martes, 11 de marzo de 2014

España no tiene historia sino antecedentes penales

Hágase guardia civil, podrá abordar pateras y hundirlas en aguas de Lanzarote, disparar a "negros y moros" mientras están nadando en Ceuta o practicar torturas en los cuarteles de Euskadi, Catalunya o Canarias,..... los mejores de la promoción harán un master en Guantánamo pagado por el estado.... apúntate,.. la guardia civil, ... siguiendo una tradición centenaria.



El muro de Berlín era el muro de la vergüenza....pero aparentemente la valla de Ceuta no es ninguna vergüenza sino una instalación deportiva para practicar el noble deporte español de tiro al negro ... o al moro. Pero esa no es la primera tropelía de España en el Norte de Africa, durante la primera mitad del siglo XX se divertía bombardeando con armas químicas - prohibidas internacionalmente tras el fin de la Primera Guerra Mundial - a la población civil del RIF durante el "Protectorado español" de aquella región.

Y es que tras la paz de Paris de 1898, que demuestra como se pueden vender pueblos por 20 millones de dolares pagaderos a 90 días, el ejercito colonial español necesitaba un sitio donde ganar medallas y llenarse los bolsillos, y ese sitio lo encontró en el norte de Africa. Era entretenido y le permitía divertimentos tales como ir de caza,.... del moro,..... o de la gacela y los avestruces del Sáhara, los cuales prácticamente exterminó por divertirse pegando cuatro tiros.


Después de terminado el "protectorado" del Rif, tocó el turno de salir de la Provincia Española de Guinea Ecuatorial - dejando instalado a un dictador y posteriormente sustituyéndolo por otro dictador que quería ser el califa en lugar del califa - y, posteriormente, de la Provincia Española del Sahara Occidental. Ambas provincias tan españolas como Cuenca, of course.

El Sahara es entregado a Marruecos y Mauritania en 1976, a cambio de continuar con la explotación de las minas de fosfatos de Bucraa y el banco pesquero, condiciones posteriormente incumplidas por Marruecos, que terminaría ocupado todo el territorio ante la retirada mauritana.

Eso de entregar los territorios a los pueblos es algo que España no estila. ¿para que entregarlos si puedes venderlos? En 1898 Cuba y Puerto Rico ya habían sido entregadas a EE.UU y no a las fuerzas nativas que aspiraban a la independencia. En Ciares (Puerto Rico), el ejército español, después de rendirse a EE.UU, sofocó la proclamación independentista portorriqueña. Las guerras de independencia en Cuba habían durado más de medio siglo y en ellas se distinguió el General Weyler con la política de reconcentración en donde murieron más de medio millón de campesinos cubanos de hambre y enfermedades metidos en campos de concentración españoles cuyas fotografías recuerdan a los campos de exterminio nazi pero 50 años antes.



Pero tampoco es la primera vez que hacían un campo de concentración, ya lo hicieron en Adeje, Tenerife en 1496. Tras la batalla de los Magotes - silenciada oficialmente y desaparecida por arte de magia de los libros de historia pero no de la memoria del pueblo - se encerró a la población nativa canaria de los bandos de Adeje y Abona en lo que hoy es conocido por Los Cristianos, antes de la conquista por Ceres y tras los susodichos sucesos por "el corral de los de Adeje". Un corral en el que "les hicieron perrerías", algo que incluía la violación, el asesinato y prácticas tan entretenidas como probar el filo del acero en niños - a ver si la espada o la lanza estaba bien afilada o no -  mientras esperaban la llegada del Obispo que había de bautizarlos. Todo en post de salvar las almas de aquellos bárbaros a los que habíanse de traer a la civilización y la luz del cristianismo para luego usarlos como esclavos.



El negociete de la esclavitud es algo que pone a los españoles desde tiempos inmemoriales. Ya desde principios del siglo XIV venían a Canarias pacíficos pescadores andaluces que se dedicaban al lucrativo negocio de la piratería y la captura de esclavos. Los "atunes" que venían a "pescar" eran de dos patas. Luego continuaron esquilmando la costa del Sáhara hasta Senegal con cabalgadas esclavistas, lo que diezmó a las tribus bereberes sanhajas nativas del lugar facilitando su conquista y esclavización por las tribus árabes beduinas procedentes de Yemen que pasaban casualmente por allí, los actuales saharauis.

