Tres tipos de personas, tres tipos de sociedades

En una época en donde el engaño, la manipulación y la mentira es moneda de cambio uno ha de buscar equilibrio, sabiduría y guía en las verdades universales del ser humano, es decir, en los clásicos. Es ahí donde se encuentra la esencia del alma humana.

Pero los clásicos no son tan solo la Republica de Platón, los Diálogos de Aristoteles, las Confesiones de San Agustin o las Meditaciones de Marcos Aurelio. Fuera de Europa también existen tradiciones como la Sufí, la tradición mística del Islam que hunde sus raíces en conocimientos ancestrales.

Gurddjieff

Esta tradición sufí ancestral llego a Europa de la mano de Gurdjieff y el "cuarto camino". En ella nos habla de que el hombre tiene fundamentalmente tres centros; el centro intelectual, el centro emocional y el centro motor.

El hombre Nº 1 tiene el centro de gravedad de su vida psíquica en el centro motor. Es el hombre del cuerpo físico en el cual las funciones del instinto y del movimiento siempre predominan sobre las funciones del sentimiento y del pensar. Es el hombre del hacer.

El hombre Nº 2 está en el mismo nivel de desarrollo que el hombre Nº 1, pero el centro de gravedad de su vida psíquica está en el centro emocional; es el hombre en quien las funciones emocionales predominan sobre todas las demás; es el hombre del sentimiento, el hombre emocional. Es el hombre del sentir.

El hombre Nº 3 también está en el mismo nivel de desarrollo que los otros dos, pero el centro de gravedad de  su vida psíquica se encuentra en el centro intelectual, en otras palabras es un hombre en quien  las funciones intelectuales predominan sobre las funciones emocionales, instintivas y motrices; es el hombre racional, que tiene una teoría para todo lo que hace, que parte siempre de consideraciones mentales. Es el hombre del pensar.

Todos nacemos personas Nº 1, 2 o 3 y las tres están al mismo nivel evolutivo de consciencia, es decir, en el nivel más bajo. Si queremos evolucionar hacia el hombre Nº4 que se encuentra un escalón superior en la escala de consciencia, debemos empezar a equilibrar nuestros centros de forma que un único centro ya no pueda tener tanta preponderancia sobre los otros. El hombre intelectual ha de desarrollar su faceta emocional y motora equilibrando su faceta de pensar con la del sentir y la del hacer. El hombre emocional ha de equilibrar su emoción con la parte intelectual y la motora, es decir con el pensar y el hacer. El hombre motor ha de equilibrar el hacer con el sentir y el pensar.



Según este concepto, todas las manifestaciones interiores y exteriores del hombre, todo lo que le es propio, todas sus creaciones, están igualmente divididas en estas categorías;

Podemos decir que hay un saber Nº 1, basado en la imitación, los instintos, o aprendido de memoria, machacado, ejercitado repetidas veces. El hombre Nº 1, si es un hombre Nº 1 en todo el sentido de la palabra, adquiere todo su saber como un mono o como un loro. Aprende haciendo.

El saber del hombre Nº 2 es simplemente el saber de lo que a él le gusta. El hombre Nº 2 no quiere saber nada de lo que no le gusta. Siempre y en todo, quiere algo que le agrade. O bien, si es un enfermo, por el contrario es atraído por todo lo que le desagrada, está fascinado por sus propias repugnancias, por todo lo que provoca en él horror, espanto y náusea.

El saber del hombre Nº 3 es un saber basado en un pensar subjetivamente lógico, en palabras, en una comprensión literal. Es el saber del ratón de biblioteca, de los escolásticos.

El saber del hombre Nº 4 es de una especie totalmente diferente.  La diferencia entre el saber y la comprensión se aclara al darnos cuenta que el saber puede ser la función de un solo centro. Por el contrario, la comprensión es la función de tres centros. De modo que el aparato del pensar puede saber algo, pero la comprensión aparece solamente cuando un hombre tiene el sentimiento y la sensación de todo lo que está vinculado a su saber. De forma análoga podemos saber algo instintivamente como los animales, pero hasta que no somos capaces de racionalizarlo y asociarlo a una emoción no lo habremos comprendido.



De la misma forma que podemos clasificar a los individuos por el centro intelectual (pensar), emocional (sentir) o motor (hacer) también podemos clasificar a las sociedades del mismo modo.

Por ejemplo tenemos sociedades centradas en el hacer, por ejemplo la sociedad alemana, otras centradas en el pensar, como por ejemplo la sociedad inglesa y también sociedades centradas en el sentir como la sociedad española.

Análogamente a lo que ocurre a los individuos, las sociedades evolucionan hacia su armonía cuando empiezan a equilibrarse y a no ser tan dominadas por solo uno de sus centros. Por ejemplo la sociedad alemana está orientada al hacer, pero también ha alcanzado un grado de desarrollo intelectual importante con grandes centros de investigación y numerosos filósofos e investigadores de talla mundial. Quizás su punto más débil sea el sentir.


La sociedad canaria es una sociedad terriblemente emocional, con falta del autocontrol, sin madurez ni intelectual ni emocional. Al igual que otras sociedades coloniales esta paralizada y es esclerótica. Esta enquistada en la resistencia pasiva, o mejor dicho en la pasividad sin resistencia, en la resignación. Para que la sociedad canaria se equilibre hay que introducirle el pensar, es decir el soñar a donde queremos ir y como alcanzarlo, porque es de lo más que carece, y transformar el hacer negativo, es decir el no hacer, la pasividad, la autoindulgencia, la desmotivación y la resignación en acción positiva, en construir, en trabajo en positivo, en entusiasmo.



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