La Palma, la isla del miedo


Dos horas en un aeropuerto fantasma. Nunca he estado en un aeropuerto tan silencioso. Hileras de mostradores vacíos, locales vacíos y tiendas vacías. Un aeropuerto más. Casi tan grande como el de Fuerteventura. Impersonal como tantos. ¿Y para que quieren los palmeros un aeropuerto vacío?

Retumbando sobre el piso se escuchan perfectamente los pasos de una azafata de Binter. Al fondo de la sala, la televisión del bar con el que el empleado llena las horas transmite los resultados de las elecciones vascas. Se alegra de que le pida un café para romper con la rutina. Por fin algo de acción con lo que llenar las horas vacías. 

Mostradores de facturación vacíos excepto el de Binter


Según me cuentan, las elecciones que verdaderamente preocupaban a los palmeros no eran las del País Vasco sino las de Venezuela. Miles de palmeros estaban esperando a ver si Chávez perdía el poder para emigrar a Venezuela. Quizás Antonio Castro Cordobéz construyera el aeropuerto para facilitarles la salida de la isla.

Pero en realidad no se los construyó Antonio Castro sino que fue una multinacional española que, como todas las obras públicas de las islas, subcontrata la obra a locales a precios de miseria repartiendo las migajas. En realidad Antonio Castro le “consiguió” a los palmeros un aeropuerto vacío y a la empresa española un suculento contrato con el que llenarse los bolsillos. 

Aspecto general del aeropuerto, un desierto de cemento y metal


El aeropuerto es una más de las contradicciones de la sociedad palmera. Un aeropuerto vacío para una isla con la esperanza vacía. ¿Acaso les soluciona el futuro a los palmeros?

Hablando con el recepcionista del hotel me comenta que la isla es de izquierdas. Se definen de izquierda pero mantienen en el poder, desde hace décadas, a quien posiblemente sea el cacique más reaccionario de toda Canarias. Y sin el posiblemente también. Otra más de las contradicciones.

La isla es una prisión del miedo que los palmeros se han construido ellos mismos. Pero no son conscientes de ello. Los agricultores entregaron sus vidas y su destino a unos burócratas en Madrid y Bruselas. Cambiaron su libertad por seguridad y por tanto ahora no merecen ni la una ni la otra.

Detrás de la elegante fachada de la sociedad y el innegable atractivo natural de la isla, La Palma es una prisión del miedo. Miedo a perder las subvenciones, miedo a perder presupuesto, miedo a hablar, miedo a que don Antonio se entere, miedo a expresarse, miedo a perder las migajas. No me extraña todo régimen fascista se basa en el control, el temor, la culpa y el miedo.

Me estoy quedando sin batería en el portátil y busco un enchufe. Encuentro uno en una de las modernas zonas wifi. No tiene corriente. Pruebo otro y tampoco. No deben darle mucho uso a estas zonas. Sigo escribiendo este artículo en el móvil. No pasa nada. 

Paulino Rivero "inagurando" la nueva terminal del aeropuerto de La Palma

La ley electoral canaria alimenta a estos caciques insulares. Es precisamente su poder a nivel regional lo que les permite perpetuarse en sus respectivas islas. Las mantienen controladas y cautivas, bloqueando al mismo tiempo el desarrollo de Canarias en su conjunto.

Y todo para conseguir un aeropuerto vacío mucho más incómodo que el anterior. Todo para conseguir las migajas de unas obras publicas que enriquecen a las multinacionales españolas que luego las subcontratan enteras a precios de hambre y saltándose a la torera la ley de contratos del sector público que, en general, no permite subcontratar mas del 50% de una obra.

Una ley que se hizo precisamente para evitar la arbitrariedad de las subcontratas pero que en Canarias no se cumple. El sistema es perfecto para adjudicar trabajos a dedo como castigo y recompensa a la “lealtad” al régimen en la colonia. Las multinacionales españolas se comen la crema y dejan el pan duro con el que recompensar lealtades.

“Si cambiásemos la ley electoral estaríamos bajo los sanedrines de las islas mayores”, me comentó un palmero. No necesariamente, y aun suponiendo que eso fuera cierto, al menos uno de los dos mejoraría y el otro no empeoraría. Porque si la defensa de la isla y la estrategia de futuro es esperar que Chávez pierda las elecciones en Venezuela para emigrar es que algo está terriblemente mal.

Miedo y control, en una clásica estrategia de divide y gobierna. Los palmeros no ve a grancanarios y tinerfeños como quienes les pueden ayudar a acabar con el caciquismo sino como una manada de personas deseosas de “aprovecharse” de la Palma. No importa que más del 80% de los canarios vivan en esas islas ni que más del 80% de la riqueza se genere ahí.

EL % del PIB por islas y el % de la población


Lo que no entienden los palmeros es que ellos solitos se han creado su propia prisión con sus comportamientos y forma de pensar y que solo ellos pueden librarse del monstruo que han creado. Las consecuencias de no querer cambiar modelos de negocio y depender de las administraciones públicas crean una prisión que ejemplifica el caso de Islas Airways.

La negativa al cambio ha convertido a la isla en ultra-dependiente. Cuando se es dependiente se tiende a percibir el desarrollo como dependiente de la buena voluntad del gobernante y a pensar que el poder fluye de arriba a abajo en lugar de emanar de abajo a arriba.

Pero el gobernante no es el “conseguidor” sino quien, con su inmovilismo, ha frenando la innovación y el desarrollo para proteger los equilibrios existentes y los chiringuitos extractivos. La consecuencia es que en lugar de empoderar a los ciudadanos los ha hecho dependientes. Les ha construido una prisión. Todo esto ha generado una sociedad devastada, física, emocional, mental, espiritual y económicamente.

El fondo del problema es una concepción jerárquica y extractiva del poder. Creen que el poder viene de arriba hacia abajo. Cuando descubran que el poder emana de abajo hacia arriba y no al revés, empezaran a romper los barrotes de su prisión mental y verán un nuevo amanecer de su isla sobre el Atlántico. Tan solo tienen que aprender a decir que no.

Jorge Dorta
Director de Mencey Capital
jorge.dorta@mencey.ch
 



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