miércoles, 3 de noviembre de 2010

La santería y el síndrome del colonizado (conversación con un taxista cubano)

Hoy me sucedió una cosa curiosa, uno de esos dias en la que una broma para romper el hielo se torna en una conversacion transcendente.

Subí a un taxi y vi que el taxista llevaba un amuleto colgado del espejo, era una especia de caña y un cuerno. Le pregunte al taxista de broma si le estaba haciendo brujería a los pasajeros, a lo que me contesto que era un amuleto de la santería cubana. El taxista era cubano pero llevaba ya muchos años en Canarias. 


Según el taxista aquí en Canarias la gente cree en la brujería y en la santería mucho mas que en Cuba, pero me explico que aquí no se hacen bien los rituales y que los canarios son presa fácil de estafadores y farsantes. Le pregunte al taxista si estaba seguro de lo que decia, lo de que "en Canarias se cree más en brujerías que en Cuba" a lo que me contesto “mire en Canarias se cree más en esas cosas, aquí viene uno le dice que tiene que hacer un ritual a Changó y Yemanja y que suelte 4.000 Euros y el canario saca el dinero de bajo las piedras o pide un préstamo pero aparece con los 4.000 Euros. Tu le dices eso a un cubano y te manda a la mielda”

Al oír al taxista no pude evitar acordarme de Franz Fanon y su libro “Los condenados de la tierra” que trata sobre los procesos de colonización y descolonización. Libro que sigue siendo estudiado como libro de referencia por el pentágono (por ejemplo con respecto a la guerra de Irak o Afganistán). Franz Fanon, psiquiatra de profesión, describe como el mundo mágico y el mito sirve para evadirse, negar la realidad y liberar ansiedad en los pueblos colonizados al ser un inhibidor de la agresividad.

Mientras tanto, la vida continúa y es de los mitos terroríficos, tan prolíficos en las sociedades subdesarrolladas, de donde el colonizado va a extraer las inhibiciones de su agresividad: genios maléficos que intervienen cada vez que alguien se mueve de lado, hombres leopardos, hombres serpientes, canes con seis patas, zombis, toda una gama inagotable de formas animales o de gigantes crea en torno del colonizado un mundo de prohibiciones, de barreras, de inhibiciones, mucho más terrible que el mundo colonialista. Esta superestructura mágica que impregna a la sociedad autóctona cumple (...) funciones precisas.”
“La atmósfera de mito y de magia, al provocar miedo, actúa como una realidad indudable.(…) Los zombis son más aterrorizantes, créamelo, que los colonos. Y el problema no está ya entonces, en ponerse en regla con el mundo bardado de hierro del colonialismo, sino en pensarlo tres veces antes de orinar, escupir o salir de noche.
Las fuerzas sobrenaturales, mágicas, son fuerzas sorprendentemente yoicas. Las fuerzas del colono quedan infinitamente empequeñecidas, resultan ajenas. Ya no hay que luchar realmente contra ellas puesto que lo que cuenta es la temible adversidad de las estructuras míticas. Todo se resuelve como se ve, en un permanente enfrentamiento en el plano fantasmagórico.
De cualquier manera, en la lucha de liberación, ese pueblo antes lanzado en círculos irreales, presa de un terror indecible, pero feliz de perderse en una tormenta onírica, se disloca, se reorganiza y engendra, con sangre y lágrimas, confrontaciones reales e inmediatas. Dar de comer a los mudjahidines, apostar centinelas, ayudar a las familias creyentes de lo más necesario, reemplazar al marido muerto o prisionero: ésas son las tareas concretas que debe emprender el pueblo en la lucha por la liberación.” 
En el mundo colonial, la efectividad del colonizado se mantiene a flor de piel como una llaga viva que no puede ser cauterizada. Y la psique se retracta, se oblitera, se descarga en demostraciones musculares que han hecho decir a hombres muy sabios que el colonizado es un histérico. (…) En otro ángulo, veremos cómo la afectividad del colonizado se agota en danzas más o menos tendientes al éxtasis. Por eso un estudio del mundo colonial debe tratar de comprender, forzosamente, el fenómeno de la danza y el trance. El relajamiento del colonizado es, precisamente, esa orgía muscular en el curso de la cual la agresividad más aguda, la violencia más inmediata se canalizan, se transforman, se escamotean. El círculo de la danza es un círculo permisible. Protege y autoriza. (...), se lanzan a una pantomima aparentemente desordenada, pero en realidad muy sistematizada en la que, por múltiples vías, negaciones con la cabeza, curvatura de la columna vertebral, inclinación hacia atrás de todo el cuerpo, se descifra abiertamente el esfuerzo grandioso de una colectividad para exorcizarse, liberarse, expresarse. Todo está permitido... en el ámbito de la danza. (...). Todo está permitido porque, en realidad, no se reúnen sino para dejar que surja volcánicamente la libido acumulada, la agresividad reprimida. Muertes simbólicas, cabalgatas figuradas, múltiples asesinatos imaginarios todo eso tiene que salir. Los malos humores se derraman, tumultuosos como torrentes de lava.
Un paso más y caemos en pleno trance. En verdad, son sesiones de posesión-desposesión las que se organizan: vampirismo, posesión por los djinns, por los zombis, por Legba, el dios ilustre del Vudú. Estas trituraciones de la personalidad, esos desdoblamientos, esas disoluciones cumplen una función económica primordial en la estabilidad del mundo colonizado. A la ida, los hombres y las mujeres estaban impacientes, excitados, "nerviosos". Al regreso, vuelven a la aldea la calma, la paz, la inmovilidad.
En el curso de la lucha de liberación, se asistirá a un despego singular por esas prácticas. Frente a paredón, con el cuchillo en la garganta o, para ser más precisos, con los electrodos en las partes genitales, el colonizado va a verse obligado a dejar de narrarse historias.
Después de azos de irrealismo, después de haberse revolcado entre los fantasmas más increíbles, el colonizado, empuñando la ametralladora, se enfrenta por fin a las únicas fuerzas que negaban su ser: las del colonialismo. Y el joven colonizado que crece en una atmósfera de hierro y fuego puede burlarse —y no se abstiene de hacerlo— de los antepasados zombis, de los caballos de dos cabezas, de los muertos que resucitan, de los djinns que se aprovechan de un bostezo para penetrar en nuestro cuerpo. El colonizado descubre lo real y lo transforma en el movimiento de su praxis, en el ejercicio de la violencia, en su proyecto de liberación.”

