miércoles, 3 de diciembre de 2014

El gatopardismo y la ley de hierro de la oligarquía

Las transformaciones sociales son procesos complejos sometidos a lo que se denomina ingeniería social. Lo primero es preguntarse cuales son los objetivo de la élite ante una transformación social. El objetivo principal y primordial de la élite es el de perpetuarse y para ello ha de excluir a la mayoría de la población de la toma de decisiones.

Este es el objetivo de toda élite perpetuarse excluyendo a la mayoría de la población de la toma de decisiones y para ello lo primero que ha de hacer es resistirse al cambio todo lo posible. Una vez que el cambio es inevitable y ya no se puede impedir o retrasar más, la siguiente estrategia es liderar el cambio para que todo cambie pero que todo siga igual. Un ejemplo de esto lo tenemos en la fallida revolución egipcia del 2011 durante la primavera árabe; el ejército egipcio encabezó el cambio y ha conseguido hacer sobrevivir la mayoría de las estructuras para que que todo siga igual.



El gatopardismo o lampedusianismo es un concepto político según el cual en determinados momentos históricos se hace necesario crear una apariencia de cambio revolucionario con el fin último de que la base, el núcleo del sistema, permanezca incólume e inalterado. El político "gatopardista" o "lampedusiano" inicia una transformación política revolucionaria pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras.  Este concepto está extraído de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “El Gatopardo”, que muestra cómo la aristocracia absolutista del Reino de las Dos Sicilias es expulsada del poder político para instaurar la monarquia parlamentaria del Reino de Italia, pero ello no implica transformar las estructuras de poder: la burguesía leal a la Casa de Saboya simplemente sustituye a los aristócratas como nueva élite que acapara para sí todo el poder político, recurriendo incuso al fraude electoral bajo una apariencia democrática.

Un ejemplo de esto lo tenemos en la transición española que significa la supervivencia y continuidad de facto de la oligarquía franquista. Otro ejemplo lo tenemos en la independencia de Guatemala o Mexico y, en general, en la mayor parte de Centroamerica,. Las élites coloniales se rebelan contra la reinstauración en 1823 de la Constitución liberal de Cadiz que daba demasiados derechos a las clases pardas. Las élites coloniales cambiaron de bando, pervivieron e incluso lideraron el cambio, pero solamente para mantener el mismo sistema y las mismas estructuras de poder.



Pero existe un tercer supuesto y es que la antigua élite tradicional es derrotada y sustituida por una nueva élite que es igual o peor que la anterior. Ejemplos tenemos muchos, la oligarquía mantuana venezolana y en general las oligarquías criollas sudamericanas surgidas tras los procesos de independencia para sustituir a las élites españolas del régimen colonial.  También la boliburguesía venezolana surgida de la Revolución Bolivariana y en general las élites populistas que han surgido como contraposición a las élites tradicionales latinoamericanas.

Cambiando de continente también tenemos múltiples ejemplos de transformaciones fallidas. Egipto ha tenido doce revoluciones desde la independencia pero el país sigue férreamente controlado por la élite militar. Las élites africanas surgidas tras los procesos de independencias - que van desde el régimen de Siaka Stevens en Sierra Leona, pasando por el régimen de Kwame Nkrumah en Ghana o el Régimen de Mengistu en Etiopia y finalizando por el Régimen de Dos Santos en Angola - también han recreado el mismo tipo de élites extractivas.


Esto es lo que Acemoglu y Robinson describen como la Ley de Hierro de la Oligarquía. Incluso cuando los oligarcas son expulsados por los revolucionarios, estos establecen un régimen oligárquico igual o peor que el anterior; 'Los nuevos líderes que derrocaron los viejos con promesas de cambio radical traen solamente más de lo mismo'.

Los procesos de transformación sociales y de ingeniería social son procesos muy complejos y el entender como se produce el cambio es tan importante como entender como no se produce. Mientras que las instituciones económicas son cruciales para determinar si un país es prospero o pobre, es la política y las instituciones políticas las que determinan que tipo de instituciones económicas tiene un país. Las instituciones económicas extractivas no pueden existir en el vacío, necesitan de instituciones políticas igualmente extractivas que las sostengan.

Por otro lado el tipo de instituciones políticas que tiene un país está determinado por las instituciones culturales que posea. La oligarquía no se sostiene únicamente a través del control económico de los medios de producción o el control legislativo y del aparato administrativo del Estado. La oligarquía se sostiene sobre todo mediante la manipulación del mapa congestivo de los individuos, por ejemplo, en el caso de Canarias haciéndoles creer que son ultraperifericos cuando están en el centro del mundo y de las rutas comerciales aéreas y marítimas, o haciéndoles creer que no se pueden desarrollar porque son islas, cuando la economía de Singapur, una isla del tamaño de Lanzarote, tiene cinco veces el tamaño de la economía canaria.

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.


Existen tan solo dos tipos de sociedades, sociedades extractivas, en las que el poder político y económico está muy concentrado y sociedades inclusivas en las que el poder político y económico está ámpliamente distribuido. Estas sociedades extractivas son lo que Karl Popper denominaba sociedades cerradas. El colonialismo, el fascismo, el comunismo, el populismo o la teocracia son tan solo casos concretos de sociedades extractivas. Las instituciones económicas y políticas extractivas siempre crean luchas por el control, y tienden a atraer a nuevas élites con la misma mentalidad extractiva de asalto a las arcas públicas que las anteriores. El que llega al poder se hace cargo de un sistema sin mecanismos de control ni limitación de su poder que no le interesa cambiar.

Por tanto la pregunta relevante sería; ¿como transformar una sociedad de extractiva en inclusiva para que podamos disfrutar de un mayor progreso, bienestar y libertad? La buena noticia es que dicha formula existe, la mala es que es exactamente lo contrario a lo que estamos haciendo en Canarias. Existe la forma de transformar sociedades extractivas en sociedades más inclusivas, la cuestión es ¿estás dispuesto a cambiar tú? ¿estás dispuesto a reconocer que has estado equivocado? ¿estás dispuesto a pagar el precio? ¿estás dispuesto a escuchar y tragarte tu orgullo?


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