Cuando los españoles actuaban en Berbería, Canarias o, poco más tarde, en las Indias, no fue tanto por el afán de obtener un botín, algo consustancial con la naturaleza de la guerra practicada por los ejércitos europeos hasta el siglo XVIII, como más bien el de hacer esclavos. Luego, junto con los portugueses, se dieron cuenta de que eso de ir a capturarlos ellos mismos era muy cansado e inventaron el lucrativo negocio de armas por energía que perdura hasta nuestros días. Primero fueron mosquetes por esclavos y hoy son tanques por petroleo.

Como los españoles siempre han sido muy señoritos, posteriormente, decidieron que no iban más a capturar esclavos y se limitarían a comprarlos, convirtiéndose en el principal comprador de esclavos del mundo. Sobre todo de hombres, porque los españoles nunca adoptaron la "solución virginiana" (la reproducción in situ). Los españoles explicaron espléndidamente en las Cortes de Cádiz de 1810 sus motivos:

"la esclava preñada y parida es inútil muchos meses, y en este largo periodo de inacción su alimento debe ser mayor y de mejor calidad. Esta privación de trabajo y aumento de costo en la madre, sale del bolsillo del amo (...) todo forma un desembolso de tanta consideración (...) que el negro que ha nacido en casa ha costado más que el que de igual edad se compra aquí en pública feria."

Por lo tanto, la solución era reventar de trabajo a los esclavos para su mejor amortización. Las mujeres que se adquirían eran básicamente para meretrices y para el trabajo doméstico, algo para lo que también valieron posteriormente las mujeres canarias como veremos.



Las colonias españolas en America funcionaban a base de mano de obra esclava, pero el rollito esclavista se les fastidió cuando en 1817 Gran Bretaña, que había declarado ilegal la trata de esclavos, firma un acuerdo con España en ese sentido. Lo cual era una putada porque la revolución industrial de la maquina de vapor hacia que la demanda de "brazos" fuera mas grande que nunca. ¿La solución? bueno, sustituir a los negros por campesinos canarios. De hecho ya desde hacia tiempo se solia incluir a los canarios que migraban a America no como Españoles Peninsulares que ocupaban la cúspide de la escala social en ultramar, ni tan siquiera como criollos o "blancos de orilla", sino como componentes de las "clases pardas", es decir, sin derechos políticos.


Para dicha sustitución España pide a la Gran Bretaña un millón de libras esterlinas para sufragar el traslado a las Antillas de los campesinos canarios. Gran Bretaña paga pero ¿a donde fue el dinero? ¿Tu lo sabes? Yo tampoco. Es decir, siguieron esa muy castellana tradición de "mamarse las perras". Los campesinos canarios, y sus familias, tuvieron que costearse ellos mismos el traslado en base a unos contratos de trabajo que eran prácticamente de semiesclavitud en la denominada "esclavitud blanca". Es decir, lo mismo que les pasa hoy a las mujeres de Europa del Este que vienen a la civilizada Europa de la mano de las mafias que las introducen ... ¿entendiste?

En realidad tampoco se acabó con la trata de esclavos, España lo incumplió y la trata ilegal se hizo tremendamente lucrativa, enriqueciendo al ejercito español en connivencia con determinados potentados españoles residentes en La Habana, como el Marques de Alava, y con el Capitán General de Cuba de turno que diligentemente reservaba parte de las ganancias para la corona española. Por cada “pieza” desembarcada el Capitán General recibía 51 pesos de los negreros. Los ingleses calcularon que Leopoldo O´Donell debió amasar hasta 500.000 pesos durante su estancia en la isla, el equivalente a diez millones de reales en la moneda española de la época, una fortuna. Es más o menos el mismo rollo de hoy en día con la Guardia Civil y las drogas. Eso de controlar puertos, aeropuertos y aduanas es un "bisnazo".... ¿entendiste?



A los españoles siempre les han gustado los perros, deben ser muy sensibles con los animales aunque eso de los toros no me termina de convencer, pero bueno,... a los esclavos los ponían con perros para que no se sintieran solos, especialmente cuando trataban de fugarse. Eran los mismos perros que habían empleado antes en la conquista de Canarias - utilizándolos especialmente y con profusión contra las mujeres y niños - y posteriormente en la conquista de América. Tenia incluso un nombre; el aperreamiento. Esa táctica para imponer el terror, junto con la quema de las cosechas, el envenenamiento de las aguas para producir enfermedades de "modorra" y el incendio de palmerales y bosques fue muy efectiva en la conquista de Gran Canaria.

