domingo, 22 de enero de 2017

Trump o la activación de la sombra de la postmodernidad patológica

Si algo tiene de bueno Donald Trump es que está sacando las vergüenzas y contradicciones de la postmodernidad a la superficie. Por ejemplo en la prensa y en las redes sociales se ha formado un gran revuelo porque Trump juró el cargo sobre dos biblias, una personal y otra la de Abraham Lincon,.... dos biblias nada más y nada menos,... ¡¡¡para dejarlo claro!!!...... exclama más de uno asombrado,.... pero algo tradicional en la toma de posesión de los presidentes americanos.

Obama también juró sobre dos biblias en su primera toma de posesión, o acaso pensabas que lo hizo sobre un comic del Capitán América y el especial de Interviú con tapas duras. 

Obama jurando sobre dos biblias su primer mandato
No entiendo a la gente que está metiendo miedo con Trump, ¿acaso Obama es un santo? Seguramente la administración Obama fue igual o peor que la de Bush. Obama deja el cargo, según escribe la columnista Medea Benjamin para 'The Guardian', habiendo  mantenido a Estados Unidos en conflicto durante más tiempo que cualquier otro presidente de su historia. No está mal para un Nobel de la Paz.

En cuanto a las libertades individuales, Trump lo tiene complicado para superar a Obama en el tema, recordemos los escandalos de las escuchas del NSA, la persecución a Assange de Wikileaks, o el encarcelamiento de Snowden como botón de muestra.

Otros acusan a Trump de ser apoyado por el "Gran Capital", olvidando que ese "Gran Capital" a quien apoyaba fue a Hillary Clinton y al Partido Demócrata. Durante los ocho años de mandato de Obama, su gobierno no solo ordenó numerosos ataques aéreos, sino que también alcanzó la cifra récord de 265.471 millones de dólares en venta de armas, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial. 

A Obama le dieron el Nobel de la Paz antes incluso de empezar a gobernar prácticamente por el simple hecho de haber ganado unas elecciones presidenciales en USA, lo cual no parece muy lógico. La administración Obama ha lanzado unas 49.315 bombas solo en los dos últimos años sobre unos siete países, todo un record para un Nobel de la Paz. Algunos dicen que no pueden justificar a Trump porque Obama lo hizo mal, pero tampoco a nadie se le está pidiendo que justifique a Trump antes de que empiece a gobernar.

La cara y los gestos de la familia Obama en la toma de posesión de Trump han sido ampliamente debatidos en las redes sociales.


En 2009, Michelle Obama le dio un regalo a Laura Bush que fue recogido con elegancia, clase y corrección, pero la reacción de Michelle Obama al obsequio de Melania,  la mujer de Trump, no pasó desapercibida.



Las protestas violentas en la toma de posesión se han saldado con 217 detenidos. Donde queda aquello del respeto por la democracia, tolerancia por las opiniones de los demás, de que todas las opiniones son validas o de que todo es relativo,.....todo menos las de la postmodernidad, según parece, que en su enorme hinchazón narcicista cree que sus valores son absolutos como si fueran la cumbre, el summun de la evolución humana, planetaria, social y psicológica. No me alegro por Trump, ni siquiera me "cae bien", pero me alegro de que la mascara postmoderna se esté haciendo trizas.


Parece que todas esas pontificaciones sobre democracia, humanidad e igualdad lo único que escondían era un narcicismo egocentrico. Porque es precisamente la hinchazón narcicista lo que caracteriza a la postmodernidad patológica que estamos sufriendo.

A falta de mejores razones, el postmoderno defiende su “libertad individual” de lo que considera autoritario o jerárquico mediante una actitud típicamente impulsiva y narcisista que se resume en ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer!. Lo que estamos viendo es un elevado desarrollo cognitivo insertado en una estructura emocional pobremente desarrollada según el filosofo y psicólogo estadounidense Ken Wilber. 

