El matriarcado... ¿es lo que piensas que es?



Se suele pensar que el matriarcado era un tiempo de paz y armonía con la Diosa, una sociedad justa, igualitaria y amorosa que fue destruida por el hétero-patriarcado que trajo guerras y abuso de la mujer. Al menos esto es lo que te cuenta la New Age y lo que suelen pensar los postmodernos en su mitificación de las cosas. ¿Pero como eran en realidad los matriarcados?

La leyenda de las amazonas es un reflejo de esas sociedades matriarcales que en un tiempo cubrieron partes del planeta. Pero antes de analizarla veamos que ocurre en el mundo animal.

Una ejemplo de sociedad matriarcal animal es la de las leonas. Las leonas se agrupan por hembras ligadas de un mismo linaje y solo permiten un macho en la manada que se aparea con todas ellas. Las hembras cazan para si, para la prole y para uno, o dos o tres machos a lo sumo si estos machos forman lo que se denomina una coalición. En realidad solo hay un macho reproductor que es siempre externo al linaje de las hembras, y puede ser sustituido por otro más fuerte y más joven. En las sociedades matriarcales de leones hay jerarquía y muy pronunciada.

En realidad los machos son expulsados de la manada a la edad de 2-3 años  cuando son jóvenes, y tienen que asumir una existencia nómada e ideárselas para sobrevivir ellos solos sin las ventajas que da el grupo. Los que consiguen sobrevivir pueden llegar a tener la oportunidad de convertirse en macho dominante si desafían y vencen al macho reproductor de otra manada. Pero la posición de macho dominante es efímera, generalmente dura de uno a tres años antes de ser desbancado y desterrado por otro macho más fuerte y joven.

En cautividad los leones machos han llegado a vivir cerca de 30 años, pero en estado salvaje los leones viven unos 10 años de media mientras que las leonas en estado salvaje viven de media entre catorce y veinte años, es decir entre un 40 y un 100% más de esperanza de vida que los leones.

En la naturaleza todos los úteros son sagrados pero no todos los espermas. El macho ha de competir por las hembras y muchos machos son desechados. Algo parecido ocurre en otras sociedades matriarcales animales como la de los elefantes o la de las hienas. 

Si ahora volvemos al mito de la sociedad matriarcal de las amazonas en la cultura griega vemos que funcionaban igual; eran sociedades matriarcales jerárquicas donde el hombre solo era permitido para funciones reproductoras. En algunas versiones los hijos varones de las amazonas eran sacrificados o abandonados a su suerte. Si alguno se quedaba con ellas le amputaban un miembro o los dejaban ciegos para que fueran sus sirvientes.

Relatos sobre este tipo de sociedades matriarcales no solo se conservan en la mitología griega sino también en los textos sagrados hindúes como los Vedas que datan del segundo y primer milenio antes de nuestra era o los Puranas que datan del siglo IV antes de nuestra era. En estos textos tenemos información sobre como eran esas sociedades matriarcales.

Durante la Edad de Piedra, encontramos imágenes y formas femeninas gordas y fértiles en forma de estatuilla  mientras que los hombres son reducidos al falo o adorados como el toro, carnero o macho cabrio alfa. En realidad en la etapa de cazador recolector se necesitaba de todos los hombres, ya que la caza era una actividad peligrosa que podía causar la muerte a muchos y, dependiendo del tipo de presa y ecosistema, la caza en grupo era necesaria para abatir animales grandes como Mamuts, alces, caballos salvajes, etc... Es decir el hombre era tolerado porque aportaba proteínas al grupo y eso aumentaba la supervivencia.

Tras miles de años como cazadores-recolectores, los humanos aprendieron a domesticar y criar animales. Estas comunidades pastoriles valoraban las hembras pero se dieron cuenta de que no necesitaban a todos los machos para mantener la manada. No necesitan todos los toros así que los machos eran sacrificados, o castrados y convertidos en bestias de carga tirando de carros y arados.

Un ejemplo de esto lo tenemos en la historia de Nari-kavacha, en uno de los Puranas, donde se cuenta como Parashuram mató a todos los hombres Kshatriya, y solo un hombre sobrevivió. De este hombre surgieron todos los futuros clanes Kshatriya. 

Con el desarrollo de la agricultura de subsistencia, es decir la horticultura, la mujer dejó de depender del surplus de alimento que generaba el hombre con la caza. La horticultura se define como el cultivo de pequeños jardines usando palos y azadas. Una mujer embarazada no podía cazar pero si podía cuidar de un huerta y de unos pocos animales domésticos que le proporcionaban la fuente de proteínas necesaria. La caza pasó a ser algo secundario.

En la Edad de Bronce vemos tablillas y grabados sagrados en los que se representa a un grupo de mujeres con un solo hombre. En los puranas hindúes se describen ceremonias que tienen como fin obtener el mejor "macho reproductor" para la mujer. En el norte de la India se practica el Kanya Puja que implica adorar a un grupo de niñas jóvenes acompañadas por un solo niño durante el festival de primavera de la Diosa. 