Los perros intensificaban el combate ante el efluvio de la sangre. Las bestias, amaestradas a la luz de un sadismo refinado, eran víctimas del ayuno y el encierro. Después, eran liberadas para el enfrentamiento en donde no era furia lo que prodigaban sino hambre. Destrozando y devorando a mujeres y niños en una práctica orientada a infundir terror.


Sobre todo en la conquista de Gran Canaria se usaron los métodos de la guerra de Granada. Un tipo de guerra menuda y de desgaste que hoy día llamaríamos de baja intensidad, siendo muy habituales “las algaras y cabalgadas, robos, cautiverios, muertes de hombres, incendio de cosechas y otras tropelías cometidas por unos y otros, y la serie continua de represalias que iban dejando entre moros y cristianos un poso de odio y de resentimiento imposible de controlar”.

También se usaron las talas y las quemas de bosques y cosechas para privar de recursos al contrario.  Fernando el Católico ordenó una tala de la Vega de Granada en 1484.

“fué tan grande la tala que todas las aldeas, alquerias, torres y mesquitas que los moros tenian en aquella parte y todos los olivares y huertas y las mieses que estaban en las eras, todo quedó destruido y quemado, con grande sentimiento de los moros de Granada, que salían a la defensa, porque eran siempre rechazados y puestos en fuga [...] Tardó su magestad en hacer esta tala cerca de quarenta dias y fué una de las mayores que se hicieron en la vega."
Así en la relación de la Conquista de Canaria de Pedro Gómez Escudero, se afirma que: 

… toda la isla era un jardín, toda poblada de palmas, porque de un lugar que llaman Tamarasaite quitamos más de sesenta mil palmito i de otras partes infinitas, i de todo Telde y Arucas.
Las cruzadas contra los moros, y las campañas de conquista de las islas Canarias fueron, manifiestamente, guerras de despojo y la escuela en que se formaron los conquistadores de América. En Canarias se  pueden observar todos los excesos que, más tarde, reaparecerán en las Indias: “[…] el colgar y empalar a la víctima, el descuartizarla, el cortarle las manos y los pies, haciendo luego correr al mutilado, el ahogar a los infelices prisioneros y esclavizar a las poblaciones indígenas”.

Beatriz de Bobadilla - la amante de Fernando el Católico a la que Isabel de Castilla se la quitó de encima mandándola a la Gomera - también tenia montado un chiringuito esclavista lo mismo que Diego de Herrera y Fernandez de Lugo que se dedicaban a asaltar las islas y vender esclavos en España y Portugal, por supuesto pagando el quinto de la Corona en el primer caso.

Beatriz de Bobadilla y Pedro de Vera

Cuando los gomeros se sublevaron ante tanto abuso la represión fue brutal. Beatriz de Bobadilla solicitó ayuda al gobernador De Vera, quien se apersonó en la isla con cuatrocientos hombres y consiguió capturar a un gran número de gomeros a través de un engaño, prometiendo el perdón a todos los que asistiesen a un acto religioso por el difunto. Tras apresar a parte de la población nativa con esa treta...
“sentenciaron a muerte a todos los que quinze años arriba, y dado que los matadores fueron pocos, los condenados a muerte fueron muchos, que a unos arrastravan y los desquartisavan, y a otros les cortaban pies y manos, y a otros ahorcavan, y a otros muchos echavan a la mar en barcas a lo largo, atados de pies y manos y con pesgas a los pescuezos”.
La crónica de Escudero dice “Fueron diversos los géneros de muerte porque ajorcó, empaló, arrastró, mandó echar a la mar vivos con pesgas a los pescuesos; a otros cortó pies i manos vivos, y era gran compasión ver tal género de crueldad en Pedo de Vera”. Los menores fueron embarcados y vendidos como esclavos, o simplemente arrogados en alta mar  "y mas por haber enviado a vender muchos niños y mujeres a muchas partes, y un Alonso de Cota ahogó muchos gomeros que llevaba desterrados a Lanzarote en un navío suyo”.



Pedro de Vera avisó a los alcaldes de las villas de Telde y Gáldar en Gran Canaria, donde habitaban que los gomeros que habían participado en la conquista de dicha isla, para que los prendiesen. Fueron atrapados “casi doszientos, y a todos los condenaron a muerte poblando muchas horcas y [em]palisadas de ellos y echándolos a la mar atados de los pies y con pesgas”. Se esclavizó a muchos gomeros ya cristianizado pero a los ojos de los conquistadores “aquellos no eran christianos, sino hijos de unos traidores que mataron a su señor y se querían alçar con la isla”.