Después de explicarle al taxista que esa tendencia al mundo mágico es parte de un cuadro psicológico propio de situaciones coloniales denominado "síndrome del colonizado" el taxista cubano va y me dice: “Mire ustedes tienen petróleo en estas islas, tienen turismo, tienen un puerto enorme y tienen a Africa al lado, lo que tienen que hacer es mandar a los españoles a comer pinga. Pero aquí no hay huevos, dicen una cosa y hacen otra y todo el mundo quiere mamar de la teta. Además están peleados los unos con los otros. Hacen con ustedes lo mismo que hicieron con nosotros en Cuba, darle a los cuatro asociados a los españoles de chupar de la teta y al pueblo que se joda

Para muchos canarios el síndrome del colonizado no existe y su sola mención causa un rechazo enorme, para ellos son “casualidades” o "exageraciones" que les despierta a una realidad incomoda, es mucho mas cómodo el autoengaño y la pasividad (que están bien estudiados en las realidades coloniales como mecanismo de supervivencia) . Pero es curioso como un taxista cubano sin prácticamente estudios es capaz de ver tan claramente la situación y hacer un diagnostico tan certero del síndrome del colonizado en la población canaria. 

La capacidad de auto-engaño, es decir la actitud de decir una cosa y hacer otra, es otro de los cuadros psicológicos de los pueblos colonizados como dice el Dr. Garrett O'Connor al describir los síntomas del colonialismo en Irlanda

Por otro lado las luchas fratricidas también están descritas por Fanon.
Al nivel de los individuos, asistimos a una verdadera negación del buen sentido. Mientras que el colono o el policía pueden, diariamente, golpear al colonizado, insultarlo, ponerlo de rodillas, se verá al colonizado sacar su cuchillo a la menor mirada hostil o agresiva de otro colonizado. Porque el último recurso del colonizado es defender su personalidad frente a su igual
Las luchas tribales no hacen sino perpetuar los viejos rencores arraigados en la memoria. Al lanzarse con todas sus fuerzas a su venganza, el colonizado trata de convencerse de que el colonialismo no existe, que todo sigue como antes, que la historia continua. Observamos con plena claridad, en el nivel de las colectividades, esas famosas formas de conducta de prevención, como si anegarse en la sangre fraterna permitiera no ver el obstáculo, diferir hasta más tarde la opción, sin embargo, inevitable, la que desemboca en la lucha armada contra el colonialismo. Autodestrucción colectiva muy concreta en las luchas tribales, tal es, pues, uno de los caminos por donde se libera la tensión muscular del colonizado.”
En resumen, la tensión muscular de la que habla Fanon es la frustración y la ansiedad manifestada fisicamente, o dicho de otro modo, la gente se refugia en la magia porque no tiene huevos de enfrentarse a su realidad para cambiarla....