Atrapados en sus propias contradicciones


No es que me oponga  a la ley de residencia, al contrario, es que se que el único objetivo de esa medida es tratar de preservar, al menos durante algún tiempo más, los chiringuitos extractivos, los privilegios y los mercados cautivos con los que la elite política y caciquil en Canarias, y fuera de ella, se llena los bolsillos extrayendo rentas a costa del resto de la sociedad.

Lo que se pretende es un balón de oxigeno para el mantenimiento del status quo, o una baza negociadora con Madrid. Lo mismo que el intento patético de crear una organización independentista de marioneta para tratar de “asustar” a Madrid a fin de conseguir más concesiones para la élite. Todo ello, en un intento desesperado de proteger y asegurar la continuidad de las prácticas corruptas y extractivas, que es lo único que preocupa y ha preocupado, tanto a Paulino Rivero Baute como a sus adversarios políticos dentro y fuera de Coalición Canaria.

La primera vez que se presenta en el Parlamento Autonómico una propuesta reguladora de la residencia fue por "Siete Estrellas Verdes" en 1988, pero sin aval de firmas. En 1991 se presentó conjuntamente otra por Frepic y CNC y con los avales de más de las 15.000 firmas necesarias, estableciendo la condición de canario y la de residente en Canarias; fue rechazada por el Consejo Consultivo por inconstitucionalidad. En abril de 1996 Pedro Medina, diputado de la Gomera presentaba al Parlamento otra proposición no de ley, cosechando el absoluto rechazo del PP, PSOE y Coalición Canaria. Una nueva propuesta se presentó en 2001 por una "Plataforma Ciudadana por una Ley de Residencia" que aglutinaba, entre otros, a Intersindical Canaria, propuesta avalada por más de 20.000 firmas, que siguió el camino de las propuestas anteriores.
Si realmente quisieran resolver los problemas de Canarias hubieran actuado  de forma distinta desde hace mucho tiempo. Pero resolver los problemas de Canarias significa desmontar los privilegios y las políticas extractivas de renta que ahogan nuestro crecimiento y generan paro y miseria. Desmontar tales chiringuitos, por supuesto, ni se plantea. Lo único que buscan caciques y apparatchiks es su propia supervivencia.

Están atrapados en sus propias contradicciones y en un callejón sin salida. NO DEBEMOS COLABORAR CON ELLOS, DEBEMOS NEGARLES TODO APOYO PORQUE SOLO ASI PODREMOS CAMBIAR hacia una sociedad más justa e inclusiva. De lo contrario seremos cómplices en el mantenimiento del status quo.


 
El gradualismo y el colaboracionismo solo consigue dar balones de oxigeno a la élite y al mantenimiento del status quo. Si bien, en determinadas coyunturas, un gradualismo que vaya consiguiendo logros parciales es preferible a un rupturismo estéril, esto es tan solo una consideración táctica y no estratégica. Debemos recordar que cuando existe una élite que controla férreamente el poder y se opone al cambio bloqueándolo - porque teme ser el perdedor político y económico del proceso - el cambio solo se producirá llevando la situación al límite, a un punto de ruptura.

Cuando en un país no se implementan las medidas necesarias para el crecimiento y el desarrollo, no es error ni ignorancia, es que,  o bien se están tratando de aferrar al poder a toda costa, o bien están enriqueciendo a un grupo de personas, incluidos ellos mismos, a costa de las oportunidades del resto de la sociedad.
Si nos están liquidando como pueblo tenemos dos opciones, o quedarnos sentados sin hacer nada esperando a un milagro a un “Mesías de la Recuperación”, o tomar la responsabilidad de nuestro destino en las manos, ponernos el mono de trabajo y cambiar nuestras actitudes y comportamientos.

Cuando un pueblo quiere autoliberarse tiene que emprender cuatro acciones, Primero fortalecer los grupos sociales e instituciones independientes que existan en la sociedad, se deber fortalecer la autoestima de los individuos así como su voluntad de lucha y su capacidad de resistencia. Se debe crear y organizar un movimiento de resistencia interna y finalmente ha de definirse una estrategia y ejecutarla con destreza. 

Ninguna de estas acciones se está realizando en Canarias, porque para ello hay que dejar a un lado comportamientos autocráticos,  aprender a cooperar y a fiarse de los demás para poder colaborar con ellos, así como aprender a actuar de forma responsable y con disciplina para que los demás puedan confiar en nosotros y no defraudarlos. Esto no es culpa ni de CC ni de la metrópoli, es culpa nuestra y ser conscientes de ello es el primer paso para cambiarlo.
 



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