El cambio necesario; ¿Populismo o Republicanismo?

No es necesario convencer a nadie que la sociedad española está totalmente podrida y necesita un cambio regeneracional pero la pregunta es; ¿que tipo de cambio, Populismo o Republicanismo?

El Populismo es emocionalmente satisfactorio. Parte de la premisa que las élites son malas, malísimas y que el pueblo es virtuoso. El populismo juega con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente para prometer lo que es imposible aprovechándose de la ignorancia y la miseria para dejar fuera la razón y la lógica en la toma de decisiones. Es decir el populismo no es la política de lo real sino de lo verosimil, es decir de lo superficialmente creíble. Es una mentira que nos contamos a nosotros mismos. 


Sería hipócrita cargar las tintas contra el Populismo sin primero reconocer el papel de la élite ooligárquica española, la casta, en la captura de las instituciones, en la corrupción y en el desmantelamiento de los pesos y contrapesos del sistema. El Populismo no surge porque si, sino por la actuación previa de una élite mafiosa que ha secuestrado las instituciones mediante un intervencionismo económico, político y social.

Nace de la percepción real de la gente de que los "peces gordos" han privatizado el Estado, saqueado la riqueza de la nación y abusado de la gente. El pueblo ha sido traicionado por sus líderes y la democracia se ha convertido en una fachada detrás de la cual una élite ha capturado y utilizado el Estado en su propio beneficio.

Ante esto la retórica de defender agresivamente los intereses del "hombre común" contra la élite privilegiada es muy atractiva. Se transmite la idea de que alguien representa (o dice representar) a la gran masa de la sociedad contra una élite privilegiada. Es un argumento que se usa tanto por la derecha como por la izquierda, por eso el discurso de Podemos se parece tanto al discurso Joseantoniano de Falange Española.

En primer lugar es más que dudoso presentar a "la gente" como un total, como una comunidad de intereses. Las sociedades son muy complejas y se producen en ellas conflictos de intereses. En segundo lugar, el modelo de partido de vanguardia leninista que dirige y conduce a las masas, es decir, la idea de que un hombre fuerte o la élite del partido consigue apoderarse del aparato del Estado para transformarlo en beneficio del pueblo es muy atractiva, pero la historia nos demuestra que esto nunca ocurre. 

Las independencias africanas son un ejemplo de ello; Ghana, Sierra Leona, Etiopia, etc.. se caracterizan porque la nueva élite es igual o peor que la anterior. En América Latina, por ejemplo, hay una larga tradición de los populistas de meterse en la cama con la élite política corrupta, y los resultados incluyen invariablemente políticas macroeconómicas irresponsables y diversos tipos de desastres financieros (véase "La macroeconomía del populismo en América Latina", editado por Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards).

El pensar que puede venir un hombre fuerte o una nueva élite para cambiarlo todo es muy cómodo. También lo es creer que la élite es mala malísima y el pueblo virtuoso sin reconocer que como todo poder es consentido un gobierno corrupto es solamente el reflejo de una sociedad moralmente corrupta.

El reformador ateniense y padre de la democrácia Solón de Atenas gobernó en una época en la que, al igual que hoy, existían graves conflictos sociales producto de una extrema concentración de la riqueza y del poder político en manos de los eupátridas, nobles terratenientes de la región del Ática. Solón se dedicó a reformar el poder político y económico, abriendo las instituciones para hacerlas más inclusivas. Pero las reformas de Solón no fueron solo políticas o económicas, también lo fueron culturales y morales.



En sus poemas, Solón retrata como Atenas está siendo amenazado por la codicia desenfrenada y la arrogancia de sus ciudadanos. No culpó únicamente a la oligarquia eupátrida, sino a todos y cada uno de los ciudadanos atenienses por su "hibris", que puede traducirse como ‘desmesura’, y hace referencia no a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los mortales. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). El hibris sería la codicia y orgullo extremo (es decir una mezcla de los pecados capitales) de la persona que se siente mejor que los demás y no duda de humillarlos para su propio placer y gratificación (lujuria y vanidad) retroalimentando de este modo su orgullo y falso sentido de superioridad.

Por tanto el primer error del populismo es hacer creer que que las élites son malas y el pueblo virtuoso cuando en realidad una élite corrupta no es más que el reflejo de una sociedad moralmente enferma y corrupta, tal y como entendió correctamente Solón. El segundo gran error es creer que un problema de desigualdad e injusticia creado por la concentración de poder en pocas manos se puede resolver concentrando aún más el poder.

