miércoles, 14 de mayo de 2014

El cura y el pastor

Acababan de traer a su abuelo a casa. Había pasado varios días encerrado en los calabozos de la Guardia Civil.  El viejo estaba sentado sobre una piedra con la mirada absorta en el ocaso.  En sus recias manos deformadas se notaba tanto su oficio de pastor como las torturas a las que había sido sometido aquellos a lo largo de los años.

No era la primera vez que pasaba varios días en el calabozo. Le habían metido astillas de caña debajo de las uñas que luego quemaban y cuyas heridas, al infectarse y criar, le deformaban los dedos. La penicilina era cara y siempre faltaba en la isla. Pero las torturas de aquellos hombres con tricornio no habían conseguido romper su espíritu y su mirada seguía siendo limpia y clara.


No le gustaban los hombres de verde ni tampoco los que vestidos con camisa azul marchaban cantando el cara al sol. No es que fuera comunista ni nada de eso, el era tan solo persona. Lo habían apresado cuando bajaba del monte. Habían ido a esconder unos grabados de los antiguos para que aquellos hombres con tricornio y vestidos de verde no pudieran encontrarlos y destruirlos con sus picos y marrones.

Pero no les había dicho nada, no consiguieron sonsacarle ninguna información. El cura del pueblo lo odiaba porque andaba descalzo por los riscos con sus cabras, jurando por el sol y sobre todo porque no iba a misa. Mis cabras no entienden de domingos, decía socarronamente cuando alguien le preguntaba por su aversión a pisar las Iglesias.

Pero a algunas Iglesias si iba. Iba a ellas en determinados días del año y se sentaba frente a la virgen en silencio y abriendo su corazón. Se sentaba en ellas cuando no había misa. Iglesias que habían sido construidas sobre los santuarios de los antiguos.

Una vez un cura venido de España le había dicho enfadado y lleno de rabia que los canarios eran todos unos herejes porque pensaban que la Virgen era tan importante como Dios. Creían en ella más que en Jesucristo. Pero el sabia que eso no era así. Sabia que ella era la fuerza creadora que había creado el mundo, la energía que todo lo sostiene y la fuerza de la regeneración para que lo nuevo pueda surgir. No es que fuese tan importante como Dios, es que ella era Dios.

Pedro se sentó junto a su abuelo. Su padre estaba trabajando en la cantera mientras las mujeres de la familia habían bajado al pueblo con la cartilla de racionamiento. El viejo pastor sereno bajo su manta observaba las cumbres y como empezaba a bajar la niebla.

- ¿Que aprendiste hoy en la escuela?, le preguntó el viejo a su nieto.

- Las cuatro reglas y los nombres de los ríos de España; el Ebro, el Tajo, el Duero

- Pues ya sabes a donde puedes ir a abrevar las cabras o a buscar agua cuando tengas sed, le dijo el viejo guiñándole un ojo y con una sonrisa socarrona en la cara. Ambos rieron.

- Abuelo, ¿porque le odia tanto el señor cura y la Guardia Civil?, preguntó Pedro

- Porque no pueden romper mi espíritu. Al no poder con mi espíritu temen que los demás se den cuenta y pierdan su autoridad sobre ellos,... y ellos sin su autoridad no son nadie.

- ¿y no les tiene miedo abuelo?

- Mijo, la vida es muy corta y preciosa como para vivirla con miedo. Además el miedo y la culpa es lo que alimenta a la oscuridad.

- Pero si sigue sin ir a la Iglesia el señor cura le va a seguir mandando a los guardias

- Escucha Pedro, eso lo han hecho siempre. Durante muchos años hubo una cosa que se llamaba Inquisición. Metía el miedo y el terror en el alma de las personas para controlarlas y que no se rebelaran contra los abusos. Por eso tuvimos que ocultar nuestras creencias, unas creencias que son de todos y no son de "naide", para que un día puedan ser devueltas a todos los canarios. 

- Dice que usted irá al infierno por sus pecados.

- Mi Dios es una Divinidad de amor y de perdón y no una Divinidad de temor y arrepentimiento. Para mi el único pecado es hacerle daño al alma de los demás.

- ¿y no ir a la Iglesia no es pecado?

El viejo sonrió un instante. Hizo una breve pausa mirando al sol poniente, al sol de los muertos.

- Yo voy a la Iglesia, pero mi Iglesia es una Iglesia distinta. Yo creo y práctico las cosas de los antiguos, lo mismo que hizo mi abuelo y también el abuelo de mi abuelo. Para nosotros el mar, la tierra, los cielos, los animales y las plantas, las piedras y el viento, las nubes y el sol,.... todo ha sido creado por la Divinidad y todo es parte de ella misma. Esa es mi Iglesia Pedro. Por eso yo siempre estoy en mi Iglesia. Me despierto en mi Iglesia, me paso todo el día en mi Iglesia y me acuesto en mi Iglesia, .... y cuando estoy en ella trato de sentir a la Divinidad en todo, porque ella es la energía que todo lo alimenta y que todo lo sustenta. 


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