No hay godos y peninsulares, tan solo colonizadores

Es una falacia distinguir entre peninsulares y godos, porque en una colonia ambos son privilegiados ilegitimos que han aceptado serlo. Si no lo aceptasen se volverian a España. La unica diferencia es que el godo defiende abiertamente su posicion y el peninsular es mas hipócrita y la esconde.

Como dice el escritor nigeriano Chibua Achebe; "imaginemos que alguien viene a quitarme la tierra. No esperaremos que nos diga que lo está haciendo por codicia, o porque es más fuerte que yo, ya que tal confesión le marcaria como un sinvergüenza y un matón , .. así que contratará a un cuenta-cuentos con mucha imaginación". Como dice el escritor nigeriano Nugugt wa Thiong'o; "El imperialismo cultural es parte integral del completo sistema de explotación económica y opresión política de los pueblos colonizados ".

Juan Miguel San Juan, empresario extremeño dueño de Satocan y socio de Repsol en el intento de expolio del petroleo canario
España ha diseñado un fantastico instrumento de desposeción de la tierra en Canarias. Se llama Reserva para Inversiones, más conocido como RIC, a la que cualquier empresa que venga a Canarias puede acogerse y que tiene el perverso efecto de permitir que efectivamente te compren la tierra con los impuestos que nos deberian haber pagado y no pagan. Es decir les financiamos y les damos incentivos fiscales para que nos compren la tierra y les salga barata.

Además de la tierra que nos han ido robando paulatinamente durante las ultimas décadas, también van a por nuestro petróleo tal y como demuestra la reciente visita del presidente de Repsol, Antonio Brufau, a Canarias y la actitud del ministro "Pied Noir" Jose Manuel Sor, cuando los recursos naturales de un país pertenecen a sus habitantes, incluidas las generaciones futuras.

No hay godos y peninsulares sino solo colonos porque el ser un privilegiado ilegitimo y un usurpador en una colonia no depende de la actitud personal del colono español ya que por el mero hecho de serlo ya es un privilegiado ilegitimo. Realmente su única elección es aceptarlo y quedarse o no aceptarlo y marcharse. Por tanto todo colono español, godo o peninsular, que ha decidido quedarse es porque ha aceptado serlo. No lo digo yo, lo dice Albert Memmi en su obra Retrato del Colonizador.
Hoy en día, el partir hacia una colonia no es una opción buscada por sus peligros inciertos, ni es el deseo de alguien tentado por la aventura. Es simplemente un viaje hacia una vida más fácil. Basta con preguntar a los europeos viviendo en las colonias qué razones generales lo indujeron a expatriarse y que le hace persistir en su exilio. Puede mencionar la aventura, los pintorescos paisajes o el cambio de ambiente. ¿Entonces por qué lo suele buscar donde se habla su propio idioma, donde encuentra un numeroso grupo de compatriotas, una administración que le sirve, un ejército para protegerlo? 
La aventura hubiera sido menos predecible, pero ese tipo de cambio, aunque más definitivo y de mejor calidad, habría sido de dudosa ganancia. El cambio implicado en mudarse a una colonia, si se puede llamar un cambio, debe en primer lugar traer una ganancia sustancial. Espontáneamente, mejor que los estudiosos del lenguaje, nuestro viajero acudirá con la mejor definición posible de una colonia: Un lugar donde se gana más y se gasta menos. Uno va a una colonia porque están garantizados los empleos, los altos salarios, las carreras más rápidas y los negocios más rentables. El joven graduado se le ofrece un puesto, al funcionario un rango más alto, el hombre de negocios impuestos sustancialmente más bajos, al industrial materias primas y mano de obra a precios atractivos.
Sin embargo, supongamos que hay una persona ingenua que aterriza por casualidad, como si fuera a Toulouse o Colmar. ¿Tardará mucho en descubrir las ventajas de su nueva situación? El significado económico de una empresa colonial, incluso si se da cuenta después de la llegada, arremete por sí mismo no menos fuerte y rápidamente. Por supuesto, un europeo en las colonias también puede aficionarse a esta nueva tierra y deleitarse del colorido local. Pero si fuera repelido por el clima, incómodo en medio de sus multitudes extrañamente vestidos, añorando su país natal, el problema sería si acepta o no estas molestias y la incomodidad, a cambio de las ventajas de una colonia.
El colono que se queda es porque acepta quedarse y beneficiarse del sistema. Por supuesto pocos colonos van a decirlo así de claro primero porque es políticamente incorrecto y segundo porque permitiría al nativo darse cuenta de cosas, de la usurpación y desposeción que subyace en toda la estructura colonial y eso, claro, va contra sus intereses y privilegios. Pero de forma consciente o subconsciente esa es la mentalidad que subyace.
Después de haber encontrado beneficios, ya sea por elección o por casualidad, el colonizador, sin embargo aún no ha tomado conciencia de su papel histórico. Le falta un paso en la comprensión de su nueva condición, debe también comprender el origen y significado de este beneficio. En realidad, esto no se hace esperar. ¿Por cuánto tiempo podrá dejar de ver la miseria de los colonizados y la relación de esa miseria con su propia comodidad? Se da cuenta de que esta ganancia fácil es tan grande sólo porque es arrancada de los demás. En resumen, descubre dos cosas en una; descubre la existencia del colonizador a medida que descubre su propio privilegio.

