No es neoliberalismo, es neomercantilismo (I)

Un día los banqueros se dieron cuenta de que en un mercado libre y competitivo las oportunidades de negocio no eran ni tan rentables ni tan seguras como en los monopolios u oligopólios. Se dieron cuenta de que las oportunidades de arbitraje (beneficio sin riesgo fruto de las ineficiencias y asimetrías del mercado) desaparecían tan rápidamente que había que hacer que duraran más, y la forma de conseguirlo era a golpe de introducir legislación al respecto. Así empezaron a crear montañas de legislación para prohibir esto o aquello - bajo la excusa de protección al inversor o cualquier otra chorrada - al tiempo que creaban montañas de productos estructurados que vendían a los clientes para saltarse la legislación que ellos mismos habían impulsado.


Por ejemplo una compañía de seguros o un plan de pensiones no puede invertir en materias primas pero puede invertir en un bono estructurado que tenga como subyacente materias primas, es decir que dependa del precio de las materias primas. Esto permitía a los bancos crear artificialmente oportunidades de arbitraje que se mantenían en el tiempo, o al menos mientras siguiera vigente la legislación. En realidad no eran oportunidades de "arbitraje" sino "extracción de rentas", es decir, no creaban riqueza nueva sino daban un servicio innecesario que solo se justificaba por la legislación artificial que habían introducido para eliminar la libertad de contratación y así redistribuir la riqueza (hacia ellos) pero sin crear riqueza nueva.

Era como si le pusieran una cadena de lado a lado de un río y pidieran peaje por pasar navegado. Ni habían creado nada, ni habían mejorado el entorno del río, ni han creado ningún valor, simplemente hallaron la forma de cobrar por lo que antes era gratis.

Además los bancos empezaron a actuar no como gestores de riesgos sino como supermercados de productos financieros, y el riesgo, en lugar de gestionarlo ellos, como es su obligación, se lo endiñaban al cliente vía producto estructurado o lo que fuera.

No tardaron en extrapolar toda esa lógica al resto de la economía. Las empresas en las que ellos invertían tenían mas riesgo y menos beneficios si operaban en un mercado libre y competitivo que si operaban en régimen de monopolio u oligopolio protegidos por barreras de entrada o privilegios estatales. Lo mismo ocurría si en lugar de invertir les prestaban dinero. Esos prestamos tenían mas riesgo si se le hacían a empresas que operaban en mercados libres y competitivos que si lo hacían en mercados intervenidos o en concesiones administrativas. Operaciones con menos riesgos le permitian apalancarse más y crear más dinero de la nada,.... o en términos técnicos "usar mas eficientemente el capital propio del banco".

En la mayoría de los casos, las privatizaciones no fueron acabar con monopolios u oligopolios estatales para introducir libre competencia, sino la venta de monopolios u oligopolios al sector privado de la misma forma que los monarcas de antaño se la pasaban vendiendo puestos y privilegios. En el proceso ganaban todos, banqueros, políticos y empresarios,.... todos menos el ciudadano me refiero.

Luego llegó la crisis ... y de repente cambiaron las reglas... eso de dejar caer a las empresas ineficientes o mal gestionadas lo dejamos para la teoría,....ahora había que rescatar a los bancos,o mejor dicho a los accionistas y a los que habían comprado bonos de los bancos, así que en lugar de nacionalizar los bancos que estaban en quiebra, lo que hicieron fue prestarles o regalarles dinero. algunos países como Holanda o USA recuperaron ese dinero, otros como España se lo regalaron directamente. Es decir, las reglas de juego las cambiamos según nos convenga. Es la ley del embudo, la parte ancha para la elite y la estrecha para el resto.

Luego se inventaron cincuenta mil historias para, junto con los bancos centrales, transferir enormes cantidades de riqueza del ciudadano y el contribuyente a la élite mediante "programas" con rentabilidades altísimas diseñados para enriquecer artificialmente a dicha élite mientras que se recortaban derechos y servicios públicos.

El enemigo más efectivo contra el sistema de mercado no es un hippie comunista fumando hierba, ni siquiera un sindicalista con el puño en alto cantando la internacional. El enemigo mas efectivo contra el sistema de mercado es un banquero profesional trajeado, un empleado de la Reserva Federal o de cualquiera de los Bancos Centrales o unos políticos ambiciosos dispuestos a vender dávidas y privilegios para enriquecerse. El juego se llama "privilegio y oligopolio", es decir, concentración de poder, y para concentrar poder hay que acabar con la competencia, y por tanto con el libre mercado.

El ascenso del capitalismo, que comenzó hace un par de cientos de años, ha sido un desarrollo espectacularmente positivo para la humanidad. Ha creado riqueza material y crecimiento a una escala que el mundo nunca ha visto antes. Ha generado una enorme riqueza material que sacó a miles de millones de personas de la pobreza y acabo. Triplicó la esperanza de vida y liberó a la mayoría de la dependencia del Estado y el sistema de absolutismo y privilegio aparejado a este.

Pero no ha sido un sistema sin fallos, de hecho tiene dos grandes fallos, el primero el desastre ecológico del consumismo y el expolio de los recursos naturales del planeta. Por otro, especialmente durante los últimos 40 años, el sistema ha mutado de los principios de libre mercado recreando los principios del mercantilismo intervencionista anterior, y como consecuencia la gran mayoría del crecimiento económico hacia las élites que poseen y administran los sistemas de creación de riqueza y el poder político.

El problema es que la gente de la calle no entiende esto. La corrupción del significado de las palabras es una técnica de manipulación política que usan tanto la derecha como la izquierda. Al cambiar el significado de las palabras se nos hace imposible entendernos aunque hablemos el mismo idioma. Al sistema actual se le suele denominar "neoliberal", sugiriendo que es una evolución del sistema "liberal", pero ¿es esto cierto? veremos que no. El sistema actual se parece mucho más al mercantilismo que al liberalismo, por tanto en lugar de neoliberalismo deberíamos llamarlo neomercantilismo.

... continuará
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