En las culturas matriarcales el hombre no podía rechazar a la mujer bajo pena de muerte: en el Mahabharata, cuando Arjuna rechaza a Urvashi esta lo maldice y lo convierte en un eunuco. Lo mismo ocurría con cualquier hombre que se sobrepasase con una mujer, era castigado generalmente a muerte o destierro. Algunos antropólogos argumentan que ciertos aspectos de Krishna puede tener sus raíces en las antiguas tribus matriarcales donde las mujeres usaban solo a un hombre de la aldea desechando al resto. 

Para garantizar que el hombre reproductor no tuviera derechos exclusivos y eternos sobre las mujeres, y de esta forma asegurar la diversidad genética, se solía matar al hombre tras su función reproductora. Se elegía un hombre en la temporada de siembra y se sacrificaba en la temporada de la cosecha. El triunfo del macho dominante era, de hecho, una marcha hacia su propia muerte.

Esto se recoge no solo en los textos hindúes sino también en la mitología sumeria. Por ejemplo la Diosa Innana guardaba luto por su amante Dumuzi que venia a ella cada primavera pero luego regresaba al inframundo en el invierno. 

En algunas culturas se podía evitar la muerte al final del periodo de consorte de la Diosa si uno aceptaba ser castrado. Esto queda reflejado en ciertas ceremonias hindúes así como en los sacerdotes de Cybele en Oriente Medio, que se castraban a si mismos ritualmente para emular a Attis, el hijo y amante castrado de la Diosa.

Los hombres desechados de las sociedades matriarcales, como los leones de las manadas cuando son jóvenes, pronto se dieron cuenta de que la sedentarización permitía atacar poblados y hacerse con botín, algo que en la etapa cazador -recolector no tenia sentido porque las posesiones materiales eran escasas y no había cosechas almacenadas. Por tanto aparece la guerra y la violencia, algo que en la anterior etapa de cazador recolector ocurría poco frecuentemente y tan solo para proteger el territorio de caza y recolección. Vemos por tanto que la idea de que la guerra aparece por el "heteropatriarcado opresor" es falsa, aparece durante el matriarcado.

Existen muchos mitos que narran la existencia de matriarcados primitivos. En muchos de estos relatos se cuenta que las mujeres perdieron su estatus y sus privilegios fue por no saber gobernar con diligencia y justicia. Un mito clásico en este sentido sería el que recogió Gusinde, entre los selknam de la isla Grande de Tierra del Fuego, y los yaganes del archipiélago al sur de ésta. Dichos grupos tienen mitos similares (hain y kina, respectivamente) que hablan de un pasado mítico en el que mandaban las mujeres, que engañaban arteramente a los hombres haciéndoles creer que ciertos seres sobrenaturales avalaban aquel orden social.

Algunos mitos amazónicos cuentan que los varones vivían subyugados a las mujeres, las cuales poseían peligrosas vaginas dentadas. Los hombres se liberaron de la opresión femenina al arrancarles a las mujeres los dientes de sus vaginas y convertirlas en penetrables, podríamos añadir. Otros mitos, como el letuama y el macuma narran que las mujeres poseían los saberes de la caza, la pesca y la fecundación hasta que los hombres se rebelaron y vencieron al matriarcado, embarazando a las mujeres.

En realidad la base de la dominación femenina era la misma que rige la política; mientras que las mujeres cooperaban y estaban unidas por lazos de sangre ya que pertenecían al mismo linaje, los hombres competían por el acceso a las mujeres como en la naturaleza. La mujer escogía al mejor hombre y esto explica la violencia de ciertas tribus primitivas durante el periodo horticultural ya que competían por el acceso a las mujeres. Pero cuando los hombres dejaron de competir y empezaron a cooperar y repartirse el acceso a las mujeres el sistema cambió.

Antiguamente la esperanza de vida de los hombres era menor que el de la mujer y en muchos casos la mortaldad era grande. El hombre tenia que enfrentarse a los peligros de la caza, de la guerra o de ciertos trabajos pesados como la construcción y moría frecuentemente. Por el contrario la mujer se mantenía en la casa embarazada o criando a los hijos y cultivando una pequeña parcela de tierra. Cuando la mortalidad de los varones subía demasiado y los desequilibrios demográficos eran fuertes, ante la escasez de hombres surgía la poligamia, en la que un hombre satisfacía las necesidades reproductivas de varias mujeres. 

Pero la sedentarización y la agricultura también dio lugar a la aparición de la poliginia, es decir que una mujer pudiera tener varios esposos. Muchas veces estos varios esposos eran hermanos entre si de forma que los hijos se consideraban hijos de todos ellos. Esto se daba generalmente en lugares con recursos escasos para mantener y no fragmentar la tierra, es decir, generaban la misma función que la primogenitura europea durante la época feudal. 

Ejemplos de poliginia se dan también en los textos hindúes. Draupati tuvo cinco esposos, Jatila se caso con siete Saptarishi y Pracheto se casó con diez hermanos. De esta forma la mujer conservaba la propiedad de la tierra que pasaba a su hija, al tiempo que agrupaba en torno a sí a un grupo de hombres para defenderla a ella y a su papel social de cúspide jerárquica como matriarca de su linaje.

