Venezuela siglo XXI; las cifras del fracaso económico y social del cleptosocialismo

Venezuela ha reducido la pobreza en un 50% según informes de la ONU que los bolivarianos canarios alardean como prueba del éxito económico del régimen. Pero, ¿que tiene de cierto y de falso esa afirmación?

Muchos venezolanos, entre las clases bajas, lloran la muerte de Hugo Chavez y miran al futuro con ansiedad tras la pérdida de su “defensor”, la figura paternal que tras 14 años en el poder se ha rodeado de una aureola mística.


El carismático Hugo Chávez implementó lo que denominó “Socialismo del siglo XXI” en nombre de los pobres, que en la práctica consistía en la nacionalización de amplias partes de la economía, especialmente los sectores estratégicos como la industria petrolera, telecomunicaciones banca y sector eléctrico. 
Se apropió de más de 1.000 empresas, grandes fincas de cultivo y propiedades urbanas bajo el lema “expropiese”, argumentando que dichos actos en que los propietarios eran corruptos – lo cual dentro de un régimen absolutamente corrupto como el bolivariano es una autentica hipocresía pero una buena escusa para deshacerte de rivales políticos – o porque las expropiaciones beneficiarían a los pobres, o ambas cosas a la vez.

En el proceso se engarzó en una lucha de clases, demonizando a las clases altas y medias ,llamándoles despectivamente los “escuálidos”. "Patria, Socialismo o Muerte" era el lema de las fuerzas armadas.


Miremos los datos disponibles, y son datos escasos ya que Venezuela no envía sus datos a FMI como el resto de los países. La transparencia no es su fuerte, pero es que economía tampoco ha producido un paraíso socialista precisamente. Muchos datos son del año 2007, y no es descabellado pensar que del 2007 al 2013 la situación en Venezuela se ha deteriorado.

Chavez incrementó el gasto público no solo usando el enorme caudal de ingresos petroleros bajo unos precios históricamente muy elevados del crudo, sino también endeudando masivamente al país a través de la deuda externa, que pasó de 28.000 millones, durante su primer año en el poder, hasta los 90.000 millones actuales.

Parte de ese gasto, tomando prestado del futuro para financiar el consumo presente, ha ido a subvencionar comida, alojamiento, sanidad, educación y otros programas sociales que, sin lugar a dudas benefició a los pobres en un grado o en otro, pero que, al igual que el despilfarro de los ingresos petroleros, se hace a costa de las generaciones futuras.

Mucho se ha escrito sobre que la tasa de pobreza venezolana ha caído del 50,4% al 31,9%, pero no convendría olvidar que la de Chile cayó del 21,6% al 15,1%, la de Uruguay del 24,3% al 13,7%, la de Colombia del 49,7% al 34,1% y la de Perú del 58,7% al 27,8%. Ciertamente, la tasa de pobreza relativa es un mal medidor de la desigualdad económica, pero los indicadores de pobreza absoluta –porcentaje de la población que gana menos de dos dólares diarios– nos proporcionan unos resultados bastante similares (en este caso, los datos terminan en 2007): en Venezuela pasa del 20,4% al 12,9%, en Chile del 6,2% al 3,2%, en Colombia del 27,2% al 17,7%, en Perú del 26,3% al 18,2% y en Uruguay permanece en el entorno del 3%.

Si comparamos los presuntos “logros sociales” del "socialismo del siglo XXI" con los de otros países vecinos - que no contaron con unos ingresos anuales derivados de la exportación de petróleo equivalentes al 40% del PIB- vemos que la minoración de la pobreza en el periodo 1998-2012 es algo generalizado en la zona, fruto del crecimiento económico.

El enorme gasto público ha generado una inflación desbocada. Venezuela ha tenido el dudoso honor de desbancar a Zimbabwe como el país más inflacionista del mundo. La inflación ha promediado un 22% anual, con crecimientos del PIB que no llegan al 3%, lo cual indica un retroceso medio de la economía productiva real, de la que tanto les gusta hablar a los socialistas.


Su retorica anticapitalista y amplio intervencionismo económico condujo a la muerte de la inversión productiva. La formación bruta de capital se redujo en un 6% del PIB, desde el 24% en 1999 hasta el 18% en el 2011. Es cierto que acabaron con la acumulación capitalista del país, de hecho como economía se han "desacumulado" ellos mismos.