Pretenden hacer valer su punto de vista, igualitarista, pluralista tolerante y mundicéntrico recurriendo al poder, lo que les hace muy poco creíbles. Es una estrategia que ya hemos visto en otros movimientos “liberadores” o “vanguardistas” a lo largo de la historia; conquistemos el poder e impongamos nuestras ideas que son las únicas que pueden salvar el mundo. Esta actitud representa muy bien la contradicción inconsciente de la postmodernidad mal metabolizada que dice: “Todas las verdades son relativas menos esta”.

Evidentemente  la placidez de lo postmoderno, fuertemente incrustado en el mundo cultural y académico, y popularizado a través de los medios de comunicación de masas, se acaba con Trump... y gracias al cielo. La postmodernidad inicio la Inquisición de lo políticamente correcto y ahora, con las reacciones anti-Trump, el espectáculo se esta convirtiendo en una autentica caza de brujas, tan solo hay que mirar la prensa.

Cuando hay una reacción visceral y emocional es una pista de que puede haber una "sombra psicológica" no reconocida y además es sabido que toda caza de brujas no es más que la proyección de la propia sombra psicológica.

La postmodernidad ha sido la corriente ideológica emergente y dominante durante las ultimas cuatro o cinco décadas en el mundo occidental. Surgió con fuerza a partir de las movilizaciones contra la guerra del Vietnam y los movimientos hippies de los años 60 y 70 impregnándolo todo, especialmente la cultura, la política y la academia.

La postmodernidad ha tenido muchas cosas positivas como el multiculturalismo, los movimientos a favor de la diversidad, la conciencia ecológica, los derechos civiles o el pluralismo. La conciencia racional dominante durante la primera mitad del siglo XX procedente del racionalismo de la Revolución Industrial y el pensamiento científico nos había dejado sin alma, sin corazón y entumecidos porque nuestro ser interior fue ignorado e incluso negado. Se pasó a una superficialidad materialista que no tenia en cuenta nuestro ser profundo. El éxito se media en función de lo externo, de tu casa, de tu ropa, de tu coche, y además el desastre ecológico era cada vez más innegable. Ante todo esto se rebeló la posmodernidad igualitaria y pluralista.

Como las formas son lo que determinan si eres "sensible" o no, a la superficialidad materialista del hombre racional se la quiso sustituir con la superficialidad emocional de las formas, que junto con el pluralismo chato privó de toda profundidad el discurso y el debate.

Cada nivel de conciencia tiene su sombra o lado negativo. El lado positivo de la postmodernidad es su esfuerzo por tratar todos los puntos de vista justamente, y no marginar o excluir ninguno de ellos. El lado negativo es un pluralismo plano que empieza diciendo que todas las perspectivas deben tratarse con justicia y acaba diciendo que todas las perspectivas deben tratarse igual. Pues no, todas las perspectivas y opiniones son validas pero no todas valen lo mismo, porque se diferencian en el grado de conciencia, evolución, experiencia y conocimiento.

El postmoderno no solo está en guerra con los conservadores y con los racionales, sino también con los niveles de conciencia más evolucionados que ellos como el nivel integral o el nivel holístico. Es duro para nuestro ego asumir que no somos lo más grande que le ha ocurrido al planeta desde la invención del papel higiénico. El postmoderno no recicla vidrio y papel, el salva a Gaia y resucita a la Diosa. El postmoderno no evoluciona espiritualmente cultivándose interiormente sino que esta en la antesala de la mayor transformación espiritual que ha ocurrido en el planeta del mundo mundial y parte del extranjero desde el principio de los tiempos.

Su narcicismo y su hinchazón no tienen medida, y el hacerle ver que su visión del mundo no es la única posible despierta un gran resentimiento en ellos, así como la típica reacción nacida del orgullo, darse la vuelta e irse ofendidísimo, sin entender que hay vida y evolución más allá de la postmodernidad.

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