jueves, 22 de septiembre de 2011

La “ilira”

Los inuits son pueblos esquimales en el ártico canadiense. La lengua inuit tiene varias palabras para definir miedo, muchas están basadas en la raíz kappia. Por ejemplo kappiasuk es miedo al peligro, mientras que kappiana es algo o alguien que está siendo aterrorizado. Otra palabra para denominar miedo es irksi, que se aplica a una fuente de terror, por ejemplo el oso polar, el mayor depredador del ártico, es irksina, es decir, aterrador.



Anaviapik, un viejo inuit, habla de la gente blanca que viene del sur y que muestra comportamientos abusivos. Por ejemplo el policía que hacía que los hombres trabajaran más horas de la cuenta o que se aprovechaba de encuentros sexuales con mujeres que lo consentían, pero que en realidad no lo encontraban nada atractivo. Al preguntársele de por qué los inuit hacían o consentían esas cosas, contestaba que los inuit sentían “ilira”.

¿"ilira"?, ¿”ilira” es tener miedo como kappia? No, no es esa clase de temor- contestó Anaviapik. Uno tiene “ilira” ante los fantasmas, los padres dominantes y crueles, gentes que son fuertes pero irracionales, blancos del sur, etc..

¿Qué tenían en común todos esos ejemplos de Anaviapik? Pues son cosas que tienen poder sobre ti y que no pueden ser controladas o predichas. Cosas o personas a las que eres vulnerable, o mejor dicho, que te hacen sentir vulnerable.

Los blancos tenían el poder y no había equidad. El poder de los amos coloniales era como el de los fantasmas, puede aparecer en cualquier parte, aparentemente innegociable y amenazante si es contrariado.


Cuando los blancos del sur le dijeron a los inuit que hicieran cosas que estaban totalmente en contra de sus propios intereses o tradiciones, los inuit sintieron que tenían que decir “si”, que tenían que aceptarlas”. Sentían demasiada “ilira” para decir no.

Sentían un peligro, o mejor dicho, una posibilidad de peligro ya que creían que dependían del blanco y esa dependencia los hacía sentir vulnerables. Los blancos tenían cosas que los inuit necesitaban como armas, municiones, tabaco, té, levadura, ropas. Los inuit estaban en posición de dependencia. Además, los blancos perdían su temperamento y el autocontrol rápidamente y sin razón aparente. Esas circunstancias inspiraban “ilira” en los inuit, y todavía la inspira.

La palabra “ilira” está en el corazón de las relaciones coloniales, y explica el por qué los inuit, como muchos otros pueblos, dicen “si” cuando en realidad quieren decir “no”, o dicen si pero en realidad no tienen ninguna intención de hacerlo (es un mecanismo de defensa que solo busca evitar el conflicto).  

La “ilira” es una palabra que nos habla del sutil y penetrante resultado de las relaciones de dependencia y la inequidad. De abusos y de sentimiento de inferioridad, en otras palabras, de opresión. A través de la inequidad que revela la propia palabra, la “ilira” le da forma a todo un abanico de comportamientos interpersonales, creando malentendidos, desconfianzas y mala fe. Es el miedo y la dependencia que el colonialismo instaura y evoca lo que distorsiona los significados de las cosas, las relaciones, la vida social y la política.



Se sabe desde hace mucho tiempo que cuanto más rico es un pueblo más independiente y más exigente se vuelve, mas va a protestar y más va a defender sus derechos. Por ello el colonialismo instaura y fomenta relaciones de dependencia para que el pueblo sometido no se desarrolle, se sienta vulnerable e inferior y las relaciones se basen en la “ilira”.

Jorge Dorta, economista, financiero, director de Mencey Capital y autor del blog menceymacro.com

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