La fuga de capital se ha ido ampliando a medida que el paraíso bolivariano se volvía más y más una cloaca intervencionista, incluyendo controles de capital y tipo de cambio fijo, que si eres uno de los privilegiados que tienes acceso a las divisas las podrás comprar en el Banco Central cuatro veces más baratas que en el mercado negro, embolsarte la diferencia y comprarte un Mercedes de paquete con quinientos dólares tras cuatro "pases" en el mercado negro.


La contrapartida es que muchas fábricas tienen que operar a media capacidad porque los controles de divisas les hacen muy complicado pagar por piezas de recambio o materiales. Muchas empresas están al borde de la bancarrota porque no pueden conseguir líneas de crédito con proveedores internacionales.

La capitalización de la Bolsa de Valores ha pasado de un 7,6% en 1999 a un minúsculo 1,6% actualmente. Es decir las empresas en donde el público puede participar de forma libre invirtiendo sus ahorros cada vez pesan menos, y las empresas que son totalmente privadas cada vez pesan más.

En lugar de buscar políticas que estimularan la inversión, la respuesta del gobierno a la reducción de la capacidad productiva y a la inflación desbocada ha sido la de poner controles de precios. ¿El resultado? pues el mismo que en Zimbabwe, escasez de alimentos y otros productos básicos, cortes en el suministro eléctrico y menos puestos de trabajo.

La participación de los trabajadores durante la era Chavez se ha reducido en un 6% del PIB, pasando del 52% al 46%. Es decir, no solo la economía real (crecimiento nominal menos inflación) no ha crecido sino que se ha contraído. En otras palabras, además de ser más pequeña la tarta el porcentaje que se llevan los trabajadores también se ha reducido.

En países menos “bendecidos” con recursos naturales, Chavez se hubiera visto forzado a otro tipo de políticas, pero el botín petrolero le permitió este tipo de políticas contraproducentes y el uso ineficiente de los recursos, aunque no sin coste para la industria petrolera.

La producción petrolera se ha reducido de 3,2 millones de barriles al día, a tan solo 2,5 millones, de acuerdo con la mayoría de las estimaciones de la industria. La producción de crudo de PDVSA ha caído casi un 20 por ciento en los últimos cinco años. Su deuda pasó de 4 mil millones de dólares en 1998 hasta los 70 mil millones de dólares en 2012, con un precio del barril de crudo que saltó de 8 a 105 dólares en ese mismo lapso. Evidentemente todo un ejemplo de "gestión".

Los accidentes en las refinerías se han incrementado por la falta de inversión y mantenimiento, en el que el último año en el complejo Amuay ha sido el más letal que la industria ha visto jamás. Gracias a estos accidentes, Venezuela se ve en la imperiosa necesidad de importar más de ciento diez mil barriles de gasolina cada día, para completar el consumo nacional. Crudo por producto refinado en la más pura tradición colonialista.



Pero los precios del crudo se han incrementado por 10 durante los mandatos de Chávez, permitiéndole endeudarse y gastar de forma agresiva. El régimen intervencionista y la bonanza petrolera ha logrado que una parte importante del reducido producto de la extracción del petróleo sirva para regalarlo a precio muy reducido a los "países amigos" como pago por su apoyo político en los organismos internacionales. Otra parte se ha hipotecado a los chinos para saldar cuentas que nadie conoce y una fracción, que apenas se acerca a un millón de barriles de petróleo, se vende a EEUU a un precio internacional y lo más importante, cancelado oportunamente.

La bonanza petrolera ha hecho que la economía creciera, un triste 3% anual desde 1999 cuando la inflación es del 22% anual. Venezuela es ahora mucho más dependiente de la renta petrolera que cuando antes de Chavez. El petróleo es el 95% de todas las exportaciones comparado con el 80% en 1999 y representa dos tercios de los ingresos fiscales, el doble que hace 14 años.

Según el economista José Guerra, docente universitario y ex gerente de estudios económicos del Banco Central de Venezuela del gran número de empresas que expropió el Gobierno, “sólo tres no están en quiebra: Petróleos de Venezuela, Cantv y el Banco de Venezuela. El resto está fuera de actividad por la mala gerencia y por la corrupción. El desempleo es fuerte porque el aparato productivo nacional fue liquidado. Los que antes trabajaban en una fábrica ahora venden CD piratas en la calle. Y los grupos económicos emergentes de la boliburguesía no han generado puestos de trabajo”.