La amputación de las manos, un castigo disciplinario en el seno del ejército romano, también la encontraremos, junto a las masacres, entre las prácticas habituales de dominación en la conquista de Canarias y América. El corte de manos es la incapacitación definitiva para la lucha y crea además un problema y una carga al pueblo sometido ya que ha de mantener y alimentar a una persona que no puede trabajar físicamente ni contribuir a la defensa. Además de recordatorio constante y efecto psicológico sobre la población.

“Tenían los españoles [...] en las guerras que hacían a los indios, ser siempre, no como quiera, sino muy mucho y extrañamente crueles, porque jamás osen los indios dejar de sufrir la aspereza y amargura de la infelice vida que con ellos tienen, y que ni si son hombres conozcan o en algún momento piensen; muchos de los que tomaban cortaban las manos ambas a cercén, o colgadas de un hollejo, decíanles: "‘Anda, lleva a vuestros señores esas cartas’ (...) íbanse los desventurados, gimiendo y llorando, de los cuales pocos o ningunos, según iban, escapaban, desangrándose y no teniendo por los montes, ni sabiendo dónde ir a hallar alguno de los suyos, que les tomase la sangre ni curase; y así, desde a poca tierra que andaban, caían sin algún remedio ni amparo” ”. 
Y cuando no era el corte de las manos - y de orejas y narices - era el fuego, el aperreamiento o el ahorcamiento. Sobre el genocidio americano perpetrado por los españoles los datos son más que abundantes y esclarecedores. Los más graciosos son los que se empeñan en negarlo como una supuesta "leyenda negra". ¿Cómo no va a ser verdad, si la propia Monarquía española utilizó tales argumentos para, por ejemplo, terminar con la trayectoria política de Hernán Cortés? 

Entre las acusaciones principales en su juicio de residencia (1526-1529) se hizo referencia a “crímenes, crueldades y arbitrariedades durante la guerra”. Y en el caso del conquistador del Perú, Alonso de Alvarado, en el proceso levantado contra él en 1545, se lee: “el dicho capitán Alonso de Alvarado con los compañeros españoles que en su compañía andaban, iban a hacer la guerra a las dichas provincias y a los caciques e indios de ellas, y les hacía la guerra a fuego y sangre como se suele hacer a los indios”.



Los dominicos de La Española, en un informe sombrío de 1519 al señor de Chièvres, consejero flamenco de Carlos I, corroboraron todos los crímenes y atrocidades cometidos en las personas de los aborígenes por los colonos –“comenzaron a romper e destruir la tierra por tales e tantas maneras, que no decimos pluma, pero lengua no basta a las contar”–, quienes, por un lado, creían que asesinar, torturar o violar a personas sin fe no era ningún delito y, por otro, se aprovecharon de “ser ellos gentes tan mansas e pacíficas e sin armas”.

“Mandó el gobernador juntar a todos aquellos indios [prisioneros], que era mucha cantidad, junto a un árbol grande que llamaban zapote que estaba en medio de la plaza, y allí mandó hacer justicia de ellos. Cortaron a unos las narices, a otros las orejas, y manos, y un pie, y luego les curaban con aceite hirviendo las heridas y fue tal castigo, que hasta el día de hoy jamás volvieron a la ciudad”

Las atrocidades, masacres, amputaciones que hicieron los españoles desde el valle del Mississippi hasta la Argentina serian muy largas de enumerar. Hernando de Soto en Florida y el sur de Estados Unidos, Pizarro en Perú, Hernan Cortés en Mexico o los conquistadores de Nueva Granada, la actual Colombia. El denominador común fue el uso sistemático del terror, de la crueldad y de la violencia extrema como método de dominación.


Las Casas señala la utilización de las masacres como una técnica habitual para reducir y anular la resistencia de muchos cuando deben ser dominados por pocos. Así, refiriéndose a la actuación de Nicolás de Ovando en La Española, dice:

“determinó de hacer una obra por los españoles en esta isla principiada y en todas las Indias muy usada y ejercitada; y esta es, que cuando llegan o están en una tierra y provincia donde hay mucha gente, como ellos son siempre pocos al número de los indios comparados, para meter y entrañar su temor en los corazones y que tiemblen [...], hacer una muy cruel y grande matanza”
Esteban Mira dedica estremecedoras páginas en su obra Conquista y destrucción de las Indias al uso y abuso de las mujeres indias por la mayor parte de los conquistadores. Las mujeres indias como botín de guerra; el abuso de sus mujeres para hundir psicológicamente al enemigo. algo que también hicieron con profusión en Canarias.