Se encuentra en un lado de una balanza, al otro lado el hombre colonizado. Si sus niveles de vida son altos, es porque los de los colonizados son bajos, si puede beneficiarse de sirvientes y mano de obra abundante y poco exigente, es porque los colonizados se pueden explotar a voluntad y no están protegidos por las leyes de la colonia; Si puede obtener fácilmente posiciones administrativas, es porque están reservadas para él y los colonizados son excluidos de ellas, cuanto más libertad respira, más se ahogan los colonizados. Aunque no puede dejar de descubrir esto, no hay peligro de que los discursos oficiales puedan hacerle cambiar de opinión, pues esos discursos están elaborados por él o por su primo o por su amigo. Las leyes que establecen sus exorbitantes derechos y las obligaciones de los colonizados están concebidas por él. En cuanto a las órdenes que apenas escoden la discriminación, o la adjudicación de los concursos y en la contratación, conoce necesariamente los secretos de su aplicación, ya que él está a cargo de ellos. Si prefiere estar ciego y sordo a la operación de toda la maquinaria, le bastaría con obtener los beneficios, ya que es el beneficiario de toda la empresa.

Le es imposible no estar al tanto de la ilegitimidad constante de su status. Es, además, en cierto modo, una doble ilegitimidad. Un extranjero, habiendo venido a una tierra por los accidentes de la historia, ha tenido éxito no sólo en la creación de un lugar para sí mismo, sino también en robarle el del habitante, concediéndose a sí mismo asombrosos privilegios, en detrimento de los que legítimamente tienen derecho a ellos. Y esto no en virtud de las leyes locales, lo que en cierto modo legitimaria la desigualdad por la tradición, sino por alterar las normas establecidas y sustituirlas por las suyas. De este modo aparece doblemente injusto. Es un ser privilegiado y uno ilegítimamente privilegiado, es decir, un usurpador. Peor todavía, esto es así, no sólo a los ojos de los colonizados, sino también en los suyos propios. Si de vez en cuando objeta que los privilegiados existen también entre los burgueses colonizados, cuya riqueza es igual o superior a la suya, lo hace sin convicción. No quiero ser el único culpable puede ser tranquilizador, pero no puede absolver. Admite fácilmente que los privilegios de los nativos privilegiados son menos escandaloso que los suyos. Él sabe también que el más favorecido de los colonizados nunca será nada sino colonizados, en otras palabras, que ciertos derechos siempre estarán negados para ellos y que ciertas ventajas están reservadas estrictamente para él. En resumen, sabe, en sus propios ojos así como en los de su víctima, que es un usurpador. Debe ajustarse a ambas cosas, a ser considerado como tal y a esa situación.

Asier Antona, vasco y delfin del PP canario



Si realmente le preocupara la gente de esta tierra tratarían de acabar con el origen de la opresion, es decir acabar con la españolidad de canarias. A lo que aspiran realmente es a beneficiarse del sistema y seguir siendo la elite colonial. Un paternalista es aquel que quiere estirar más el racismo y la desigualdad, una vez admitidos. Es, si se quiere, un racismo benéfico que no es ni menos hábil ni menos rentable. El más generoso paternalista se revuelve tan pronto como el colonizado exige sus derechos sindicales, por ejemplo. Si aumenta su salario, si su esposa se ocupa de los colonizados, se trata de regalos y nunca de deberes. Si él reconociese deberes, tendría que admitir que el colonizado tiene derechos. Sin embargo se desprende de todo lo anterior que no tiene obligaciones y los colonizados no tienen derechos. Esa es la razon de que algunos incluso militen en la CoCa.