Si bien es cierto que el PIB por habitante se ha más que duplicado en términos nominales gracias a la superinflación masiva del 22% anual, pasando de unos 4.132USD en 1999 a unos 11.131USD el año pasado, esto no nos debe llevar a engaño. Lo que cuenta es el poder adquisitivo. El legado de estos catorce años de aplicación del socialismo del s. XXI se ha saldado con un exiguo crecimiento de la renta media real del 0,8% anual, unas cuatro veces menos que países no bolivarianos como Chile, Colombia, Perú o Uruguay.

En 1998, cuando Hugo Chávez llegó al poder, la renta per cápita venezolana era de 1.809 bolívares; en 2012, cerró en 2.024 bolívares equivalentes (eliminando el efecto de la inflación). Así pues, la era Chávez, ese paradigma del socialismo del s. XXI, se ha saldado con un crecimiento de la renta real por ciudadano del 0,8% anual. Durante ese mismo período, otras economías menos glamurosamente bolivarianas han crecido entre tres y cuatro veces más: Chile lo ha hecho al 2,8%, Colombia al 2,2%, Perú al 3,6% y Uruguay al 2,3%.

Si efectuamos la comparativa en dólares internacionales, Venezuela tenía en 1998 una renta per cápita similar a la chilena y a la uruguaya, al tiempo que casi duplicaba la peruana y la colombiana; hoy, la renta chilena es un 50% superior a la venezolana y la uruguaya la supera en un 20%, mientras que la peruana y la colombiana sólo se hallan ya un 20% por debajo.

El crecimiento de Venezuela, a diferencia de los otros cuatro países, se ha producido a lomos del pelotazo petrolero. Gran parte del crecimiento del PIB Venezolano se registró en los años 2003 y 2004 con la enorme subida de los precios del crudo que pasaron del entorno de los 20 dólares al entorno de los 40 dólares. Aunque después el precio del crudo ha subido hasta los 120 dólares ese incremento no se ha traducido en crecimientos de la economía.
Estos precios del crudo, que se multiplicaron por más de diez desde 1998, hicieron que los ingresos netos del país por exportación de crudo se dispararon durante los gobiernos de Chávez hasta cotas jamás vistas. En 2006, por ejemplo, las rentas petroleras equivalían al 40% del PIB, lo que hubiese permitido repartir un cheque de 4.500 dólares internacionales a cada venezolano. Un notable empujoncito del que no han disfrutado ni Chile, ni Perú, ni Uruguay, ni tan siquiera Colombia, que cuenta con unos ingresos netos por crudo inferiores al 8% del PIB.

A pesar de este enorme incremento de la renta petrolera, la moneda ha sido devaluada siete veces en 14 años, es decir una devaluación cada dos años, pasando de 1,6 bolívares por dólar a 6.3 bolívares por dólar. La última devaluación oficial del 32% ha hecho que el salario mínimo de los venezolanos esté entre los más bajos del continente sudamericano. Pero eso son las cifras oficiales con las que se manipula a la población. La realidad es mucho más cruda.
 

En Marzo el gobierno venezolano no anunció los resultados de la subasta interna "oficial" de divisas porque claramente estaríamos frente de una nueva devaluación encubierta. Según diversas fuentes, el tipo de cambio arrojado en la puja rondó los 14 bolívares por dólar, lo que supone una devaluación de alrededor el 120%. En realidad, la tasa de cambio en el mercado negro es de casi cinco veces la tasa oficial, es decir en torno a los 30 bolívares por dolar lo que representa una devaluación del 500%.

Esto quiere decir que los datos para Venezuela son aún peor que los publicados en este artículo. Teniendo en cuenta que la deuda externa se ha multiplicado por tres, el hundimiento del valor del bolívar, desde 1,6 bolívares por dólar hasta los 6.3 del cambio oficial o los 30 bolívares por dólar del mercado negro nos recuerda a la espiral tóxica que llevó a la crisis tequila en los años 80 y que condujo a una década perdida. Pero esto es tan solo una gota en el océano de despilfarro y el asalto a los petrodólares por parte de la nueva élite extractiva del partido.

Boliburguesia cleptosocialista chandalera en plena Robolución

¿Milagro bolivariano del socialismo siglo XXI? pues va a ser que no. En realidad el Socialismo del siglo XXI es una enorme burbuja especulativa sobre el precio del crudo en el que se ha robado y dilapidado el futuro a manos llenas mediante un uso absolutamente ineficiente y clientelar de los recursos para mantener el poder político, al estilo de tantas cleptocracias del tercer mundo.

Socialismo del siglo XXI, creo que es simplemente otra forma de llamar a las cleptocracias bananeras, posiblemente bolivoburguesa cleptosocialista chandalera sea un término mucho cercano a la realidad.

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