¿Y tú quien eres? ¿Crees que los demás te entienden? ¿Crees que los demás te ven tal y como eres? La verdad amarga es que a nadie le importa lo que tú eres. Los demás ven en ti lo que necesitan ver para sentirse mejor con ellos mismos. Nos ven, o mejor dicho nos interpretan, no por lo que somos, sino por lo que les hace sentir bien sobre ellos mismos, lo que refuerza la identidad que se han construido.
Nadie te ve como eres. Te interpretan. Te encajan en su mundo para no cuestionar el suyo. Esta dinámica, que parece individual, es en realidad colectiva. Y en Canarias tiene consecuencias profundas sobre la identidad, la cultura y la forma en que nos relacionamos con el poder.
Por ejemplo mucha gente me acusa de arrogante o mesiánico. Pero en realidad esa es una proyección que hacen de ellos mismos. Muchos confunden confianza con arrogancia porque muchos ven la confianza como jerarquía y estatus. Piensan que Dorta no puede tener esa confianza en sí mismo a menos que se sienta superior a los demás, a menos que se sienta más o mejor que los demás. No entienden que la confianza no proviene de un sentimiento de superioridad sino del conocimiento del saber de lo que se habla.
Se me podrá acusar de mesiánico, pero el tiempo me ha dado la razón, no porque sea superior a nadie sino porque tengo un conocimiento y una experiencia en analizar las cosas que ellos no tienen. Y es lógico, no todos sabemos lo mismo ni de las mismas cosas. Nadie sabe de todo, todos somos ignorantes en algo. No es mesiánico, es tener los modelos correctos y saber hacer los analisis, es saber cómo funcionan las cosas a nivel profundo.
Pero el problema es que cuanto más sabes de algo, cuanto más clara ves la realidad, cuanto más profundamente entiendes algo, cuanto mejor te vuelves en algo, menos personas van a entender que carajo estás diciendo o intentando hacer.
Y es aquí donde la cultura española y canaria se vuelve tóxica, porque desprecia el conocimiento y equipara la autoridad con el abuso y el poder. Una toxicidad que se agravaba por los postulados de la cultura postmoderna que trata de afirmar que todas las opiniones son validas y valen lo mismo, que rebuzna de forma narcicista "a mí nadie me tiene que decir lo que tengo que hacer"... cuando en realidad las opiniones difieren en cuanto a conocimiento, profundidad, experiencia y amplitud.
Cuando dicen que Dorta es un arrogante es porque ven la confianza como jerarquía y estatus y no como emanada del conocimiento. Piensan que ellos no pueden actuar así a menos que sean o se sientan mejores que los demás. Es por tanto una proyección de sus inseguridades, de sus sentimientos y, sobre todo, de su concepción del poder, de la autoridad y del mundo.
La de arrogancia fue una de las acusaciones - entre otras que no voy a comentar por despreciables y rastreras - que me hizo cierta persona hace muchos años. No solo me acusó de arrogante sino que rompió toda comunicación, tal y como hacen los orgullosos, para proteger su versión de los hechos y su identidad. Lo gracioso es que el orgullo es precisamente el sentirse superior a los demás, tal y como lo definió Claudio Naranjo.
Volví a encontrar a esa persona en un sitio especial hace unos años. Le pregunté por qué había actuado como lo habia hecho en su momento. Y me contestó que porque yo era un autoritario. No quise discutir esa acusación en aquel momento, pero me resultó curioso que me acusara de autoritario cuando la asociación política cultural que diseñé en su día, estaba diseñada para que las iniciativas surgieran desde abajo y el poder estuviera en la base y no en la cúpula, es decir todo lo contrario al autoritarismo del que me acusaba.
La realidad es que tanto en la acusación de arrogancia como en la de autoritarismo estaba proyectando en mí su orgullo, sus inseguridades y su concepción de la jerarquía y la autoridad, es decir, su propio autoritarismo.
