Revolución Social: Organizaciones centralizadas versus descentralizadas

En el mundo de la postguerra y la guerra fría, los movimientos en la clandestinidad se estructuraban a través de células cerradas a imagen y semejanza de las células del partido comunista. Eran las denominadas células verdes y células rojas(*), y ambas eran financiadas desde Moscu en última instancia, pero nunca de forma directa. 

Eran estructuras piramidales y centralizadas. Se primaba la disciplina y la obediencia sobre la iniciativa, se primaba el dogmatismo sobre la crítica. La cabeza de la organización se blindaba y se aislaba. La información que le llegaba a través de la cadena de células y los diferentes niveles organizativos llegaba distorsionada. La información no fluía libremente y los errores y fallos se tapaban con lo que se eliminaba toda posibilidad de autocritica. En otras palabras la información no se retroalimentaba. 

La información iba de abajo a arriba y las ordenes de arriba abajo. Las células no se coordinaban ni se comunicaban entre sí. Las células eran cerradas y estaban aisladas para que si fuesen infiltradas no se desmantelase toda la organización. Si se desmantelaba la cabeza caia todo. La prioridad era mantener los compartimentos estancos y evitar ser infiltrados por los servicios de seguridad e inteligencia del Estado. Esa era el juego.

El estilo de liderazgo que se primaba era un liderazgo personalista, casi paternalista. El líder en la cúpula lo sabía todo, lo controlaba todo, tenía toda la información. El líder infalible del que todos dependían y que distribuía de forma centralizada las órdenes y los recursos.

Pero ese mundo se acabó y tras la caída de la Unión Soviética aparece lo que en terminología militar se denominan los conflictos asimétricos o las guerras de cuarta generación. Lo que caracteriza a estos conflictos es la disparidad significativa entre los beligerantes, es decir, la desigualdad de armamento(**). Aquí el sistema cambia por completo. Se pasa de tener organizaciones centralizadas a organizaciones completamente descentralizadas como al Qaeda .

A diferencia de organizaciones cerradas del pasado(***), no son organizaciones compactas, sino organizaciones en red. Ramas que funcionan independientemente de la base central, que operan como una cadena de redes que se vinculan entre sí, organizaciones integradas en otras o que sólo mantienen lazos con la matriz y que se interrelacionan entre sí al compartir similares propósitos.

Precisamente, esta estructura descentralizada dificulta la desarticulación: a pesar de que caiga una de las células, el resto pueden permanecer intactas; si se desmantelara el centro, los grupos podrían seguir actuando. No existe un único aparato de financiación, de reclutamiento o de planificación de operaciones, sino varios paralelos. Si se desmantela uno, otro puede ocupar su lugar.

La obediencia ciega y la centralización de las desiciones dan paso a la iniciativa. El estilo de liderazgo que se necesita en este tipo de organización descentralizada es muy distinto al estilo de control de las organizaciones cerradas del pasado. El liderazgo paternalista, centralizador y autoritario aquí es completamente contraproducente.

No podemos intentar cambiar la Canarias del siglo XXI con metodos y maneras de pensar ancladas en el pasado.

(*) Una célula es la unidad organizacional más pequeña dentro de un movimiento o grupo centralizado, normalmente de tipo político o religioso
(**) o sea, la distribución desigual de la fuerza militar y de la capacidad tecnológica en un conflicto
(***) como las Brigadas Rojas o las celulas comunistas