Antes de ver cómo estos tres descubrimientos; Lucro, privilegio y usurpación, estos tres desarrolladores de la conciencia del colonizador darán forma a su apariencia por los mecanismos que van a transformar al candidato colonial en un colonizador o en un colonialista, debemos responder a una frecuente objeción. A menudo se dice que una colonia no contiene solo colonizadores. ¿Se puede hablar de privilegios con respecto a los trabajadores del ferrocarril, los funcionarios menores o incluso los pequeños agricultores que probablemente vayan a vivir tan bien como sus homólogos en casa? 
Para ponernos de acuerdo sobre la terminología conveniente, distingamos entre un colono, un colonizador y un colonialista. Un colono es un europeo viviendo en una colonia pero sin privilegios, cuyas condiciones de vida no son más altos que los de una persona colonizada de la situación económica y social equivalente. Por temperamento o convicción ética, un colono es un europeo benevolente que no tiene la actitud de los colonizadores hacia el colonizado. ¡Muy bien! Digamos de inmediato, a pesar de la naturaleza aparentemente drástica de la declaración: Un colono así definido no existe, porque todos los europeos en las colonias son privilegiados.
Naturalmente, no todos los europeos en las colonias son potentados o poseen miles de hectáreas o manejan el gobierno. Muchos de ellos son víctimas de los amos de la colonización, explotados por estos amos, a fin de proteger intereses que no suelen coincidir con los suyos. Además, las relaciones sociales casi nunca se equilibran. En contra de todo lo que nos gusta pensar, el pequeño colono es en realidad, en la mayoría de los casos, un defensor de los colonialistas y un defensor obstinado de los privilegios coloniales. ¿Por qué?...
¿Solidaridad del compatriota con el compatriota? ¿Una reacción defensiva, una expresión de ansiedad de una minoría que vive en medio de una mayoría hostil? En parte. Sin embargo, durante el cenit del proceso colonial, protegido por la policía, el ejército y la fuerza aérea siempre dispuesta a intervenir, los europeos en las colonias no estaban lo suficientemente asustados como para explicar tal unanimidad. Es cierto que no todos pensaban igual. Es cierto que el pequeño colonizador tendría una lucha para llevar a cabo, una liberación que lograr, si no fuera tan seriamente engañado por su propia ingenuidad y cegado por la historia. Pero no creo que la credulidad puede descansar en una completa ilusión o puede gobernar por completo la conducta humana. Si el pequeño colono defiende el sistema colonial con tanto vigor, es porque se beneficia del susodicho hasta cierto punto. Su ingenuidad radica en el hecho de que, para proteger sus muy limitados intereses, protege otros infinitamente más importantes, de la cual es, por cierto, la víctima. Pero, a pesar de embaucado y víctima, también recibe su parte.
Sin embargo, el privilegio es algo relativo. En diferentes grados cada colonizador es un privilegiado, al menos comparativamente, en última instancia en detrimento de los colonizados. Si los privilegios de los amos de la colonización son sorprendentes, los privilegios menores del pequeño colonizador, incluso el más pequeño, son muy numerosos. Cada acto de su vida diaria lo coloca en una relación con los colonizados, y con cada acto se demuestra su ventaja fundamental. Si tiene problemas con la ley, la policía e incluso la justicia será más indulgente con él. Si necesita ayuda del gobierno, no le va a ser difícil, la burocracia se cortará, una ventana será reservado para él donde hay una línea más corta con lo que tendrá que esperar menos. ¿Necesita un trabajo? ¿Tiene que hacer un examen para ello?... Empleos y posiciones estarán reservados de antemano para él, los exámenes se hacen en su idioma, lo que dificultades descalificatorias para el colonizado. ¿Puede ser tan ciego o tan cegado que no puede ver que, dadas iguales circunstancias materiales, clase económica o capacidades, siempre recibe el tratamiento preferente? ¿Cómo podía dejar de mirar de vez en cuando para ver a todos los colonizados, a veces, ex compañeros o colegas, a los que ha superado tanto?
Por último, si necesita solicitar o tiene la necesidad de algo, sólo necesita mostrar su cara para ser prejuzgado favorablemente por los que cuentan en la colonia. Goza de la preferencia y el respeto de los propios colonizados, que le conceda más que a los mejores de su propio pueblo, que, por ejemplo, tiene más fe en su palabra que en la de su propia población. Desde el momento de su nacimiento, posee un título independiente de sus méritos personales o de su clase social. Es parte del grupo de colonizadores cuyos valores son soberanos. La colonia sigue la cadencia de sus fiestas tradicionales, incluso los días festivos religiosos y no los de sus habitantes. El día de descanso semanal es el de su país de origen, es la bandera de su nación la que vuela sobre los monumentos, su lengua materna la que permite la comunicación social. Incluso su vestido, su acento y sus modales son finalmente imitados por los colonizados. El colonizador participa de un mundo elevado del que recoge automáticamente los privilegios.
También es su posición concreta económica y psicológica dentro de la sociedad colonial en relación con los colonizados por un lado, y con los colonizadores por otra parte, la característica que cuenta para los otros grupos humanos que no son ni colonizadores ni colonizados. Entre ellos se encuentran los nacionales otros poderes (italianos, malteses de Túnez), candidatos a la asimilación (la mayoría de los judíos), los recientemente asimilados (corsos en Túnez, los españoles en Argelia). A éstos se pueden añadir los representantes de las autoridades reclutados entre los propios colonizados. 