Los Griegos entendieron que había tres formas de gobierno; o te gobierna uno que se llama monarquía y degenera en tiranía, o te gobierna un grupo, que se llama aristocracia (oligarquía) que degenera en cleptocracia o se gobierna por todos mediante la democracia que degenera en demagogia. 

La lógica del ascenso de regímenes populistas y regímenes fascistas es la misma; el país está en crisis y en su desesperación la gente acude a lideres mesiánicos. El populismo es un mecanismo burdo que trasciende ideologías, pero funciona porque la gente ignora como funciona el poder y confunden poder con dominio sin darse cuenta que todo poder es consentido. La degeneración de la democracia en demagogia y oligarquía partitocrática no puede hacerse fomentando la tirania sino recuperando las bases e ideales democráticos, es decir, mediante el republicanismo.

Las instituciones políticas se pueden dividir en dos tipos - Instituciones "extractivas" en el que un "pequeño" grupo de personas, sean de derechas o de izquierdas, hacen todo lo posible para explotar - en el sentido de Marx - al resto de la población y las instituciones "inclusivas" en el que "muchas" personas (pluralismo) están involucradas en el proceso de gobernar y se vigilan y contrarrestan unas a otras, por lo tanto el proceso de explotación se atenúa o se elimina.

En América Latina y en España, la gente suele echar la culpa de su pobreza al capitalismo y a los mercados, y esto eleva al poder a políticos populistas que con su corrupción y sus políticas económicas hacen todavía más daño y castran el desarrollo. Ejemplos tenemos todos los que quieras. En realidad, en lugar del mercado en sí, el principal problema en América Latina y España es una economía dominada por las élites que ha capturado los mercados y las instituciones suprimiendo cualquier noción de libermercado, o lo que denominaremos regímenes extractivos sustentados en instituciones económicas, políticas y culturales extractivas. Estas instituciones extractivas son replicadas tanto por la derecha como por la izquierda, porque en el fondo, bajo un sistema extractivo, ambas son lo mismo.

Los votantes temen, y con razón, que los políticos están comprados por la "oligarquía". Estos, sea cual sea su retórica, una vez en el poder, implementarán políticas en el interés de esta élite oligárquica. El verdadero problema es la captura de las instituciones por las élites, transformándolas en lo que los economistas denominan instituciones débiles, es decir, una institución en declive que no cumple la función para la que originalmente fue creada. 

Si la población comprendiera esto, el populismo y el control de las élites tradicionales no sería capaz de hacer tanto daño a la vida de millones de personas. El populismo representa la concentración del poder, el republicanismo por el contrario significa la distribución del poder mediante el pluralismo. El populismo representa el desmantelamiento de las instituciones, el republicanismo la sanación y la regeneración institucional. El populismo es el atajo que lleva a la tiranía, el republicanismo el camino lento que lleva a la libertad.

Existen dos instrumentos principales de poder, el primero es el control de las instituciones políticas y económicas, es decir de los "medios de producción" y el aparato legislativo, el segundo es mediante la manipulación y control del mapa cognitivo de la población a través de la propaganda. La respuesta a la degradación de las instituciones y el sistema democrático mediante la corrupción, el intervencionismo político y social, y la concentración de poder no puede ser más concentración de poder mediante el desmantelamiento institucional sino la regeneración de este.

La respuesta a la degradación y manipulación del mapa cognitivo de la población a través de los medios de comunicación y la propaganda solo puede ser contrarrestado con el espíritu crítico. No es casualidad que quieran eliminar filosofía de la enseñanza, que la gente se haga preguntas es muy peligroso para el poder.

A la demagogia hay que contraponer pasión por la educación, por el conocimiento, por la verdad, por empoderar al individuo, por el sentimiento de comunidad y la responsabilidad que de ello va aparejado. Pero es más fácil pensar que las élites son malas y el pueblo virtuoso que reconocer, como hizo Solón de Atenas, que un gobierno corrupto no es más que el reflejo de una sociedad moralmente corrupta. 


---------------------------------------------------------------------------------- Si consideras que la información de este articulo te ha sido útil puedes colaborar a hacer realidad estas ideas y este proyecto