miércoles, 8 de febrero de 2017

Alimentando el aire y ordeñando las nubes

Una amiga - que como yo ha estado emigrada en diferentes partes del mundo muchos años y que ha vivido gran parte de su edad adulta fuera de Canarias - asistió recientemente a unas jornadas sobre Lengua y Literatura en Canarias organizadas por el Gobcan y la Academia Canaria de la Lengua. Cuando llegó el turno de palabra intervino para contar sus experiencias, hablo del complejo del canario y de los guanches, de sus vivencias como docente en Europa del Este y en Latinoamerica. A todo esto, un señor académico, que posiblemente solo ha estado fuera de Canarias de vacaciones, la tachó de chauvinista. 

Parece ser que defender la propia cultura es de mauro, de chauvinista o de xenofobo. Evidentemente ellos son universales, internacionales e intergalacticos postmodernos, lo cual no estaría mal si no fuera porque su eurocentrismo invalida toda la "universalidad" que pretenden tener.

Esa actitud de superioridad moral, eurocentrismo y de desprecio a otras epistemologías y a lo local canario no manifiesta la universalidad que pretenden tener sino que tan solo esconde un enorme complejo de inferioridad y un narcicismo desmedido.

Canarias tiene un grave problema de mezcla de ignorancia y arrogancia. Se puede ser ignorante si eres humilde y lo reconoces. Al fin y al cabo la verdadera ignorancia no es la falta de conocimientos sino el negarse a adquirirlos. Pero ser ignorante y a la vez arrogante, ahí tenemos un problema. El orgullo de creerse especial, el querer ser asimilado renunciando a si mismo en lugar de trabajar el si mismo para mejorarlo y contribuir con ello a lo universal o el orgullo como mecanismo de defensa que trata de esconder una enorme falta de autoestima no evidencian sino esa mezcla de ignorancia y arrogancia que muchas veces se esconde bajo una universalidad mal entendida.

El árbol es consciente del viento, del sol, del agua y del aire universal que respiramos y compartimos todos en este planeta, pero también es fiel, consciente y comprometido con el lugar en donde tiene sus raíces, con la tierra en donde se sustenta. La tierra de la que se alimenta y a la que fertiliza con sus hojas caídas. Sin sus raíces, la tierra que lo sostiene se erosionaría y él dejaría de ser. Si no cuidara sus raices y la tierra que le sostiene, sus hojas ya no podrían alimentar el aire ni ordeñar las nubes.

Sin sus raíces el árbol no seria y desaparecería el canto de los pájaros. Sin sus raíces, las gotas de roció y la lluvia del agua universal que dan vida dejarían tan solo una roca inerte. Sin sus raíces el árbol no podría contribuir al aire universal que respiramos.


Ser universal no significa renunciar a lo local por lo global, no significa renunciar a tus raíces, sino integrar ambas cosas, como hace el árbol, para aportar al conjunto, Los que abandonan su herencia cultural, sus raíces, rompen su espejo y caminan ciegos por siempre, sin saber nunca más lo que son, de donde vienen ni a donde van.

La universalidad bien entendida no es uniformidad, sino fraternidad en la diversidad. La universalidad bien entendida es ser como un árbol.


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