La supuesta generosidad, la benevolencia del "peninsular" es falsa ya que lo único que persigue es estirar el sistema un poco más. La diferencia entre Godo y Peninsular es falsa, es el resultado de un cuenta-cuentos con mucha imaginación. Si realmente quisieran cambiar el sistema apoyarían la independencia de Canarias.

El colonial no existe porque no depende de los europeos en las colonias el permanecer siendo un colonial incluso si no pretendía serlo. Tanto si lo desea expresamente como si no, es recibido como un privilegiado por las instituciones, las costumbres y las personas. Desde el momento en que aterriza o se nace, se encuentra en una situación de hecho que es común a todos los europeos que viven en una colonia, una posición que le convierte en un colonizador. Pero en realidad no es en este nivel donde reside el problema ético fundamental del colonizador, el problema del enredo de su libertad y por tanto de su responsabilidad. Podía, por supuesto, no haber buscado una experiencia colonial, pero tan pronto como se inicia la aventura, no puede rechazar sus condiciones. Si nació en las colonias de padres que son colonizadores, o si, en el momento de su decisión, en realidad no era consciente del verdadero significado de la colonización, puede verse sujeto a esas condiciones, independientemente de cualquier elección previa.

Las cuestiones fundamentales son dirigidas a los colonizadores a otro nivel. Una vez que ha descubierto la importación de la colonización y es consciente de su propia posición (la del colonizado y su necesaria relación)… ¿Va a aceptarla? ¿Va a aceptar ser un hombre privilegiado y desdeñar la desgracia de los colonizados? ¿Va a ser un usurpador y reafirmar la opresión y la injusticia sobre los verdaderos habitantes de la colonia? ¿Va a aceptar ser un colonizador bajo el creciente hábito del privilegio y la ilegitimidad, bajo la mirada constante del usurpado? ¿Va a adaptarse a esta posición y su inevitable autocensura?...

La relacion colonial no depende del individuo ni de la actitud personal, simplemente existe. Por ello no existen colonos buenos ni colonos malos, tan solo colonizadores. Esos colonizadores pueden ser militantes (godos) o discretos (peninsulares) pero ambos son igualmente colonizadores, es decir gentes que han decidido aceptar la relacion colonial (en caso contrario se hubieran vuelto a España), gentes que en mayor o menor medida han decidido aprovechar los privilegios ilegitimos que les brinda la colonia. Unos luego son mas honestos consigo mismos y otros por el contrario lo esconden, lo camuflan y lo racionalizan, pero la esencia de ambos es la misma; aceptar ser un usurpador a costa de los demas. 

Aparato del Estado

Alguno dirán que no solo es el colono español quien se beneficia del sistema injusto, sino también canarios. Tienen razón, pero eso no anula los privilegios automaticos de los colonos por el mero hecho de serlo. Por otra parte esos nativos colaboracionistas o candidatos a la asimilación y que tambien han decidido aprovecharse de la situación no son ninguna excepción. Los oxbridges hindues durante la dominación britanica o los pied noirs-harkis en Argelia son ejemplo de esto. Es decir la existencia de una élite local alineada con los intereses de la metropolí es una de las caracteristicas de los sistemas coloniales.



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