Y es curioso, porque estoy seguro de que su abuelo le enseñó a que había que escuchar más allá de la voz y llegar a lo más hondo de lo que nos quieren decir las situaciones de la vida, algo que evidentemente él no hizo. Si lo hubiera hecho se hubiera dado cuenta de varias cosas. Entre ellas habría descubierto que si "algo" no se pudo realizar no fue por mis decisiones sino por las suyas.
De la misma forma otros me atacan por mis ideas políticas y morales, por no ser de izquierdas. Necesitan atacarme para mantener intacta su identidad ideológica y no reconocer sus errores, aunque su ideología y sus postulados no acumulen sino fracasos.
Pero, como dije al principio, los demás ven en ti lo que necesitan ver para sentirse mejor con ellos mismos. Por eso buscar la aprobación de los demás es una perdida de tiempo. Y ese es un error que comete el canario que quiere ser asimilado a lo español, que busca la aprobación en ojos ajenos. Porque el español va a ver al canario siempre como mejor le convenga.
Es cierto que el canario es un pueblo sin honor y con muchísimas cosas que criticar. Creo que la mejor definición es la de Victor Ramirez, un pueblo ignorante e ignorantado. Es decir que la responsabilidad es compartida.
El canario, como todo pueblo colonizado, es un pueblo moralmente degradado. Cualquiera que lea a Albert Memmi y su "Retrato del Colonizador y del Colonizado" podrá comprobar que Canarias posee todos los cuadros psicológicos y sociológicos de los pueblos colonizados... y es que si mea como un perro, ladra como un perro y camina como un perro, lo más probable es que sea una perro por mucho que nos empeñemos en negarlo.
Y ahora llegamos a donde realmente quería llegar. ¿Cómo nos tiene que ver un español para sentirse bien consigo mismo? Pues nos tiene que ver como inferior, como un pueblo al que necesita civilizar y sostener (cuando en realidad lo está explotando), como dependiente y como buscando la asimilación, porque eso valida su identidad española y descarga su sentimiento de culpa. El canario, al buscar la validación del español, valida al español y lo hace sentir superior e inocente. Le transfiere energía, lo alimenta.
Y es aquí donde está la contradicción de los españoles; para evitar el sentimiento de culpa judeocristiana y eludir su responsabilidad tiene que percibirse como inocente, como bueno, como civilizador y no como abusador y explotador, pero al mismo tiempo tiene que percibirse como poderoso y dominador. De ahí la invención de la Leyenda Rosa de la Hispanidad que tuerce la historia y la realidad. Porque tratar de pintar al país de la Inquisición como culmen de la tolerancia es un poco excesivo, lo mismo que pintar el etnocidio y el genocidio de caridad cristiana.
La Leyenda Rosa de la Hispanidad es una forma de "gaslighting" que dirían los anglosajones, una forma de manipulación emocional utilizada para hacer que la víctima dude de su propio criterio, de su propia percepción, juicio o memoria. Una Leyenda Rosa que es tan popular, porque evita lo que los ingleses llamarían "accountability", un concepto para el que no existe traducción directa al español pero que podríamos traducir como "asunción de responsabilidad".
La Leyenda Rosa se desmonta fácilmente con dos ideas. En el Caribe y Canarias hubo genocidio y etnocidio porque eran lugares pequeños que podían avasallar. En otros lugares mayores hubo tolerancia porque eran demasiado grandes y no había aparato del Estado para llegar a todos los rincones. El español no fue a trabajar la tierra ni a evangelizar, sino a convertirse en señor de vasallos y a enriquecerse.
Y respecto a los anglosajones, preguntate que ha aportado España a la cultura occidental y universal y que han aportado anglosajones y centro/norte europeos. Jaque mate. No hay más preguntas señoría.
Pero España no solo se rige por la Culpa cristiana, se rige sobre todo por el binomio Poder-Miedo. España es una cultura que valora la fuerza, el poder y el abuso y desprecia la inteligencia. Por eso es tolerante con la corrupción y el privilegio. Por eso el español necesita sentirse poderoso, dominador, conquistador... no solo para proteger su imagen ante los otros españoles sino para compensar sus propios complejos de inferioridad con el mundo anglosajón.
