Atreverse es la cualidad más noble del ser humano


Atreverse es la cualidad más noble del ser humano. Sin la capacidad de atreverse con lo desconocido, la especie humana solo habría sobrevivido en unos pocos rincones del África tropical. Sin la capacidad de atreverse, las grandes mentes nunca habrían existido. Si la capacidad de atreverse nadie puede florecer y dar todo lo que puede dar. La civilización es el resultado de la osadía. Es posible que se comentan errores - que tarde o temprano se corrigen - pero el progreso de la investigación se basa en el método de prueba y error. Las pruebas abren nuevos horizontes para la investigación. Los errores invitan a la toma de conciencia y al debate. Ambos son importantes para la cultura. El coraje de atreverse a probar, incluso cuando existe el riesgo de cometer errores, es el principal motivo de la evolución.

Atreverse es estar vivo, es florecer, es enriquecer nuestra experiencia vital con éxitos y fracasos. Todo cambia, la vida fluye como una ola en el mar. Cuando hacemos las cosas desde nuestra alma todo fluye.

Pero en Canarias estamos paralizados. Nos aterra cualquier iniciativa que implique mover una piedra. Miedo a que nos sigan robando, miedo al pasado y al futuro, sentimiento de culpa: “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”. Una frase que conlleva una actitud de miedo frente a los retos de la vida. Una actitud de conservadurismo y miedo que niega la alegría vital, la evolución y el desarrollo, la vida misma. Una actitud perniciosa tanto para el individuo como para la sociedad. Una actitud producto del miedo a lo desconocido, de la falta de confianza en uno mismo y de la renuncia a luchar por el futuro.

El miedo es el mayor asesino del corazón y del espíritu humano.Vivir con miedo es una condena que nos hace imposible ser felices y hacer felices a otros. Miedo al mañana, miedo al otro, miedo al de afuera, miedo al vecino. El miedo es resistencia a lo desconocido y se vence mediante la aceptación de la incertidumbre y el fortalecimiento del YO y de la autoestima. 

Stephen Hawkins decía que la inteligencia es la capacidad de adaptarse al cambio. Pero el nuestro es un país que se resiste al cambio, y no es solo la élite privilegiada por el sistema la que se resiste a él, también el pueblo, las personas que en teoría serian beneficiadas por el cambio.

Parafraseando a Sir Edwards Deming yo diría que "el cambio no es obligatorio, porque ni la supervivencia, ni la autorrealización ni el florecimiento de las personas y sociedades tampoco lo son".

Cuál es la explicación profunda del inmovilismo de nuestra gente que nos condena a percibir amenazas donde florecen oportunidades, a no aceptar el mundo cambiante que nos rodea, a perseverar en errores ancestrales. Que nos hace querer seguir anclados a una experiencia, a una realidad que en su mayor parte y para la gran mayoría de los canarios no es agradable.

Tenemos un modelo económico y social que no funciona. Asistimos a un espectáculo lamentable de corrupción y abusos de poder político y económico, mayor desigualdad e insolidaridad. La degradación medioambiental parece no tener freno. La sociedad en la que vivimos es ampliamente injusta y fuera de todo equilibrio social o ecológico, pero preferimos volver a lo que había antes de la crisis en lugar de intentar algo nuevo, a sembrar un futuro distinto.


Atrevernos es la cualidad más noble del ser humano, pero atreverse implica asumir la responsabilidad de nuestro destino, y eso no queremos hacerlo. Atrevernos implica enfrentarnos a nuestra propia oscuridad, a nuestros miedos y a nuestras barreras psicológicas y como decia Carl Jung "La gente podrá hacer cualquier cosa, no importa cuán absurda, con el fin de evitar enfrentar su propia alma". De ahí aquello de mejor malo conocido que bueno por conocer. La gente se acostumbra a vivir en un ambiente tóxico porque cambiar le cuesta más que sufrir, o al menos así lo percibe.

La paradoja es que mientras tendemos a creer que cualquier cambio o movimiento puede significar perdida, en nuestra vida no paramos de cambiar, empezando por nuestro cuerpo, siguiendo por nuestra mente y por cada segundo de existencia es distinto que el anterior. Como dijera Heráclito "ningún hombre pude bañarse dos veces en el mismo río" porque la segunda vez el río ya ha cambiado. Toda experiencia es nueva, toda experiencia es en el ahora. La única constante es el cambio y la evolución (o involución).

Canarias no siempre fue así. Durante la época de los Puertos Francos desde mediados del siglo XIX hasta la guerra civil española, la economía canaria fue innovadora. Primero la cochinilla, luego los puertos, el tomate, los plátanos, el segundo ciclo de la caña de azúcar y las fabricas de rones, el tabaco, etc... Canarias en el primer capitalismo estaba inmersa en los flujos del comercio internacional y vivió una época de profunda innovación y transformación. Con la perdida de los Puertos Francos, la integración en la Unión Europea y el Régimen Económico y Fiscal, Canarias salio de la globalización para convertirse en una finca privada y un mercado cautivo de cuatro.

