Antonio Morongo en la memoria

Escribir sobre personajes como Antonio Cubillo o Antonio Morongo no es una tarea fácil. Siempre se puede usar el populismo y la hipocresía para quedar bien y exaltar al personaje en cuestión independientemente de cual haya sido la relación con ellos en vida, pero escribir de forma sincera, justa y honesta es mucho más difícil.


A la gente le gustan los mitos, pero todos los grandes espíritus tienen sus luces y sus sombras. Yo no se si es talento o maldición, pero tengo una facilidad innata para ver lo que los demás no quieren ver. Quizás venga de ahí mi talento para ofender. La verdad ofende y a nadie le gusta que le pongan el dedo en la llaga. Pero a veces ser conscientes de la llaga es el primer paso para sanar.

Escribir sobre el Morongo es algo que tenia pendiente. Antonio hablaba con el corazón, con simplicidad y profundidad al mismo tiempo, con esencia. A veces incluso rondaba la poesía como cuando, para referirse a los antiguos canarios, usaba  "nuestros antes".



Fue en Julio hace unos años. Recuerdo que se habia organizado un asadero de confraternización en los Granadillos, cerca de Osorio. Fui con Honorio Marichal y Dario Alvarez de Tenerife y dió la casualidad de que esa misma noche era la Romería del Agua en Teror. Morongo nos invitó a los tres a quedarnos esa noche en su casa.

Compartiendo su queso y su gofio hablamos de muchas cosas, algunas cercanas y otras más lejanas. Cosas como cuando lo detuvieron y encarcelaron en el aeropuerto de Barcelona acompañando el regreso de Cubillo porque, como guardaespaldas, portaba un arma de fuego sin licencia. Aguantó el castigo sin quejarse. No fue él quien sacó el tema, no era su estilo pavonearse de esas cosas, lo saqué yo porque conocía de esa historia por otras bocas. 



Me habló de su hija, a la que durante mucho tiempo no pudo decirle que era su padre. Hablamos de periodos turbulentos de su vida, de excesos con el alcohol ... "hay que tener cuidado con esas cosas porque destrozan el alma del hombre". Me habló de como una vez mató un baifo dentro de la Cueva Pintada porque se lo pidieron unos estudiosos de la Universidad. Me habló de como el Seprona persigue nuestras tradiciones y de como, en una ocasión, le corto el pescuezo a un baifo delante de un guardia civil. Este fue a arrestarlo porque no lo había llevado a un "matadero con papeles", pero Morongo sabia lo que hacia y lo había echo para provocarlos, para desafiarlos, para demostrarles que seguimos resistiendo. Señor guardia, le dijo mirándole fijamente a los ojos, no tengo dinero para comprar pienso, así que les voy a dar a mis perros este baifo y como no es para consumo humano no estoy obligado a llevarlo a ningún matadero. Amigo Ancor, hay que estudiar al enemigo, hay que conocer sus leyes,... me dijo como moraleja a la historia


Antonio Morongo tenia su verdad, una verdad nacida del corazón. Fue fiel a sus principios y, en muchas ocasiones, treméndamente crítico con sus correligionarios independentistas de izquierda. Era un idealista y la actitud de los "suyos" lo defraudó y decepcionó en más de una ocasión. También tenia diferencias conmigo por mi forma de ver las cosas.

Morongo se movía por las emociones y por el impulso de su instinto, por su esencia, y por eso nunca entendió que esas actitudes de los suyos que tanto le molestaban son una contradicción que la izquierda que nunca va a poder superar, porque esas actitudes están implícitas en su propia concepción del poder, ... y es ahí donde está el error.

No se trata de esperar que todo el mundo se comporte de forma honesta, que sea fiel a su esencia y que se rija única y exclusivamente por el amor o las buenas intenciones. No se trata de cambiar la naturaleza dual del ser humano, se trata de generar las condiciones objetivas para que, a pesar de la naturaleza dual del ser humano, la tiranía no sea posible. La lucha contra la tiranía, lo mismo que la lucha contra la corrupción, no es una cuestión únicamente de sentimientos o intencionalidades sino de estructuras, de condiciones objetivas, de pesos y contrapesos .... y el diseño de esas estructuras no está en el sentir sino en el pensar.

Somos seres más emocionales que racionales y la empatía y el amor a los demás es una fuerza poderosa pero insuficiente. El sentir nos hace ver solo lo que queremos ver, lo que nos agrada, al tiempo que tendemos a ignorar lo que no nos gusta. Por su parte el paternalismo nos hace pensar que podemos "regalarle al pueblo la libertad", pero esto es imposible. Como dijera Paolo Freire en su obra Pedagogia del Oprimido;  "nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión."

Este era el principal punto de desencuentro entre Morongo y yo. El admiraba al Chavismo y la revolución bolivariana por empatía hacia los ideales que representaba, yo despreciaba al Chavismo por la realidad que construía. Es muy atractivo pensar que el cambio hacia una mayor libertad puede venir de arriba hacia abajo mediante una "élite" que se hace con el control del aparato del estado para cambiar la "superestructura", tal y como rezan los postulados marxistas. No solo es atractivo sino muy cómodo. Nosotros no tendríamos que hacer nada, no nos costaría ningún esfuerzo y tampoco tendríamos que cambiar nosotros mismos. Pero pensar así es engañarnos a nosotros mismos y no entender lo que realmente significa la palabra libertad.

Las descolonizaciones africanas y latinoamericanas y otros episodios de la historia universal nos muestran una y otra vez que los cambios emanados de arriba hacia abajo son siempre cambios hacia una mayor tiranía, o, a lo sumo, cambiarlo todo para que nada cambie. 

No se trata de regalarle la libertad a nadie sino de construir las bases y las condiciones para que la libertad pueda emerger. Ese es el único camino en el mundo moderno. El único cambio posible y verdadero hacia una mayor libertad es de abajo hacia arriba,... y eso es incómodo porque exige que cambiemos nosotros mismos, que nos comprometamos, que asumamos nuestra responsabilidad, que cambiemos nuestra concepción del poder, que superemos nuestros miedos y barreras emocionales. Pero claro esto es I-N-C-O-M-O-D-O, es elegir conscientemente ir por el camino difícil y no por el fácil ... y esa elección, de nuevo, está en el pensar y no en el sentir.

Morongo era un "sabio de la tierra", conocía nuestras tradiciones ... hablaba de como destetar a los baifos, de como hacerles el freno, de como hacerles el teberite en la orejas ... "Ancor, suelo arar con bueyes una vez al año, más que nada para conservar la tradición y que no se pierda" ... "Esas rallas en la roca es una cuenta de los antiguos, yo he visto a los viejos hacerlas más de una vez" ... 

Morongo cuidaba de sus cabras de la misma forma que trataba de cuidar de su gente, con el corazón. Eran sus hermanas y le daban la vida, eran sus compañeros y era capaz de sacrificarse por ellos. Ahí estaba al mismo tiempo su mayor grandeza y su mayor error. 

Tenias razón Morongo, ... son "nuestros antes" pero ahora tenemos que sentar las bases para recuperar "nuestro mañana". Ya nos volveremos a encontrar ... ¡¡¡¡ Ahul !!!!



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