Todos estos cuentos y mitologías se remontan y describen algunas de las sociedades matriarcales del pasado. Evidentemente estas no son las únicas sociedades matriarcales que existieron, pero demuestran que la mitificación del matriarcado como sociedades justas de paz y amor donde todo es armonía e igualdad no se corresponde con la realidad histórica ni de lejos. Las sociedades matriarcales dominadas por las mujeres pueden ser tan opresivas o más que las "patriarcales". 

Un ejemplo de esto lo tenemos en la sociedad de los Tchambuli de Papua Nueva Guinea. Esta fue una tribu estudiada por Margaret Mead. Las mujeres Tchambuli son dominantes y gustan de un trato impersonal con los otros, se dedican a la pesca y a la fabricación de mosquiteras, mientras que los varones, emocionalmente dependientes de sus mujeres, emplean la mayor parte de su tiempo en tareas artísticas como confeccionar vestidos y maquillarse y vestirse para las danzas rituales. A las mujeres les divierten los juegos y bailes de los varones, que aunque poseen nominalmente la casa, la familia e incluso a la esposa, no tienen poder real de decisión.

Las mujeres Tchambuli viven en continuo contacto unas con otras, integrando grupos de colaboración, mientras que los hombres, en cambio, se asocian sólo en momentos concretos y su solidaridad es "...más aparente que real".

La mujer Tchambuli tiene el poder ya que de su pesca depende la supervivencia del grupo. El pescado, además de constituir la fuente de alimento por excelencia, es cambiado por otros productos, y en manos femeninas, como ya he mencionado, se hallan también la fabricación de mosquiteros. Las mujeres permiten a sus esposos comprar comida en el mercado y realizar intercambios de productos, lo cual es considerado por los hombres como "...una ocasión de gala; cuando un hombre tiene entre sus manos la negociación final de un mosquitero de su mujer, se marcha resplandeciente con sus plumas y adornos de conchillas y pasa varios días deliciosos para realizar la transacción. Dudará y se equivocará, avanzará aquí, retrocederá allá, (...) en fin, hará de la elección una verdadera orgía, tal como una mujer moderna, con su cartera bien provista, revuelve en la tienda de una gran ciudad en un día de compras".

Como ya hemos dicho las sociedades matriarcales dominadas por las mujeres pueden ser tan opresivas o más que las "patriarcales". Durante mucho tiempo hemos pensado que las personas se diferenciaban por su fé, había verdaderos creyentes y herejes que no merecían vivir. Luego pensamos que las personas se diferenciaban por raza, que había unas razas mejores que otras. En ambos casos estamos hablando de sociedades etnocéntricas. Luego pensamos que las diferencias eran por el nivel de inteligencia racional hasta que se demostró que existen múltiples inteligencias. 

Ahora la penúltima gilipollez postmoderna es pensar que lo que hace a una persona mejor o peor en función del genero, ... y ahí hemos pasado del machismo al feminismo radical y a la reivindicación del matriarcado que no es mas que egocentrismo generocéntrico. Ya saben, yo soy buena y el hombre es malo y opresor, por tanto es el hombre el que tiene que cambiar y yo puedo seguir haciendo cómodamente lo mismo porque tengo todos los derechos sintiéndome victima,... es decir narcicismo egocentrista de bajo nivel de conciencia.

También es curioso como los giliprogres culpan al capitalismo patriarcal de la explotación de la mujer. Cualquiera que sepa un mínimo de historia y antropología sabe que el punto más bajo de relevancia social de la mujer ocurrió durante las sociedades agrícolas avanzadas, es decir agricultura con arado y bestias de tiro, en donde las tares agrícolas dejaron de ser hechas por las mujeres en sus pequeñas huertas y fueron hechas por los hombres en grandes campos produciendo un mayor excedente de producción para la comunidad. Posteriormente con las sociedades industriales el papel de la mujer fue recuperando relevancia y en las sociedades postindustriales la relevancia es completa y las desigualdades mínimas en términos históricos.   

Quizás algún día empecemos a entender que lo que diferencia a las personas no es ni su genero, ni su color de piel, ni nada por el estilo, sino su grado de desarrollo de conciencia, su grado de evolución espiritual y su grado de desarrollo personal. Y quizás algún día entendamos que el sagrado masculino no es mejor ni peor que el sagrado femenino, sino complementario ... y que la energía masculina de bajo nivel de conciencia es inferior al sagrado femenino de la misma forma que la energía femenina de bajo nivel de conciencia es inferior al sagrado masculino. 

No se trata ni de masculinizar a las mujeres ni de feminizar a los hombres. Es una cuestión de nivel de conciencia no de género. Se trata de alcanzar esos niveles de sagrado masculino y femenino.  Pero mientras no lo hagamos seguiremos alimentando el narcicismo y la gilipollez postmoderna....o al menos esta versión giliprogre de la postmodernidad totalmente insana.



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