La experimentación es la fuente del conocimiento y sin atreverse a experimentar no hay conocimiento. Pero en Canarias hoy se lleva aquello tan español de "los experimentos en casa y con gaseosa". Quien se atreve a experimentar es un "echado pa´lante" un "loquinario", y quien se niega a experimentar posee, a vista del español medio, halo de persona seria y confiable, y a vista de los que hemos viajado y conocido otras realidades halo de paleto canchanchan. No es de extrañar que España sea un país que desprecia el conocimiento.

Cualquier atisbo de pensamiento independiente o de crítica hacia ciertos paradigmas o creencias se vilipendia y se excluye sistemáticamente. La autocensura y el miedo a pensar por uno mismo impide escapar de la cárcel de percepción del esclavismo moderno. El sistema saca beneficio de este tipo de pensamiento, apuntalando a individuos altamente obedientes, trabajadores precarios pero productivos, consumistas sin criterios por un lado y por otro de revolucionarios emocionales a golpes de ocurrencias. 

Pero, ¿por que nos quedamos en lo malo conocido en lugar de aventurarnos en lo desconocido? ¿Qué nos detiene cuando estamos insatisfechos con alguna circunstancia de nuestra vida y no damos el paso para cambiarla? Porqué nos tenemos que resignar cuando podemos vivir mucho mejor y podemos tener una Canarias más justa soberana y con una distribución de la riqueza más coherente con una economía abierta a la globalidad y no secuestrada por unos pocos de aquí y de España que nos usan como una colonia económica donde la mayoría de la gente de fuera que viene aquí vive mucho mejor que la mayoría de gente que ha nacido aquí. ¿Qué nos impide intentar un sistema mejor, más justo para la gran mayoría, que no margine a cada vez más gente, de seres más libres?

La respuesta es múltiple, pero podemos agruparla en varios  la falta de confianza en nosotros mismos, nuestras creencias limitantes que se traducen en comportamientos contraproducentes, la influencia cultural española y un sistema judicial, político y económico llenos de privilegios para unos pocos y migajas para unos cuantos más.

Todo esto produce una degradación moral que recogió perfectamente Unamuno en su opinión sobre Canarias "Tierra de flores sin olor, hombres sin valor y mujeres sin pudor". Hombres que no se atrevían a rebelarse y mujeres que para escapar de su falta de futuro se echaban a los pies de cualquier extranjero.


Pero en el fondo tiene que ver con el conjunto de valores profundos que condicionan la percepción y la interpretación del mundo. A través de la cultura española, la educación y otras técnicas de ingeniería social se han introducido o fomentado en la sociedad una serie de valores. 

Estos valores tradicionales condicionan la modalidad predominante de pensamiento a favor de la obediencia, la conformidad con las reglas, realidad controlada por una autoridad superior (Dios, el gobierno, la Constitución) que castiga el mal y recompensa el bien y la vida recta, exacerbación de la culpa, la resignación. Se fomenta la estabilidad y el miedo a la incertidumbre. Es decir la negación y la reacción al cambio.

Si en el alma de Estados Unidos está la revolución liberal, en el del Reino Unido la Revolución Gloriosa de 1688 y en la de los países norte europeos la Reforma protestante, en el alma de España está la contrareforma, es decir el enquistarse y enrocarse en el conservadurismo. En este aspecto los votantes tanto del PSOE como del PP se diferencian en muy poco. La defensa del estatus quo y del régimen del 78 responde a esta dinámica. 

Por otra parte también se introducen valores de la postmodernidad que chocan con los preceptos de la democracia liberal. Evidentemente los valores postmodernos están mas avanzados que los valores autoritarios tradicionales que explicamos en el párrafo anterior, pero el problema es que se interpretan precisamente desde ese nivel. El resultado es que refuerza el férreo control tradicional al oponerse y demonizar los verdaderos principios de la democracia liberal necesarios para acabar con el control tradicional del poder y la concentración del mismo, es decir, lo que se ha venido a llamar el Régimen del 78. 

Pero si los que obedecen son reacios al cambio, los que manda, el Poder con mayúsculas, si que cambian las cosas a su conveniencia, mientras que impiden el cambio que favorecería a la sociedad en su conjunto. Cada día crean más y más mecanismos para asaltar las arcas publicas y exprimir al ciudadano, para amedrentarnos, para fomentar la creencia de peligro y miedo al caos, para mantenernos mansos y dóciles.

Quizás deberíamos recordar el primer párrafo de este articulo, quizás debereiamos liberar las cadenas de nuestra mente y recordar que el cambio es la cualidad innata de la evolución del Universo y que si lo negamos negamos a su creador. y que atreverse es la cualidad más noble del ser humano y lo que le permite prosperar y florecer.

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