Una fuerza más poderosa

En la noche de un viernes de diciembre de 1981, Lech Walesa y otros líderes de Solidaridad fueron arrestados después de una reunión en Gdansk. Durante dieciséis meses, su movimiento pro-sindicato libre estuvo sacudiendo los cimientos del control del Partido Comunista sobre Polonia por medio de ocupaciones de fábricas y huelgas. Ahora se había impuesto la ley marcial y Solidaridad estaba mirando por el cañón del fusil de la derrota. Cuando era llevado, Walesa desafió a sus captores. "En este mismo instante, Uds. han perdido," les advirtió. "Nosotros estamos arrestados, pero Uds. han empezado a cavar vuestra propia tumba… Regresarán a nosotros de rodillas".


Si el poder fuera solo violencia y si no hubiera respuesta a la represión, las palabras de Walesa serían insensatas. Pero él sabía que Solidaridad ya había definido el curso del conflicto, privando al régimen del apoyo del pueblo polaco. Una vez que el estado agotara todos los medios para someterlos, tendría que llegar a algún acuerdo. Siete años después, el general Wojciech Jaruzelski, el líder que había encarcelado a Walesa, invitó a éste y a otros líderes de Solidaridad a una mesa redonda de negociaciones que condujeron a la creación de un nuevo gobierno. En 1990 Walesa, un simple electricista de un astillero apenas 10 años antes, se convirtió en presidente de Polonia. Nunca había disparado un tiro, como tampoco lo había hecho nadie de Solidaridad. Pero juntos habían levantado el velo de un poder totalitario y le habían dado la libertad a todos los polacos.

En 1960, James Lawson, el ministro metodista que creó un movimiento entre los estudiantes universitarios
en Nashville, comprendió que dondequiera que los afroamericanos habían actuado contra la segregación en el sur de los EE.UU., habían provocado violentas, a veces mortales, represalias de los vigilantes blancos, quiénes trabajaban frecuentemente hombro a hombro con la policía. Lawson se aseguró que sus estudiantes estuvieran preparados. En 1959 comenzó a impartir talleres a estudiantes voluntarios. Además de enseñarles las ideas de Gandhi, les proporcionó entrenamiento práctico sobre cómo protegerse de la violencia sin perder la tranquilidad y contener los impulsos de responder a la violencia con la violencia.



Los estudiantes que participaron en la ocupación de las barras de los restaurantes, que se llevó a cabo a comienzos del año 1960, estaban organizados por pequeño pero disciplinado grupo de activistas. James Lawson, organizador del boicot a los comedores raciales en Nashville tenia las cosas claras. "No podemos hacer una manifestación con 25 personas que hacen lo que les da la gana. Deben tener una disciplina en común. Esa es la palabra clave. Para mi la dificultad con las personas y los esfuerzos no violentos radica en que no reconocen la necesidad de una fuerte disciplina y un entrenamiento feroz. Así como la importancia del diseño de estrategias, planificación, reclutamiento y de todo lo que hay que hacer para organizar un movimiento. Todo eso no puede surgir espontáneamente debe hacerse sistemáticamente."

Primera Parte  aqui



 Segunda Parte aqui




El documental también incluye un episodio sobre Chile y como los comunistas y aquellos que predicaban métodos violentos lo único que consiguieron fue fortalecer al dictador. Algunos autodenominados “revolucionarios” que, a pesar de su retórica, no confían en la población oprimida.  Esos “revolucionarios” creen que el sistema de dominación solo puede ser derribado si su propio grupo de “guardianes” se hace con el control del aparato del Estado para reconstruir la sociedad, independientemente de los deseos de la población supuestamente liberada. Ese es el error.

Esa actitud nace de la misma concepción extractiva del poder de aquellos contra los que critican.  

 


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