El salvajismo del comportamiento militar de los españoles se refleja en la técnica empleada habitualmente por los españoles cuando se proponían controlar un territorio.  La diabólica trinidad: en primer lugar, se trataba de hacerse con las personas de los caciques mediante una especie de secuestro mafioso y pedir un rescate en oro y plata. Luego de torturarlo quemándole los pies y otras lindezas por el estilo, y tras haber cobrado el rescate, los mataban porque, una vez muertos aquellos, “fácil cosa es a los demás sojuzgallos”. Una variante era tomar presos algunos indios de la zona –mejor si eran principales–, para que, tras torturarlos, les descubriesen sus “secretos propósitos y disposición y gente y fuerzas que en ellos hay”.



En segundo lugar, hacer una guerra cruel y cortar manos y pies, narices y orejas a los prisioneros para crear terror psicológico y un estado de shock. Finalmente hacer alguna masacre. Todo ello en nombre de la fé, de la santa cruzada y de un Dios que supuestamente iba a salvar sus "almas", aunque posiblemente lo que los indígenas creyeron es que venia el mismísimo diablo.

Una vez hecho esto se trataba de capturar la cúspide de la pirámide social casándose con cuantas princesas indias quisieran ya que los grupos indígenas debieron renovar o generar una alianza con el poder hegemónico, ahora español, para poder mantener sus posiciones de privilegio, o incluso para poder sobrevivir.



El siguiente paso era imponer trabajos forzados y otros abusos sobre la población nativa. Para ello aprovecharon, desvirtuandolas, cualquier tributo o institución nativa como la Mita y le añadieron unas cuentas instituciones castellanas para explotarlos, como el repartimiento o la encomienda.

Para aprovechar la mano de obra indígena, los conquistadores idearon  una serie de métodos de organización de trabajos forzados similares a los utilizados en Europa durante el feudalismo. Estos sistemas de trabajo fueron la mita, la encomienda, el repartimiento,la esclavitud y el yanaconazgo.

Encomendero
La más curiosa era la encomienda, es decir un grupo de indígenas se encomendaban a un encomendero para que este los educara en la fe católica. A cambio, los indígenas tenían que trabajar para el, podían ser sometidos a tributos o el encomendero podría obligarles a comprarle o venderle lo que el quisiera al precio que el encomendero determinara. Después del salvajismo de la conquista, este sistema sin duda los haría acercarse y abrazar esa religión de la fé, del amor, de la adoración, del impulso y el entusiasmo que rapidamente se transforma en la religión de la persecución, de la opresión y del exterminio de herejes e infieles.


Pero el uso de la religión y la intransigencia para la justificación de barbaridades y la opresión no se limita a las colonias. España es el país de la inquisición, que usaba igualmente el terror para mantener el orden social. Cortarle las manos a un español de la misma forma que se hizo a indios y canarios podía parecer excesivo, pero el terror de ser enterrado en vida en las mazmorras de la Inquisición o de ser quemado en la hoguera era suficiente para evitar "delitos ideológicos" y la tentación de pensar por uno mismo o cuestionar el orden de cosas. Al absolutismo económico y político de la oligarquía española se sumaba el dogmatismo, la intransigencia y el absolutismo cultural y espiritual.... y así durante casi seis siglos.

Sobre terrorismo de Estado, España también tiene un amplio historial. Desde los batallones de "voluntarios", milicias paramilitares privadas a las órdenes de terratenientes en las guerras de Cuba, hasta el financiamiento de los GAL en época más reciente, o las Brigadas de Cristo Rey, Batallón Vasco Español y otros grupos paramilitares durante el caciquismo y franquismo de los siglos XIX y XX.

En cuanto a crímenes de Estado, los intentos de asesinato de personajes "molestos" o "peligrosos" también están en el recetario del aparato del Estado español. No solo fué el atentado a Antonio Cubillo el 5 de abril de 1978 en Argel, en vísperas de la cumbre de la OUA a la que este iba a asistir para hablar del "problema colonial canario" y llevarlo a la ONU. Las diligencias judiciales sobre dicho atentado consideraron probado que el intento de asesinato fue organizado desde instancias del Ministerio del Interior español.


