Todo problema tiene solución al igual que todo veneno su antídoto

¿Podemos tener una democracia real, es decir, justa, equitativa, sabia, honesta, compasiva, bondadosa, basada en el respeto, en la libertad, en la responsabilidad, en la igualdad y en la fraternidad cuando nuestra moral y nuestros niveles de consciencia no reflejan dichas cualidades? ¿Acaso un gobierno corrupto no es el reflejo de una sociedad moralmente corrupta? ¿Acaso este sistema corrupto no nos refleja como Consciencia Colectiva corrupta?

La verdadera esencia el poder no es el dominio sino el consentimiento. Todo poder es consentido y las élites lo saben. Solo se puede gobernar con la colaboración del gobernado. Esto queda reflejado en el mensaje de Gandhi, un mensaje sencillo y claro; "los británicos gobiernan la India en su propio interés, ¿por que deberíamos ayudarles a hacerlo?". Da igual cuantas armas se tengan, cuantos tanques y aviones se tengan o cuantos policías se tengan, el gobernante solo puede ejercer su poder con la colaboración y el consentimiento del gobernado.


El consentimiento puede ser activo o pasivo, es decir, por acción u omisión. Somos responsables de lo que hacemos, pero también de lo que no hacemos y de lo que callamos. Cuando votamos a un determinado partido político estamos dando un consentimiento activo, tácito y voluntario. Cuando no votamos, cuando nos abstenemos o nos desvinculamos totalmente del proceso político y social aislándonos estamos dando un consentimiento pasivo o implícito. Lo mismo ocurre cuando obedecemos leyes injustas, toleramos la corrupción o nos nos rebelamos frente a los abusos, estamos dando nuestro consentimiento.

Puedes alegar que no existe ningún partido que te represente ni con el que estés totalmente de acuerdo, pero el encontrar un partido con el que estés de acuerdo hasta con la ultima coma es tarea imposible. En cualquier caso si no existe un partido que sientas que te representa mínimamente, pues funda uno o, si no te alcanza, funda una asociación y actúa localmente en tu municipio. Si no lo haces das tu consentimiento al sistema, un consentimiento pasivo e involuntario por omisión y mediante la inacción, pero consentimiento al fin y al cabo.

Muchos se refugian en el futbol o las telenovelas y emplean frases como "yo no puedo hacer nada para cambiar las cosas", "esto no hay quien lo cambie" y similares son tan solo autojustificaciones para evitar asumir nuestra responsabilidad porque se ven impotentes. Se han resignado, creen que no hay nada que hacer y han caido en la autoindulgencia. Se sienten impotentes para cambiar las cosas porque creen que el cambio tiene que venir desde arriba, desde los poderosos y que alguien tiene que venir a salvarlos a ellos,... una potencia extranjera, la ONU, un nuevo presidente o Papa Noel. Han olvidado que si cada uno de nosotros mantenemos limpio nuestra parte del camino, como antiguamente se hacia, el camino se mantendrá limpio. No han entendido que mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo.

Por otra parte también se sienten impotentes porque no entienden como funciona la sociedad, la economía, las finanzas y el poder (o tienen un modelo excesivamente simplista y obsoleto de ello y por tanto manipulable). En realidad todo se reduce a un problema de educación.


Un gobierno corrupto no es más que el reflejo de una sociedad moralmente corrupta. Cuando huyo de mi responsabilidad como ciudadano, como parte de una comunidad de personas, como miembro de un colectivo en realidad estoy dando mi consentimiento pasivo. No debemos evadir nuestra responsabilidad mediante la resignación. Existe una gran diferencia entre aceptación y resignación. Pongo un ejemplo. Imagina que vas circulando por una carretera de tierra, llueve y, de repente, tu coche se queda atascado en el barro. Ante esta situación puedes:

Resignarte
“¡Que   mala suerte tengo! ¿Por qué me tiene 
que suceder esto a mí? ¡No tengo cobertura en el móvil! 
¡Yo sól@ no puedo sacar el coche de aquí! 
¡No puedo   hacer nada!”

Aceptar lo que ha sucedido                                           
“De acuerdo, la situación es la siguiente: 
mi coche está hundido en el fango, está   
lloviendo, yo sol@ no podré sacarlo 
de dentro y no tengo cobertura en el móvil."

