lunes, 3 de diciembre de 2012

La envidia isleña





Nuestro gran escritor Victor Ramirez suele decir que este pueblo isleño es un pueblo de envidiosos y que el castrado no odia al castrador sino a quien no se deja castrar. Por otra parte Franz Fanon dice que el último refugio de la autoestima del colonizado es no ser menos que el otro colonizado.

"Mientras que el colono o el policía pueden, diariamente, golpear al colonizado, insultarlo, ponerlo de rodillas, se verá al colonizado sacar su cuchillo a la menor mirada hostil o agresiva de otro colonizado. Porque el último recurso del colonizado es defender su personalidad frente a su igual. (...)el hermano, al levantar el cuchillo contra su hermano, cree destruir de una vez por todas la imagen detestada de su envilecimiento común."

Yo personalmente creo que tanto Victor como Fanon se acercan mucho pero no aciertan del todo. La clave última está en otro sitio. No es envidia, es miedo. 

En el norte de Marruecos está la región del RIF. Una región tribal, durante mucho tiempo en constante lucha de clanes rivales y sin poder constituir un estado centralizado.  AbdelkrimEl Jatabi fue el líder rifeño que se levantó contra los españoles a principios del siglo XX y consiguió expulsarlos prácticamente del RIF. Abdelkrim consiguió lo que no había conseguido nadie, unir a las tribus del RIF y con ello derrotó a los españoles en Anwal (Annual). 

Pero fue una corta victoria. A pesar de tener un proyecto país y formalizar un gobierno, un parlamento y un cuerpo diplomático para tratar de asegurar la supervivencia de la naciente República del RIF mediante la construcción de un estado centralizado y moderno, no lo consiguió. Finalmente sucumbió ante los ejércitos francés y español.

Batalla de Anwal

Años después Adbelkrim diría que sus peores enemigos no fueron las balas de los españoles sino la oposición de los jefes religiosos de las cabilas. Estos se opusieron al cambio porque la creación de un estado moderno les movia la silla. Se opusieron al cambio por las mismas razones que llevan a las élites de otros países a oponerse a la innovación y a bloquear el desarrollo, para no convertirse en perdedores políticos.

El resultado fue una oportunidad perdida y décadas de ocupación española del protectorado de Marruecos, la sangría que para las poblaciones imazighen del RIF supuso la guerra civil española y el atraso secular bajo el reinado de Hassan II de Marruecos. Todo porque los jefes religiosos de las cabilas se opusieron al cambio para tratar de aferrarse al poder de forma desesperada.

En Canarias, la vieja guardia y la elites lumpen también se oponen al cambio. Sus razones, al contrario de lo que pudiera parecer, no difieren mucho de las razones egoístas por la que las élites coloniales bloquean la innovación y el cambio. En ambos casos, en el fondo de dicha oposición está una concepción autocrática y extractiva del poder. Ese es su pecado. 

Se oponen a que otros avancen o tomen poder por miedo a que actúen de la misma forma (autocrática) con la que actuarían ellos. Se oponen porque no quieren ser los perdedores políticos y el precio lo pagamos todos los demás. 



A mas autócrata el individuo mayor la oposición a otros. No es envidia, es miedo. Es lo que en psicología se denomina hacer una proyección[1], es decir, el acto de atribuir a otras personas nuestros propios sentimientos, impulsos, actitudes o pensamientos. 

Ese miedo al otro es fruto de una concepción autocrática y extractiva del poder que el sistema  opresivo trata de inculcarte continuamente hasta convertirlo en un factor antropológico. Esa es la verdadera herencia colonial en Sudamérica y Africa.  Esa es la verdadera herencia colonial en Sudamérica y África, y lo que explica el fracaso de muchas independencias. 

Un sistema opresivo trata de convencerte de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza. De que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. Para ello ha de convencerte de que el poder emana de unos pocos y de que tu destino es dependiente de la buena fe, de las decisiones o del apoyo del gobierno. El poder,  así concebido, se percibe como inmutable, emanado de arriba hacia abajo y difícil de destruir.

Cuando Bravo de Laguna fomenta el miedo al otro y la división con el insularismo pepero en Gran Canaria, o cuando pide a Madrid “la misma sensibilidad que tuvieron los Reyes Católicos con Canarias” no está chocheando, está siguiendo directrices e implementando un guión que le dictan desde Madrid.



El Estado español es el arquitecto de un sistema opresivo, pero el canario, con su comportamiento, lo perpetúa porque ha sido incapaz de articular una respuesta adecuada ante el caciquismo y el colonialismo, que en el fondo no son más que las dos caras de una misma moneda. 

Para poder dar una respuesta adecuada a la opresión primero hemos de cambiar nuestra concepción del poder y para ello hemos de superar los miedos a confiar en los demás. Si queremos cambiar Canarias primero tenemos que cambiar nuestros comportamientos y conquistar nuestros miedos porque para que el poder emane de abajo a arriba en lugar de ejercerse de arriba abajo, lo primero es aprender a confiar en tu vecino empoderándolo, y en el proceso empoderándote a ti también.




[1] La proyección es un mecanismo de defensa que opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto.
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