el debate que no quieren que tengamos.

Canarias disfrutó de un sistema librecambista durante casi 140 años. Gracias a los Puertos Francos nos desarrollamos. Pero pronto terminaron nuestras libertades ya que el Estado español tenía otros planes para nosotros. De un sistema librecambista pasamos a un modelo de desarrollo basado en la política industrial de substitución de importaciones, el proteccionismo, el intervencionismo, la corrupción y la burocracia. Todas ellas formas conocidas de subdesarrollar un país y bloquear su crecimiento. Un sistema que ha fracasado allí donde se ha implementado.



Ejemplos del fracaso de este tipo de sistemas lo tenemos en toda Latinoamerica desde la postguerra a la crisis de deuda de 1982 - y cuyo equivalente sociopolítico es el populismo y el caudillismo – y que propicia la aparición de una burguesía burocrática que se convierte en una metástasis que termina infectando toda la sociedad. Por otro lado el subdesarrollo financiero impide la agrupación de capital y una política educativa destructiva asegura el mantenimiento del estatus quo.

El Estado fue el arquitecto de este sistema intervencionista en Canarias que implementó a través de tres figuras. Primero, un “Estatuto de Autonomía” que nunca permitió que se votara en referendum como en otras regiones. Segundo, mediante la integración forzada en la Comunidad Económica Europea a pesar del rechazo del Parlamento de Canarias (22.06.1985) a las condiciones recogidas para las Islas en el Tratado de Adhesión de España a las CC.EE. Tercero, mediante un REF que en el fondo significa calderilla a cambio de renunciar a nuestras libertades.



En realidad las subvenciones nos la pagamos nosotros mismos porque aportamos al Estado mucho más de lo que recibimos. Las subvenciones no son una transferencia de renta de la metrópolis a Canarias, sino una transferencia de renta de las clases baja y media canarias a las clases altas y al aparato burocrático a cambio de que estos mantengan la españolidad de Canarias.

Un ejemplo de ese intervencionismo cancerígeno lo tenemos en la reserva del mercado de transporte marítimo entre España y Canarias para el pool de navieras españolas que hace que cueste más del doble mandar un container de España a Canarias que mandarlo a Perú. Los fletes son más de 10 veces el precio internacional y solo se explican por la falta de competencia. En realidad no es que el Estado nos subvencione sino que somos nosotros los que subvencionamos a las navieras españolas.



Ese modelo de subdesarrollo impuesto por España ha conseguido que Canarias sea la CCAA que menos ha crecido en los últimos 30 años. Que exportemos más ingenieros que plátanos porque no hay futuro para los jóvenes. Que tengamos más de un 30% de paro y más de un 50% de paro juvenil. Que 1 de cada 3 canarios esté bajo el umbral de la pobreza o que la renta media haya disminuido de forma constante y continuada durante los últimos 30 años. El gráfico no deja lugar para la duda. El modelo de desarrollo ha generado un proceso de divergencia y retroceso continuo en los niveles de renta con respecto a la media española.


Canarias tiene que cambiar con o sin petróleo. El cambio del modelo productivo no es seguir sirviendo los cafés, limpiando los pasillos y haciendo las camas. Tampoco es servirle café al del petróleo o venderle tornillos a los de las plataformas. Si queremos resolver el problema del paro tenemos que hacer mucho más que eso.

Podemos hacerlo, podemos reinventarnos a nosotros mismos. Ya lo hemos hecho en el pasado con los Puertos Francos o tras la crisis de la cochinilla que produjo un cambio de modelo y originó la agricultura del plátano y el tomate, las papas, los rones y el tabaco o la intensa actividad comercial y portuaria.

No podemos seguir manteniendo a España ni permitir que siga bloqueando nuestro desarrollo. No necesitamos subvenciones, necesitamos libertades y tendremos un futuro de oportunidades tan amplio como el Atlántico. Solo necesitamos libertad.

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