En el siglo XIX, elementos al servicio del Estado español atentaron contra la vida de muchos líderes independentistas cubanos. Uno de los principales blancos de ese terrorismo de Estado español fue sin dudas José Martí. En Tampa, el 16 de diciembre de 1892, intentaron asesinarlo mediante envenenamiento, por lo que tuvo que ser asistido urgentemente por el doctor Miguel Barbarrosa. Años antes, en Venezuela, un atentado parecido le costó la vida al valiente general tunero Vicente García. 

También intentaron atentar contra otros de los grandes líderes independentistas cubanos. En 1875, el Gobierno español liberó del presidio a un sujeto llamado José de las Mercedes Colás, con el propósito de asesinar a Antonio Maceo. Durante mucho tiempo fue común oír en círculos integristas que sus problemas en Cuba se solucionaban con dos balas homicidas: una para el Titán (antonio Maceo) y otra para Máximo Gómez. Posteriormente, el 9 de Noviembre de 1894, durante la estancia de Maceo en San Jose de Costa Rica, intentaron nuevamente acabar con su vida.

algunos héroes de la independencia cubana contra los que el aparato del Estado español atentó mediante crímenes de estado

El cónsul español en ese país había recibido instrucciones para la preparación de un atentado contra el héroe de Baraguá y junto con el encargado de Negocios de la embajada de la monarquía ibérica en Costa Rica, reclutaron, entre otros, a un comerciante santanderino de dudosa reputación llamado Isidro Incera, y a un mercenario llamado Lucio Chapestro que atentaron contra la vida de Maceo a la salida de un teatro.

El cónsul español se atrevió a ir al Palacio de Gobierno a protestar ante el mandatario costarricense "de que Maceo y sus secuaces habían asesinado a un español honrado, el acaudalado comerciante don Isidro Incera". El presidente Iglesias le replicó enseñándole "el revólver que humeante, con cuatro cápsulas descargadas, se le ocupó al cadáver de don Isidro". Tras las investigaciones judiciales, se declaró "persona non grata" al diplomático español.

En Costa Rica también intentaron intentaron comprar a uno de los cocineros del hotel donde se hospedaba Antonio Maceo para que le introdujera veneno en la comida. Hasta siete veces intentó el estado español acabar con la vida de Maceo mediante crímenes de estado mientras este estuvo en el exilio. Costa Rica, Jamaica, Honduras o Turk Islands fuerón algunos de los escenarios de esos intentos.



Con respecto al atentado contra su persona en Jamaica, Antonio Maceo le escribe al general español Camilo Garcia, Marques de Polavieja, expresándole de manera enérgica su repulsa y asco por los procedimientos criminales que el estado español intentaba para eliminarlo físicamente:

“No conforme su Gobierno con las propagandas que contra mí (…) confiado el plan al espurio Francisco Laguna, lo ha hecho abortar principalmente por cobardía. (…) Apocado como todo hombre inmoral, concibió la idea menos comprometida (...)  pero que le produzca algún dinero, ya que se le ha escapado de las manos la suma que por mi muerte le ofreció usted.” 
“ Usted a la vez deberá avergonzarse de su proceder, sí, como no puede por menos, recuerda el mío con usted, Martinez Campos y otros en el sitio de Baraguá y observar a su Gobierno que los pueblos no se conservan en paz por el asesinato de sus hijos de espíritu libre, sino en todo caso con ejemplos de moralidad y cumplimiento de las promesas hechas a los más ilusos, convertidas hoy en otros tantos difíciles problemas para su Gobierno, harto embarazado con su política interior y poco atento a la sociedad cubana.”

En fin, que nos dejamos muchísimas cosas en el tintero, los abusos caciquiles, la represión a la conspiración de la escalera, los generales salvapatrias, la toma de Oran y de Trípoli, la guerra de Filipinas, la de Sidi Ifni, la guerra civil, la represión franquista, el colonialismo en el Sahara, Guinea y Canarias, la transición, la venta de Florida, las barbaridades cometidas durante la independencia de Venezuela y otros países latinoamericanos y muchas otras...


Todos los países tienen sus trapos sucios, pero es que España no tiene otra cosa. España no tiene historia sino tan solo antecedentes penales y cualquiera que sea "hijo" de esa cultura o esté orgullosa de ella está enfermo.



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