Aceptar que se ha atascado el coche significa que acepto la realidad de la situación porque la he comprendido. Por eso es importante entender las cosas, quitarnos el velo de la manipulación ya que si acepto algo que no he comprendido, no lo he aceptado, me he resignado.

Aceptar significa que fluyo con la situación, dejo a un lado mis creencias y actúo con sabiduría (una de las cuatro virtudes cardinales) con lo que la vida me está dando en este mismo momento. La realidad externa es neutra, no es buena ni mala. Es la interpretación mental que yo hago de un hecho lo que lo convierte en bueno o malo. Cuando acepto la situación se abre ante mí la posibilidad de hacer algo al respecto:

Resignarte
 “¡Que   mala suerte tengo! ¡No puedo hacer nada!”

Aceptar lo que ha sucedido 

 “Ok.   Acepto la situación. Y ahora… ¿qué hago?”


Cuando acepto la situación puedo responsabilizarme de la realidad que estoy viviendo y adoptar una actitud constructiva o bien resignarme lamentándome y adoptando el papel de víctima quejándome de que el coche está en el barro y sintiendo resentimiento. Cuando me resigno, pienso que la vida me sucede, cuando acepto lo que me ocurre, fluyo con la vida y aprendo de cada situación que se me plantea descubriendo nuevas formas de resolver el conflicto.

Resignarte
“¡Que   mala suerte tengo! ¡No puedo hacer nada!”
Aceptar lo que ha sucedido 
 “Voy a esperar a que pare de llover y luego saldré a buscar a alguien que me ayude.” 


La diferencia entre aceptación y resignación es el entender la realidadMuchas veces huimos de nuestra responsabilidad porque no nos creemos capaces de hacer frente a un entorno que no conocemos y nuestro ego y barreras emocionales nos impiden buscar ayuda o dejarnos guiar por otros; "que me va a contar ese a mi", "que me va a enseñar ese a mi", etc ... a nadie le gusta reconocer que necesita ayuda o que alguien sabe más que nosotros porque choca con nuestra autoestima, con nuestro ego. En el fondo es nuestro ego lo que nos mantiene estancados y nos genera el sufrimiento.

También huimos de la responsabilidad porque queremos huir del sentimiento de culpa. Pero hay una gran diferencia entre culpa y responsabilidad. Decir “Soy responsable de la vida que he creado.” "Yo soy responsable de lo que ocurre en mi calle, en mi familia, en mi comunidad" significa asumir la responsabilidad de la propia vida. Sentimos que tenemos el poder de crear nuestra vida con nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes y acciones. Quizás no puedas cambiar toda tu vida pero si que puedes cambiar cosas de tu vida cambiando tus conductas, es decir cambiando tus pensamientos, sentimientos, actitudes y acciones. Cuando tu cambias, de repente por arte de magia todo cambia a tu alrededor.


En cambio si decimos “Soy culpable de la vida que he creado.” nos situamos en una posición de debilidad, te sientes mal contigo mismo, malo, incapaz… Todos ellos apelativos merecedores de castigo. Castigo que muchas veces nos autoimponemos volviendo a caer en los mismos errores y, de este modo, entras en un círculo vicioso culpa-castigo.

Nos han metido un virus en nuestro ordenador, un virus en forma de falsas creencias limitantes (por ejemplo que somos ultraperifericos ¡¡en mitad de un mundo globalizado !! o que NO PODEMOS desarrollarnos porque somos islas) junto con toda clase de complejos y manipulación emocional subconsciente. También nos han metido ideologías obsoletas e incompletas que ya no sirven para explicar la realidad y  que generan toda clase de comportamientos contraproducentes que llevan a la autoderrota. 

Vivimos en una sociedad que nos impone creencias limitantes, instituciones políticas, económicas y sociales heredadas e ineficientes que se resisten a desaparecer y todo un fardo psíquico y cultural negativo con el que nos vemos obligados a vivir y del que no somos, en absoluto, culpables, al menos de forma activa. Pero tenemos que recuperar nuestro derecho a soñar nuestro futuro. Es nuestra responsabilidad decidir en que tipo de sociedad queremos vivir y que tipo de sociedad queremos dejar a nuestros hijos. 
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