La realidad es que España reproduce patrones culturales donde el poder se ejerce de forma asimétrica: fuerte con el débil y débil con el fuerte... Es decir, España es un pordiosero moral, un matón de barrio, valiente con el débil y cobarde con el fuerte, con una concepción autoritaria del poder (Inquisición, fascismo, comunismo, monarquía). Lo cual ya te debería dejar claro lo arrastrado que es el canario que aspira a ser asimilado a esa cultura y esos valores... cuando a lo que aspira es a ser un pordiosero moral como los españoles...
Métetelo en la cabeza, el español nunca te va a ver como a un igual porque eso destruye su identidad y le obliga a mirarse en el espejo y ver lo que no quiere ver... Así que deja de buscar la validación o el ser entendido por aquellos que a lo largo de la historia han demostrado con creces no ser merecedores de nuestra confianza.
A los canarios nos iría mucho mejor si en lugar de mirarnos en ojos ajenos buscando su aprobación nos dedicáramos a cultivar nuestra propia cultura, redescubriendo la dignidad de nuestras raíces prehispánicas. Nos iría mejor si dejamos de tratar de ser "comprendidos" por el español y en su lugar tratamos de ser fieles a nuestra propia verdad.
Nos iría mejor buscando nuestra Esencia despojándonos de verdades y ropajes ajenos.... porque buscar la aprobación del otro es perderse uno mismo.... pero pocos entienden esto.


Su análisis sobre cómo los demás interpretan a las personas es interesante, pero no toca el núcleo de lo que realmente moldea la historia y la identidad. La realidad es que la historia no es un relato neutral ni un juego de percepciones individuales: su base ha sido siempre el abuso de unos sobre otros y el yugo colonizador.
ResponderEliminarHasta grandes genios como Isaac Newton tuvieron que ponerse primero en la cola para asegurarse el reconocimiento de sus descubrimientos. Tener razón o conocimiento no garantiza ser comprendido ni valorado; lo que importa es el control sobre cómo se registra y se reconoce la verdad. Muchos acusan injustamente a quienes poseen conocimiento profundo, porque el resto se cree erudito y se siente amenazado por la claridad y la autoridad que proviene del saber, confundiendo confianza con arrogancia.
Con Cristóbal Colón sucede lo mismo: no descubrió nada, y los relatos que lo presentan como “descubridor” son un maquillaje ideológico que justifica un genocidio. Lo mismo ocurre en Canarias, donde museos y relatos oficiales presentan versiones edulcoradas de la conquista, minimizando la violencia y la explotación sistemática. Esta narrativa fue construida por cronistas que no conocían a los guanches, reescribiendo la historia desde su ignorancia y sus prejuicios, transformando la resistencia en sumisión y la opresión en “civilización”. Esa narrativa no es inocua: protege a los poderosos y mantiene a los pueblos colonizados en sumisión histórica.
Por eso, buscar la aprobación de quienes históricamente han dominado y deformado nuestra historia es un error. No necesitamos ser entendidos por quienes construyen relatos cómodos para sentirse superiores. La empatía no cambia los hechos: solo permite comprender los mecanismos humanos detrás de la opresión y el encubrimiento, pero no convierte en aceptable lo que fue injusticia, abuso y genocidio.
Si Canarias quiere recuperar su dignidad y su identidad, no puede depender de los ojos ajenos ni de las versiones maquilladas de la historia. Debe mirar hacia su propia verdad, hacia sus raíces prehispánicas, y entender que la autenticidad histórica no necesita validación externa.
Cuando dejamos de buscar la validación externa y dejamos de tratar de ser entendidos recuperamos la libertad
ResponderEliminarcuando dejamos de buscar la aceptación de los demás o de ser entendidos es cuando dejamos de ser manipulables
ResponderEliminarEn un mundo onírico, se debería poner como lectura obligatoria en las escuelas canarias a Albert Memmi. Felicidades por el artículo.
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